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Cascales: Argentina tiene una ventana histórica para transformarse en un jugador global de la energía

Nicolás Muñoz

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abril 6, 2026
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El presidente de la Cámara de Empresas Argentinas de Gas Licuado sostuvo que el país puede dar un salto de escala en petróleo y gas si logra acelerar obras clave, sostener la confianza y convertir su potencial en exportaciones concretas. En el nuevo escenario internacional, la oportunidad ya no aparece como una promesa lejana, sino como un proceso en marcha.

La crisis geopolítica internacional volvió a poner a la energía en el centro de la escena global y, en ese tablero, Argentina empieza a ser observada como algo más que un país con recursos. Para Pedro Cascales, presidente de la Cámara de Empresas Argentinas de Gas Licuado, el país tiene condiciones para convertirse en una potencia energética, pero el salto dependerá de una variable decisiva: transformar rápido el potencial en capacidad real de exportación.

En una entrevista concedida a La Opinión Austral, Cascales planteó que el contexto actual abre una oportunidad inédita para que Argentina se consolide como proveedor energético confiable. Su mirada parte de un dato central: en una perspectiva conservadora, el país podría alcanzar este año un saldo exportable energético de US$ 11.000 millones y, en un plazo de cuatro a cinco años, escalar a US$ 30.000 millones.

La clave, según su diagnóstico, ya no pasa solo por la existencia de Vaca Muerta ni por la magnitud de los recursos, sino por la velocidad con la que puedan resolverse los cuellos de botella de infraestructura. Cascales remarcó que la inversión ya empezó a desplegarse y que las obras necesarias para ampliar la salida del petróleo y del gas no son una hipótesis, sino una realidad en ejecución.

Ese punto resulta central para entender el momento actual. El directivo señaló que Vaca Muerta, una de las grandes cartas energéticas del país, todavía está en una fase inicial de desarrollo, con un enorme margen para expandir producción y exportaciones. En esa lógica, el desafío no es descubrir el recurso, sino construir la logística y la infraestructura para sacarlo a tiempo y venderlo al mundo antes de que cambien las condiciones del mercado.

Hoy esa aceleración empieza a tomar forma en proyectos concretos. En Río Negro, el desarrollo del esquema de GNL en el Golfo San Matías ya sumó un segundo buque de licuefacción y proyecta una capacidad de 6 millones de toneladas anuales, mientras que el sistema Vaca Muerta Oil Sur avanza con una terminal de aguas profundas en Punta Colorada, un oleoducto de más de 400 kilómetros y una capacidad inicial estimada en 180.000 barriles diarios hacia fines de 2026, con expansión prevista para 2027.

La lectura de fondo es clara: si esos proyectos mantienen ritmo, Argentina puede dejar de ser un actor marginal para empezar a jugar en serio en el mercado internacional. Cascales sostuvo que el país ya comenzó a ser visto como una alternativa estratégica en un mundo tensionado por conflictos y por rutas logísticas sensibles. De hecho, remarcó una ventaja geopolítica poco menor: Argentina puede abastecer mercados sin depender de pasos críticos como el Canal de Suez, el Estrecho de Ormuz o el Canal de Panamá.

Pero el potencial, por sí solo, no alcanza. El propio empresario advirtió que para sostener ese proceso será necesario evitar ruidos políticos, económicos o sociales que alteren la confianza de los inversores. En otras palabras, la ventana está abierta, pero no permanecerá indefinidamente igual: para capturarla, el país necesita previsibilidad, continuidad en las obras y reglas de juego capaces de sostener proyectos de largo plazo.

En ese marco, el RIGI aparece como una de las herramientas que buscan darle certidumbre al ciclo inversor, con foco en estabilidad, competitividad y promoción de exportaciones en sectores estratégicos como energía, hidrocarburos e infraestructura.

La señal que deja la entrevista de Cascales va en esa dirección: el mundo demanda energía, Argentina tiene recurso, y la Patagonia —con Río Negro como nodo cada vez más visible— aparece en el centro de una transformación que puede cambiar la escala productiva del país. La oportunidad no depende ya de una discusión teórica. Depende, sobre todo, de llegar a tiempo con los ductos, los puertos, el GNL, el almacenaje y la capacidad exportadora para convertir el potencial en divisas concretas.

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