Autoridades chilenas recorrieron Vaca Muerta y plantearon una agenda de integración energética con Argentina. El eje está puesto en aprovechar puertos, logística y terminales de GNL de la Región del Biobío para proyectar petróleo y gas neuquino hacia los mercados del Pacífico.
Chile volvió a poner sobre la mesa una idea que puede modificar el mapa logístico de la energía regional: utilizar su infraestructura portuaria y energética como plataforma para que la producción de Vaca Muerta llegue a los mercados de Asia y la cuenca del Pacífico.
La propuesta fue formalizada en el marco de una visita oficial a Neuquén realizada a mediados de esta semana, con participación de autoridades nacionales chilenas, representantes del gobierno neuquino, funcionarios argentinos y directivos de YPF. El movimiento no implica todavía una obra definida ni un acuerdo cerrado de exportación, pero sí marca una señal política y técnica concreta: Chile quiere ocupar un rol estratégico en la salida internacional de los hidrocarburos argentinos.
Según informó el Ministerio de Energía de Chile, la ministra Ximena Rincón y el canciller Francisco Pérez Mackenna visitaron Vaca Muerta, recorrieron oficinas de YPF y participaron de una mesa de trabajo técnico entre ambos países. En ese contexto, el gobierno chileno planteó que el desarrollo no convencional argentino puede convertirse en “un motor de integración para el Cono Sur” y sostuvo que Chile está preparado para ser un socio confiable en esa estrategia.
El punto central de la propuesta es la complementariedad. Argentina cuenta con Vaca Muerta, una de las principales reservas de gas no convencional del mundo y uno de los polos de petróleo no convencional más relevantes a escala global. Chile, por su parte, dispone de infraestructura portuaria, terminales de gas natural licuado, experiencia regulatoria, capacidad logística y acceso directo al Océano Pacífico. Esa combinación permitiría estudiar una alternativa exportadora hacia Asia, especialmente para el gas, aunque la agenda también incluye hidrocarburos líquidos y logística energética en sentido amplio.
La Cancillería chilena fue explícita al describir el objetivo: Argentina podría acceder, a través de Chile, a un mercado estable y a una plataforma logística adecuada para proyectar sus recursos hacia el exterior. Pérez Mackenna remarcó que la integración debe apoyarse en reglas claras, infraestructura eficiente, armonización regulatoria e inversión privada, con el fin de construir un esquema energético más competitivo y menos expuesto a la volatilidad internacional.
La ministra Rincón también puso el foco en el gas. Durante la visita, sostuvo que este tipo de acciones permitiría estudiar la factibilidad de evacuar gas de Vaca Muerta al mercado internacional a través de Chile, mediante terminales de licuefacción en la Región del Biobío. Ese dato es clave: la propuesta chilena no debe leerse únicamente como una oferta portuaria, sino como una agenda energética integral que combina ductos, puertos, plantas, contratos, regulación y acceso al Pacífico.
La visita también tuvo un componente provincial fuerte. El gobernador de Neuquén, Rolando Figueroa, participó de las actividades junto al gobernador regional del Biobío, Sergio Giacaman García. En ese marco se avanzó en la conformación de la Mesa Neuquén–Biobío de Cooperación e Integración Energética, un espacio permanente destinado a promover proyectos de transporte de hidrocarburos, oportunidades de complementación en gas natural y energía eléctrica, intercambio comercial y experiencias vinculadas a la transición energética.
De acuerdo con información oficial del gobierno neuquino, las autoridades pusieron en valor la capacidad hidrocarburífera de Neuquén y la infraestructura logística del Biobío, cuyos puertos ofrecen una salida directa al Pacífico para exportaciones argentinas. También se destacó el Paso Internacional Pichachén como un nodo clave para la conectividad bioceánica, con obras viales proyectadas a ambos lados de la cordillera para mejorar la circulación de bienes, servicios y cargas.
Este aspecto logístico no es menor. La agenda energética entre Neuquén y Biobío no se limita a la producción de petróleo y gas. También incluye rutas, pasos fronterizos, aduanas, corredores bioceánicos, conectividad comercial y desarrollo productivo. En otras palabras, la infraestructura energética necesita infraestructura territorial: caminos, puertos, controles integrados y previsibilidad operativa.
El antecedente inmediato es la reactivación del vínculo energético entre Neuquén y Chile. En diciembre de 2025, la Empresa Nacional del Petróleo de Chile firmó contratos de suministro de crudo con operadoras de Vaca Muerta hasta junio de 2033. Ese esquema se apoya en el Oleoducto Trasandino, que conecta Neuquén con la Región del Biobío y volvió a operar después de años de inactividad. Aquel acuerdo ya había abierto una puerta concreta para que el petróleo neuquino tuviera llegada al sistema chileno y, eventualmente, al Pacífico.
La última novedad es que la discusión sube de escala. Ya no se habla solamente de abastecimiento regional, sino de una posible plataforma exportadora hacia mercados internacionales. Para Chile, la integración con Vaca Muerta puede mejorar su seguridad energética y diversificar fuentes de abastecimiento. Para Argentina, representa una posible vía complementaria de salida exportadora, especialmente hacia Asia.
La palabra clave es complementaria. En el caso argentino, la gran apuesta exportadora en marcha también mira al Atlántico, con proyectos de infraestructura que tienen a nuestra provincia como protagonista. El oleoducto Vaca Muerta Oil Sur conectará la producción de la cuenca neuquina con la costa rionegrina para exportar crudo por Punta Colorada. En paralelo, los proyectos de GNL asociados a la costa rionegrina apuntan a transformar gas de Vaca Muerta en gas natural licuado para su venta al mundo.
En ese contexto, la iniciativa chilena no reemplaza el desarrollo atlántico, sino que suma una nueva dimensión al debate: Vaca Muerta puede necesitar más de una salida para capturar mercados, mejorar competitividad logística y diversificar destinos. Río Negro aparece como eje estratégico hacia el Atlántico, mientras que Chile busca consolidarse como puerta hacia el Pacífico.
Para la región patagónica, el dato de fondo es que la energía dejó de discutirse solamente en términos de producción. El verdadero desafío está en cómo transportar, procesar, licuar, embarcar y vender esa producción al mundo. Vaca Muerta tiene recursos, pero necesita infraestructura. Y esa infraestructura puede definir qué provincias, regiones y países capturan mayor valor en la nueva etapa exportadora.
Por ahora, lo anunciado por Chile debe interpretarse como una propuesta política y técnica en desarrollo. Hay mesas de trabajo, declaraciones conjuntas, interés institucional y una lectura estratégica compartida. Pero todavía faltan definiciones sobre inversiones, trazas, contratos, capacidades, regulación, permisos ambientales, financiamiento y plazos.
Aun así, el mensaje es claro: Chile quiere ser parte del futuro exportador de Vaca Muerta. Y Argentina, mientras avanza con sus proyectos sobre el Atlántico, empieza a mirar con más atención una salida energética hacia el Pacífico.





