Bahía Blanca cerró 2025 con exportaciones de 238.151 toneladas de crudo de Vaca Muerta, un volumen que confirma su lugar dentro del esquema exportador del petróleo neuquino, aunque en un rol complementario frente a Puerto Rosales, que volvió a concentrar la mayor parte de la salida al exterior. La clave hacia adelante es que el sistema bahiense llega a 2026 con obras estratégicas a punto de finalizar, diseñadas para mejorar la capacidad de evacuación, la continuidad operativa y la integración logística con el transporte desde la cuenca.
El número de 2025 muestra una corrección respecto del pico registrado en 2024, cuando los despachos habían alcanzado 323.983 toneladas, luego de un salto marcado desde las 26.442 toneladas de 2023. La serie de los últimos tres años describe un crecimiento fuerte, pero todavía en una escala menor si se la compara con el nodo petrolero de Puerto Rosales, ubicado a unos 20 kilómetros de distancia y con infraestructura pensada específicamente para manejar grandes volúmenes.
Argenports subraya un punto técnico que ayuda a entender por qué 2024 fue un “año excepcional”: ese crecimiento se dio sin que estuviera operativa la nueva infraestructura de evacuación. La operatoria se apoyó en capacidades ya existentes, en mayor disponibilidad de crudo exportable y en oportunidades puntuales de mercado, más que en un cambio estructural del sistema logístico. Con ese marco, 2025 queda como una etapa intermedia: por debajo del récord de 2024, pero consolidando el canal exportador en Bahía Blanca.
Dentro del complejo, además, hubo un movimiento que suma flexibilidad: Puerto Galván volvió al circuito petrolero, con protagonismo de la Posta de Inflamables N° 3, aportando alternativas operativas para canalizar parte del crudo al exterior. Esto, combinado con el cierre de obras en marcha, alimenta la expectativa de que la performance de 2025 sea leída como un año de transición hacia un esquema con más previsibilidad y capacidad a partir de 2026.
Lo que viene, si se cumple el impacto esperado de las inversiones, es un cambio de “modo”: las obras de infraestructura de transporte y facilidades portuarias que están próximas a finalizar en el sistema Bahía Blanca están llamadas a habilitar mayores volúmenes de despacho, mayor continuidad operativa y una integración más fluida con el entramado que baja el petróleo desde Vaca Muerta. En el lenguaje de la logística energética, eso significa pasar de aprovechar ventanas de mercado con lo disponible a sostener una salida más estructural.





