Desde la adhesión al RIGI en julio de 2024, la provincia fue encadenando confirmaciones y obras para salir al mundo por su costa: un oleoducto de 437 km hacia Punta Colorada, una ampliación clave de evacuación al nodo Allen, un gasoducto dedicado para GNL y un poliducto de 22” que permitirá separar propano, butano y gasolinas naturales en territorio rionegrino.
Julio de 2024 marcó el punto de partida. Con la adhesión al RIGI, Río Negro decidió jugar en la liga de las inversiones de largo plazo y mandar una señal clara al mercado: la provincia no iba a ser solo un “pasillo” por donde pasan los hidrocarburos, sino una plataforma para transportar, exportar y, cada vez más, industrializar parte de la energía que nace en Vaca Muerta.

A partir de ese marco, el mapa comenzó a llenarse de trazas concretas. Primero llegó el petróleo, porque el shale crece y la discusión deja de ser cuánto se produce para pasar a ser cómo se evacúa. En ese contexto se consolidó el proyecto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), el corredor que conecta el corazón productivo neuquino con la costa rionegrina. El diseño central es un oleoducto de 437 kilómetros que baja hacia Punta Colorada, donde se apoya la salida marítima del crudo. La obra está pensada como un sistema completo: ducto troncal, estaciones asociadas y una terminal que articula con el frente offshore, con un esquema de carga marítima que se proyecta mar adentro mediante monoboyas, buscando eficiencia operativa y escala exportadora. El cronograma y la capacidad se expresan por etapas: el arranque se ubica hacia fines de 2026 con una capacidad inicial del orden de los 180.000 barriles por día, con un plan de ampliación para escalar en 2027 a cifras significativamente mayores (en el rango de 550.000 bpd, según lo comunicado en distintas instancias técnicas y empresariales del proyecto).

Pero un corredor exportador no funciona si se estrangula en el origen. Por eso, la segunda pieza que se volvió estructural para el esquema de evacuación fue Duplicar Norte, la obra destinada a reforzar el transporte de crudo desde el norte de la cuenca hacia Allen, el gran nodo rionegrino donde se integran los sistemas. La confirmación pública fuerte llegó en julio de 2025, cuando se anunció su ejecución con una ficha técnica contundente: un ducto de 24 pulgadas y una extensión informada en el orden de 207–209 kilómetros (la diferencia responde a cómo se referencia el tramo exacto y a ajustes de ingeniería en la traza). La lógica es transparente: sumar capacidad para que el crecimiento de Vaca Muerta no se frene por falta de transporte. En ese esquema por etapas, el proyecto se plantea con una primera capacidad objetivo hacia fines de 2026 (en el orden de 220.000 bpd) y un escalamiento posterior que apunta a llegar a 500.000 bpd con habilitación plena durante 2027.
Con el petróleo encaminado, el mapa rionegrino terminó de incorporar el capítulo más ambicioso: el gas con salida global. Ahí aparece Argentina LNG, el proyecto que busca convertir a Río Negro en una plataforma atlántica para exportar gas como GNL. El concepto técnico es conocido, pero la escala es la que cambia el juego: transportar gas por un ducto dedicado desde Vaca Muerta hasta la costa, licuarlo y exportarlo en buques metaneros. En las descripciones técnicas difundidas, el esquema se presenta con un gasoducto dedicado de 48 pulgadas cuya longitud se informa en el rango de 520-526 kilómetros (según el recorte de tramo utilizado), más la infraestructura asociada para vincular el sistema en costa con la operatoria marítima.

La pieza que termina de explicar por qué este mapa es más que logística es el poliducto y la decisión de industrializar parte del gas en suelo rionegrino. En febrero de 2026 se confirmaron los detalles de una planta fraccionadora en la costa, diseñada para separar propano, butano y gasolinas naturales: productos de alto valor que transforman el proyecto gasífero en una puerta a cadenas industriales. Ese salto se apoya en un dato clave: un poliducto de 22 pulgadas, paralelo al gasoducto, con capacidad informada de 15.000 toneladas diarias para transportar los líquidos y componentes que alimentarán la planta. Traducido a la economía real, es el cambio de modelo: ya no solo exportar moléculas o mover hidrocarburos por el territorio, sino capturar valor agregado y abrir la discusión sobre un horizonte industrial —con potencial petroquímico— alrededor de insumos que antes no se procesaban a esta escala en la provincia.
Mirada de principio a fin, la secuencia tiene lógica y fechas: julio de 2024 fija el marco de inversiones (RIGI); durante 2025 se consolidan las grandes decisiones de infraestructura petrolera (VMOS) y se confirma la ampliación clave de evacuación hacia Allen (Duplicar Norte); y en febrero de 2026 el mapa queda completo con el relato integrado y el giro industrial: gasoducto dedicado para GNL y poliducto de 22” para fraccionar en Río Negro propano, butano y gasolinas naturales. Es, en definitiva, la historia de una provincia que busca pasar de ser un corredor de paso a ser un territorio con infraestructura estratégica, salida al mundo e industria propia.






