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Oil & gas

El efecto Vaca Muerta que Río Negro busca capitalizar alrededor del transporte de petróleo y gas

Nicolás Muñoz

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Por

septiembre 1, 2026
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Mientras Neuquén concentra la producción y lidera el salto exportador energético, Río Negro empieza a ocupar otro lugar dentro de la cadena: oleoductos, gasoductos, puertos, almacenamiento, logística, servicios y proveedores abren la posibilidad de capturar una parte creciente del valor que genera Vaca Muerta en su camino hacia el Atlántico.

Neuquén ofrece hoy una fotografía concreta de lo que puede provocar una gran transformación energética sobre la estructura económica de una provincia.

En 2015 explicaba apenas el 0,25% de las exportaciones argentinas. Once años después, en el primer semestre de 2026, su participación llegó al 8,7% y se convirtió en la tercera provincia exportadora del país, según un informe elaborado por el Centro de Estrategias Internacionales de Gobiernos y Organizaciones de la Universidad Austral.

Entre enero y junio de este año, Neuquén exportó US$4.283 millones, un 84,5% más que en el mismo período de 2025. La explicación es prácticamente una sola: los combustibles representaron el 98,2% de sus ventas externas, con el petróleo crudo como principal producto.

El dato permite mirar con otra perspectiva lo que empieza a ocurrir en Río Negro.

No porque ambas provincias tengan la misma estructura productiva ni porque sea posible trasladar automáticamente el proceso neuquino al territorio rionegrino. Tampoco porque pueda afirmarse hoy cuánto crecerán las exportaciones provinciales cuando comiencen a operar los nuevos proyectos.

Pero sí porque Río Negro está entrando en una etapa diferente.

Hasta ahora, buena parte del petróleo y el gas de Vaca Muerta se produjo en Neuquén y salió al mercado desde infraestructura ubicada fuera de Río Negro. Esa geografía está comenzando a cambiar.

El Vaca Muerta Oil Sur, el desarrollo de Southern Energy y el proyecto Argentina LNG colocan a la costa rionegrina dentro de la nueva infraestructura exportadora que se está construyendo para sacar al mundo una producción de hidrocarburos que continúa creciendo.

VMOS, el primer gran cambio

El movimiento más inmediato podría comenzar con el petróleo.

El Vaca Muerta Oil Sur conectará la cuenca con Punta Colorada y permitirá despachar crudo a gran escala desde la costa rionegrina. El Gobierno provincial sostiene que el objetivo es concretar los primeros embarques entre fines de 2026 y comienzos de 2027, una vez completada la infraestructura terrestre, marítima y de almacenamiento.

Ese punto es importante para interpretar correctamente lo que viene.

VMOS no significa que todo el petróleo transportado por el oleoducto pase a ser estadísticamente una exportación originada en Río Negro. El origen provincial de las exportaciones se determina de acuerdo con criterios vinculados a dónde se produce el bien y no únicamente por el puerto desde el cual sale.

Por eso sería incorrecto proyectar que los miles de millones de dólares que podrían movilizarse a través de Punta Colorada se contabilizarán automáticamente como exportaciones rionegrinas.

El impacto sobre Río Negro puede aparecer por otros caminos: actividad portuaria y logística, empleo, servicios, proveedores, infraestructura, inversiones y una creciente participación territorial en la cadena exportadora de Vaca Muerta.

Y allí es donde el antecedente neuquino adquiere relevancia.

El informe de la Universidad Austral no mide solamente cuánto exportan las provincias. También advierte que la verdadera transformación ocurre cuando el crecimiento de un sector genera empresas proveedoras, conocimiento, tecnología, capital humano e inversiones que permanecen en el territorio.

Después del petróleo llegará el GNL

La segunda transformación potencial es todavía mayor y está vinculada con el gas.

Southern Energy avanza con un proyecto para producir GNL desde unidades flotantes ubicadas en el Golfo San Matías. El primero de esos buques, el Hilli Episeyo, se prepara para arribar a Río Negro durante 2027 y comenzar la producción y exportación de gas natural licuado.

El esquema contempla además un gasoducto dedicado desde Tratayén hasta San Antonio Oeste, con aproximadamente 472,5 kilómetros de extensión, de los cuales 443,5 kilómetros atravesarían Río Negro. Su capacidad proyectada es de 28 millones de metros cúbicos diarios.

La escala aumenta todavía más con Argentina LNG: YPF, Eni y XRG avanzan con un proyecto integrado que prevé una capacidad inicial de 12 millones de toneladas anuales de GNL mediante dos unidades flotantes de licuefacción. La decisión final de inversión está prevista hacia fines de 2026, por lo que todavía debe hablarse de una iniciativa en desarrollo y no de una obra definitivamente ejecutada.

YPF informó además que el proyecto solicitó su adhesión al RIGI bajo un esquema de inversión global de US$51.000 millones.

Si esos desarrollos avanzan de acuerdo con sus cronogramas, Río Negro podría convertirse progresivamente en uno de los principales territorios de salida al exterior del petróleo y el gas producidos en Vaca Muerta.

Pero nuevamente aparece una diferencia fundamental entre ser territorio de salida y convertirse en una economía exportadora vinculada a esa actividad.

Lo que Neuquén enseña

Neuquén pasó de una participación casi marginal en las exportaciones argentinas a representar cerca de uno de cada once dólares exportados por el país.

La velocidad del cambio es extraordinaria porque la Patagonia, en conjunto, también está ganando terreno. Su participación en las exportaciones nacionales pasó del 14,8% en 2025 al 17,8% durante el primer semestre de 2026, mientras que la región Pampeana redujo su peso relativo. El informe identifica al crecimiento de Vaca Muerta como uno de los factores centrales de esa reconfiguración.

Sin embargo, la experiencia neuquina muestra también un riesgo. De los US$4.283 millones exportados por esa provincia durante el primer semestre, US$4.205 millones correspondieron a combustibles. Es decir, prácticamente toda su estructura exportadora depende actualmente de la energía.

El desafío para Río Negro podría ser diferente: La provincia llega a esta nueva etapa con una economía que ya tiene actividades agroindustriales, frutícolas, pesqueras y otras producciones regionales. La incorporación del petróleo, el gas y la minería podría ampliar esa matriz, en lugar de reemplazarla.

Esa es precisamente una de las principales conclusiones del estudio de la Universidad Austral para la Argentina en general: el país no está sustituyendo su estructura exportadora tradicional, sino sumando nuevos motores vinculados con energía y minería.

La oportunidad no está solamente en el barco que sale

Para Río Negro, entonces, medir el cambio únicamente por cuántos dólares de petróleo o GNL salen desde sus costas puede resultar insuficiente.

La verdadera discusión estará en cuánto de esa nueva economía queda dentro de la provincia.

Eso incluye trabajadores capacitados, empresas proveedoras, transporte, mantenimiento industrial, ingeniería, logística, servicios portuarios, construcción, tecnología y nuevas inversiones asociadas.

El propio informe advierte que los recursos naturales no generan desarrollo territorial automáticamente. Para que eso ocurra deben existir políticas de proveedores, formación de recursos humanos, infraestructura y condiciones que permitan conectar las grandes inversiones con las economías locales.

Ese punto adquiere particular relevancia para Río Negro porque la provincia todavía está a tiempo de construir buena parte de ese entramado mientras las obras avanzan.

Neuquén tardó poco más de una década en pasar de una posición casi irrelevante dentro del mapa exportador argentino a convertirse en uno de sus principales protagonistas.

Río Negro podría comenzar ahora un recorrido diferente, asociado no tanto a la extracción de los hidrocarburos como a su transporte, procesamiento, licuefacción y salida al mercado internacional.

VMOS será el primer gran ensayo. Southern Energy podría sumar después las primeras exportaciones argentinas de GNL a gran escala desde el Golfo San Matías. Y Argentina LNG, si alcanza la decisión final de inversión y completa su desarrollo, podría elevar esa transformación a otra dimensión.

Todavía es demasiado temprano para traducir esos proyectos en porcentajes de exportaciones provinciales o asegurar que Río Negro repetirá la trayectoria neuquina.

Pero el antecedente de Neuquén permite dimensionar algo que hasta hace pocos años parecía lejano: cuando una provincia se integra de lleno a una industria exportadora de la escala de Vaca Muerta, su lugar dentro de la economía nacional puede cambiar en muy poco tiempo.

Para Río Negro, la oportunidad estará en conseguir que esa transformación no ocurra solamente frente a sus costas, sino también dentro de su economía.

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