En el IEFA Latam Forum, Pablo Bizzotto presentó a Vaca Muerta como un caso de política de Estado, habló de una nueva etapa ligada al LNG y mostró cómo la apuesta de Phoenix por Confluencia terminó fortaleciendo el lugar de Río Negro dentro del mapa shale.
Pablo Bizzotto dejó en el IEFA Latam Forum una intervención que combinó lectura estratégica, mirada técnica y una señal muy concreta sobre el avance de Phoenix Global Resources en el borde rionegrino de Vaca Muerta. Su exposición no se limitó a repasar costos o productividad. También sirvió para mostrar cómo una empresa que apostó por áreas que hace algunos años ni siquiera aparecían en el radar principal del shale hoy empieza a consolidar un peso propio en Río Negro, en una etapa en la que la provincia gana protagonismo dentro del desarrollo energético argentino.
El CEO de Phoenix partió de una definición más amplia sobre Vaca Muerta. Dijo que hoy el proyecto ya no puede ser leído como una promesa incierta ni como una experiencia aislada, sino como un verdadero ejemplo de política de Estado. Incluso sostuvo que en los próximos años será un caso testigo de cómo la Argentina puede construir una experiencia exitosa cuando todos los actores se alinean detrás de una misma oportunidad. En su mirada, el valor de Vaca Muerta no se explica sólo por la calidad del reservorio, algo que nadie discutía desde el inicio, sino por la continuidad que tuvo el proceso pese a los cambios de signo político.
En ese punto, Bizzotto dejó una idea especialmente relevante para entender la evolución del shale. Señaló que la industria fue desriesgando de manera progresiva no sólo el subsuelo, sino también la superficie, la relación con la sociedad y la licencia social, todo eso en articulación con las provincias y con los sindicatos. Para el ejecutivo, esa etapa permitió construir una base sólida sobre la cual luego comenzó a avanzar otro proceso: el de desriesgar al país. Y si bien remarcó que todavía falta camino por recorrer, también sostuvo que hubo avances significativos y que ese paso es indispensable para habilitar el próximo salto.
Su reconstrucción del recorrido de Vaca Muerta tuvo además un valor testimonial. Bizzotto recordó que al principio el aprendizaje fue complejo, porque no era lo mismo entender el recurso con un solo equipo perforando que hacerlo con 27 al mismo tiempo. También mencionó que en los primeros años gran parte del desarrollo estaba concentrado en YPF, pero luego aparecieron hitos relevantes que marcaron una nueva etapa, como el caso de Fortín de Piedra, donde otro jugador mostró resultados excepcionales con un modelo propio. Desde esa perspectiva, su lectura fue que Vaca Muerta ya ofrece enseñanzas que podrían replicarse en otras actividades productivas del país.
Pero la parte más rica de su intervención, para nuestra agenda, fue la que conectó esa visión general con el presente de Phoenix en Río Negro. Allí Bizzotto contó cómo comenzó la historia de Confluencia, un activo que hoy aparece como una de las apuestas más relevantes de la compañía y como una muestra concreta de que la expansión del shale hacia territorio rionegrino dejó de ser una hipótesis para convertirse en una realidad en marcha.
El empresario recordó que, en plena pandemia, fue a ver a Alberto Weretilneck porque a Phoenix le interesaba esa área, aun cuando todavía no figuraba en ningún mapa importante de Vaca Muerta. En ese momento, explicó, ni siquiera Mata Mora aparecía entre los nombres más instalados del play. A partir de ese interés inicial, la provincia terminó lanzando un proceso en el que Phoenix ingresó con una iniciativa privada. Lo que vino después, según relató, fue una competencia mucho más exigente de lo esperado: la empresa había planteado una inversión inicial de unos 30 millones de dólares, pero otro oferente elevó el desafío por encima de los 110 o 120 millones, lo que obligó a convencer a sus accionistas de redoblar la apuesta.
Bizzotto destacó en ese tramo el respaldo de Mercuria, accionista mayoritario de Phoenix, y de Integra, su socio minoritario, para pasar de una propuesta mucho menor a una inversión del orden de los 120 millones de dólares. Esa decisión, según planteó, fue decisiva para que la compañía pudiera quedarse con el área y avanzar con una apuesta que en su momento implicaba un riesgo importante, tanto por la ubicación como por el nivel de inversión requerido.
El resultado empezó a verse en Confluencia Norte, donde Phoenix obtuvo una primera validación positiva. A partir de allí, la empresa repitió la fórmula en Confluencia Sur, manteniendo el mismo enfoque de desarrollo. Bizzotto reconoció que hubo una cuota de suerte, pero subrayó que la compañía también tomó decisiones técnicas agresivas, entre ellas la ejecución de un frac plan costoso para un pad todavía exploratorio. Esa apuesta, afirmó, terminó dando resultado con un pozo que llegó a producir 3.700 barriles diarios, y que actualmente se ubica en torno a los 3.400 barriles.
La importancia de ese dato no es sólo operativa. Lo que Bizzotto dejó implícito es que Phoenix logró obtener resultados relevantes en una zona que hace algunos años estaba lejos del centro de la escena y que incluso generaba dudas para encontrar socios dispuestos a desarrollarla. En ese sentido, el caso Confluencia funciona como una prueba del nuevo lugar que empieza a ocupar Río Negro dentro del universo Vaca Muerta. Ya no como una periferia del shale, sino como una provincia en la que aparecen áreas capaces de atraer inversión, generar producción y modificar la escala del mapa regional.
El propio CEO reforzó esa idea cuando definió a Phoenix como una compañía con “un pie en Neuquén y otro en Río Negro”, con un hub integrado entre ambos lados de la cuenca. Esa frase resume bastante bien la posición que hoy busca construir la empresa: aprovechar la conectividad operativa entre las dos provincias y, al mismo tiempo, consolidar en Río Negro una plataforma de crecimiento con identidad propia.
Bizzotto también aportó números que muestran el alcance de esa proyección. Señaló que Phoenix apunta a llegar a 34.000 barriles por día hacia fin de año, aunque aclaró que hoy la producción se encuentra topeada por la capacidad de la planta, que fue alcanzada antes de lo previsto. Y fue todavía más allá: estimó que, con los activos actuales, la compañía podría alcanzar en menos de cinco años —e incluso en un horizonte de unos tres años— un plateau de 60.000 barriles diarios, mientras ya analiza incorporar nuevos activos para sostener ese crecimiento.
Ese recorrido empresarial estuvo acompañado por otra parte importante de su exposición: la que refiere a la competitividad. Bizzotto sostuvo que el secreto del no convencional está en mover los límites técnicos todos los días, porque los competidores internacionales hacen lo mismo y la única manera de mantenerse en el mercado es optimizar de forma permanente. En esa línea, repasó cuánto cambió la industria desde los primeros pozos horizontales de Loma Campana hasta hoy. Recordó, por ejemplo, que el pozo SOL-4 costó unos 27 millones de dólares con una rama lateral de 1.500 metros, mientras que un desarrollo similar hoy rondaría los 7 millones. La comparación le permitió mostrar hasta qué punto Vaca Muerta avanzó en eficiencia, aunque todavía lejos de la escala del Permian.
También mencionó mejoras en importaciones, reposición de partes, inversión de contratistas, incorporación de infraestructura, reducción de costos de arena y agua, y uso creciente de tecnología. Entre esos avances destacó la llegada de equipos con tecnología de punta y la futura aplicación de inteligencia artificial en tiempo real para optimizar pozos. Pero el punto más ambicioso de su análisis fue otro: la idea de que el LNG puede representar un segundo nacimiento de Vaca Muerta.
Según Bizzotto, la incorporación del gas natural licuado permitirá darle a la cuenca una escala mucho mayor, lo que a su vez ayudará a bajar costos y a llenar instalaciones de gran capacidad. En esa visión, el LNG no sólo abre nuevos mercados, sino que reordena toda la economía del shale. Por eso valoró especialmente el impulso dado por YPF y PAE a esos proyectos, a los que describió como decisiones difíciles pero decisivas para la próxima etapa.
Su exposición deja una conclusión clara: Phoenix ya no es solo una compañía que participa del desarrollo de Vaca Muerta, sino un actor que ayuda a explicar por qué Río Negro empieza a pesar más dentro del mapa shale. La historia de Confluencia muestra que la provincia puede atraer apuestas de riesgo, validarlas técnicamente y convertirlas en crecimiento real. Y al mismo tiempo, la proyección de la empresa la ubica como uno de los jugadores a seguir en la etapa que viene.
En otras palabras, lo que Bizzotto mostró en el IEFA no fue sólo una mirada optimista sobre Vaca Muerta. También fue la confirmación de que el avance del shale en Río Negro ya tiene nombres propios, inversiones concretas y resultados productivos que empiezan a cambiar la escala del debate. Entre esos nombres, Phoenix quiere ocupar un lugar cada vez más central.





