En Nueva York, el jefe de Gabinete defendió el rumbo económico del Gobierno, prometió profundizar reformas, baja de impuestos y competencia fiscal entre provincias, y buscó mostrar a la Argentina como un país abierto al capital privado. Antes del cierre, se reunió con Alberto Weretilneck, en otra señal del peso que tuvo la agenda rionegrina dentro de la Argentina Week.
En el cierre del Argentina Week 2026 en Nueva York, Manuel Adorni buscó dejar un mensaje nítido ante empresarios e inversores: el Gobierno quiere mostrar a la Argentina como un territorio de oportunidades, decidido a profundizar su agenda de reformas y a consolidar un modelo económico basado en reglas de mercado, federalismo competitivo y apertura a la inversión privada.
Antes de esa exposición final, Adorni mantuvo una reunión con el gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, en el marco de la agenda paralela de la Argentina Week. En ese encuentro conversaron sobre el interés de inversores extranjeros en proyectos vinculados al desarrollo productivo y energético de la provincia, en una señal de la centralidad que viene ganando la agenda patagónica dentro de la estrategia oficial para mostrar oportunidades de inversión ante el capital internacional.
A lo largo de su discurso, el jefe de Gabinete hizo una defensa política e ideológica del rumbo oficial y sostuvo que la Argentina atraviesa una etapa de reconstrucción que abre negocios en múltiples sectores. En ese repaso mencionó especialmente a la minería, la energía, la industria del conocimiento, los bancos, el mercado de capitales, la tecnología y la agroindustria, al tiempo que definió al país como “tierra fértil” para cualquier inversión.
Uno de los ejes más importantes de su intervención fue la idea de que el país está entrando en una nueva fase de transformación estructural. Adorni planteó que durante los próximos años esos sectores atravesarán una “revolución tras revolución” hasta alcanzar estándares globales, y presentó al Argentina Week como una muestra de lo que, según el Gobierno, será una Argentina más integrada al mundo y con provincias que recuperan protagonismo económico.
En ese marco, el funcionario insistió con una de las definiciones más fuertes del discurso: la apuesta oficial por un “federalismo real” apoyado en reglas claras, uniformes y en un esquema de competencia fiscal entre jurisdicciones. Según expresó, la administración nacional busca que las provincias asuman una responsabilidad directa sobre las inversiones que logren atraer o que pierdan dentro de sus territorios. Esa mirada supone un corrimiento del Estado nacional como ordenador central del desarrollo y un mayor peso de las administraciones provinciales en la disputa por capital, actividad y empleo.
Adorni también vinculó ese esquema con una expectativa de reordenamiento productivo. Afirmó que la disponibilidad de energía barata, impulsada por el crecimiento de la producción, favorecerá la radicación de industria pesada en distintos puntos del país según la demanda de cada sector. A contramano de las críticas que suelen advertir sobre una posible primarización de la economía, sostuvo que la inversión en actividades de alta productividad no derivará en desindustrialización, sino en una integración vertical de cadenas de valor adaptadas a las necesidades del hemisferio.
Ese planteo fue acompañado por otra promesa central del discurso: la continuidad de la agenda reformista. El jefe de Gabinete aseguró que el Gobierno seguirá avanzando en cambios regulatorios y que, a medida que crezca la economía, habrá más margen para profundizar la baja de impuestos y volver todavía más atractiva la inversión. En la lógica oficial, la combinación entre desregulación, alivio fiscal y competencia entre provincias debería generar un círculo virtuoso de expansión económica y territorial.
En el tramo más ambicioso de su exposición, Adorni proyectó una expansión económica, productiva y demográfica “sin precedente” hacia zonas hoy poco pobladas del país. Para darle dimensión a esa expectativa, comparó el proceso con la expansión de Estados Unidos hacia el oeste hace más de un siglo, y habló de una “nueva fiebre del oro” en la Argentina. La comparación buscó transmitir la idea de una etapa fundacional, con territorios que podrían reactivarse a partir de inversiones, infraestructura y desarrollo sectorial.
Pero el discurso no se limitó a los argumentos económicos. También tuvo un componente ideológico explícito. Adorni pidió al empresariado que no se esconda y que acompañe lo que definió como una “batalla cultural” en defensa del capitalismo de libre empresa. Sostuvo que el empresario genera un beneficio social a través de la inversión en condiciones normales de competencia y remarcó que el sector privado debe involucrarse más activamente en esa discusión pública.
Sobre el final, el funcionario volvió a insistir en que las reformas ya están en marcha y que el evento en Nueva York no debe leerse como una meta alcanzada, sino como el punto de partida de una nueva etapa. En ese cierre, además, denunció intentos de empañar el Argentina Week con “mentiras”, “fake news” e “imágenes trucadas por inteligencia artificial”, y aseguró que el Gobierno seguirá concentrado en consolidar su proyecto de país.
La intervención dejó, en definitiva, una síntesis bastante precisa del mensaje que el Gobierno buscó transmitir durante toda la semana en Nueva York: una Argentina que intenta reposicionarse frente al capital internacional, con energía, minería, agroindustria, servicios y tecnología como motores de una nueva etapa, y con una narrativa oficial que combina desregulación, baja de impuestos, protagonismo provincial y una defensa abierta del libre mercado como modelo de desarrollo.





