En un análisis de Eolo Media, el presidente de Comodoro Conocimiento sostuvo que Chubut y Santa Cruz deben redefinir su estrategia para el crudo pesado: mirar compradores reales, recuperar reservas y conectar el recurso con empleo e industria.
En los últimos dos años, la Cuenca del Golfo San Jorge atravesó una transformación profunda: caída de producción, retiro de compañías, llegada de nuevos actores, migración de trabajadores y despidos, un escenario que reabrió la discusión sobre cómo reactivar la actividad convencional.
En ese marco, Rubén Zárate, presidente de la Agencia Comodoro Conocimiento, afirmó en diálogo con Eolo Media que el nuevo escenario internacional debería empujar a Chubut y Santa Cruz a revisar su política hidrocarburífera. “La verdad que deberían estudiar un poco más”, señaló, al referirse a cómo se toman decisiones sobre el petróleo de la cuenca.
El eje del planteo es el petróleo Escalante, un crudo pesado de alrededor de 20° API. “Es el tipo de petróleo que utilizan las grandes petroquímicas integradas como Exxon, Phillips o Chevron”, explicó Zárate.
Para ejemplificar de qué tipo de hidrocarburo se trata, remarcó que es similar al crudo pesado que Estados Unidos busca en Venezuela, y cuestionó que las decisiones locales se basen en precios generales sin distinguir calidades ni mercados específicos.
Desde esa lógica, el analista planteó que la estrategia debería enfocarse en la demanda concreta: “Uno debe tomar decisiones sobre aquellos que son los compradores reales y estables del petróleo que tiene”, afirmó, al señalar que la región no está leyendo correctamente su inserción en el comercio internacional.
Advirtió, además, que si no se comprende cómo se mueve el Escalante en el mercado global, “las crisis que generan decisiones como la de YPF se agravan innecesariamente para la región”.
Zárate también marcó una responsabilidad histórica en la dirigencia regional: “Nunca se abordó cuando la oportunidad estaba, hace quince años, que el petróleo Escalante era necesario en Estados Unidos”, sostuvo.
Y apuntó a un problema de prioridades en la discusión pública, al señalar que se discuten cuestiones ideológicas externas antes que el rol de los recursos naturales en conflictos geopolíticos y su vínculo con el desarrollo de los propios territorios.
En el plano técnico, propuso ordenar el diagnóstico: separar el análisis del gas y del petróleo y, dentro del petróleo, diferenciar entre crudo liviano y pesado según su relación con el refino. “Nosotros tenemos que ubicarnos en los productos que efectivamente tenemos”, indicó.
También subrayó que gran parte de las destilerías está diseñada para crudos pesados y que reconvertirlas es costoso: “No es sencillo cambiar una destilería basada en un cierto equipo, es carísimo”, afirmó, al sostener que la demanda de crudo pesado persistirá mientras exista esa infraestructura.
Otro punto central del análisis es el enfoque de política pública. “No podemos seguir analizando los recursos naturales desde el punto de vista fiscal o financiero”, sostuvo Zárate, y planteó que la discusión debe centrarse en las cadenas materiales de valor para vincular recurso, industria, innovación, empleo e ingresos.
Por último, advirtió sobre la pérdida de una estrategia de reposición de reservas: “Antes, por cada barril que se sacaba se agregaba un barril de reserva. Esto ya no está ocurriendo”, dijo, y llamó a recuperar una mirada de largo plazo: gobernar es gobernar el futuro y los recursos naturales son patrimonio de las próximas generaciones.
En esa línea, alertó que “la materia prima y las cadenas de logística se está desenganchando de las estrategias de desarrollo del territorio”, un riesgo que —según el texto— se vincula con estudios, análisis y estrategias que no se asumieron durante los últimos 15 años.





