El CEO de YPF sostuvo que la recuperación petrolera venezolana demandaría años y no cambia la competitividad del shale argentino. Proyectó que, hacia 2030, la Argentina podría exportar hasta 750.000 barriles diarios de crudo y acelerar el GNL con el respaldo de nueva infraestructura.
El presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, aseguró que una eventual reactivación del sector petrolero de Venezuela “no representa hoy una amenaza” para el desarrollo de Vaca Muerta y que el no convencional argentino ya opera como una plataforma productiva con escala y curva de aprendizaje consolidada. Sus definiciones se dieron en el marco de una entrevista en el ciclo/stream “Sello Argento” (El Cronista), donde fue consultado por el impacto del nuevo escenario regional en el mercado del crudo.
Marín planteó que el principal efecto inmediato, si lo hubiera, sería de “expectativa” sobre el precio del barril, pero insistió en que reconstruir la industria venezolana llevaría tiempo por el deterioro de su infraestructura. “Hay que reconstruirlo. Está muy dejado y lleva su tiempo”, afirmó, aludiendo a su experiencia laboral previa en ese país.
En su comparación técnica, el titular de YPF remarcó diferencias estructurales entre ambas calidades de crudo. Señaló que la Faja del Orinoco produce petróleo extremadamente pesado (mencionó el orden de los 10° API), con mayores complejidades y costos operativos, mientras que el shale oil neuquino compite mejor en mercados internacionales por su perfil más liviano.
En esa línea, distintos análisis sectoriales reforzaron la idea de que se trata de “dos petróleos distintos”: el venezolano, extra pesado (8 a 14° API) y con requerimientos de refinación específicos, frente a un crudo liviano y “dulce” en Vaca Muerta (39 a 42° API) que puede colocarse en un abanico mayor de refinerías.
Más allá del contexto internacional, Marín vinculó el crecimiento del shale argentino con un eje que para Río Negro es central: la ampliación de la infraestructura de evacuación para transformar producción en exportaciones. En sus proyecciones, hacia el final de la década la Argentina podría acercarse a exportaciones de 750.000 barriles diarios de petróleo, con ingresos del orden de US$ 20.000 millones anuales, apalancados por nuevas obras de transporte y terminales orientadas a mercados externos.
Dentro de ese paquete de obras, el CEO de YPF mencionó el avance del proyecto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) como parte del cambio de paradigma: pasar de una red pensada principalmente para abastecimiento interno a infraestructura diseñada para exportación.
El segundo pilar del “salto exportador” que describió Marín es el gas natural licuado. Según lo informado en distintas coberturas de sus declaraciones, YPF impulsa un esquema con unidades flotantes que apunta a iniciar exportaciones en 2027, comenzando con un proyecto de 6 millones de toneladas por año (equivalentes a unos 25 millones de m³ diarios), y contempla fases posteriores de mayor escala.
En paralelo, Marín también hizo referencia a negociaciones para sumar capacidad en etapas siguientes, incluyendo conversaciones con ENI para ampliar el volumen total del plan de GNL en el tiempo.
Por último, el CEO de YPF aportó una señal sobre el marco de precios con el que la compañía está trabajando: indicó que para el presupuesto 2026 utilizaron un promedio en torno a US$ 63 por barril, bajo el supuesto de un año que podría presentar valores relativamente bajos.





