La cementera controlada por el grupo liderado por Marcelo Mindlin decidió frenar parte de su producción en Olavarría hasta noviembre. La empresa argumentó el alto costo del gas de invierno y el exceso de stock de clínker. El caso abrió una discusión incómoda: qué pasa cuando la Argentina produce más energía, pero sostener la actividad industrial sigue siendo cada vez más complejo.
Loma Negra, la cementera más grande del país, decidió apagar uno de los hornos principales de su planta L’Amalí, en Olavarría, hasta noviembre de 2026. La medida fue presentada como una parada programada, asociada al alto costo del gas durante el invierno, al exceso de stock de clínker y a la necesidad de adecuar la producción a un mercado golpeado por la caída de la construcción.
Hasta ahí, podría leerse como una decisión operativa dentro de un contexto industrial difícil. Pero el caso tiene un componente que lo vuelve llamativo: Loma Negra quedó bajo el control de un grupo liderado por Marcelo Mindlin, fundador de Pampa Energía, una de las compañías más importantes del país en el negocio del gas y la electricidad.
La escena tiene, inevitablemente, un costado irónico. Una de las principales cementeras argentinas decide apagar parte de su capacidad productiva porque el gas de invierno se volvió demasiado caro. Y lo hace bajo el mando de un empresario cuya compañía energética participa activamente en la producción de gas, especialmente a partir del desarrollo de Vaca Muerta.
La decisión generó ruido político. Desde sectores del kirchnerismo cuestionaron a Mindlin por frenar hornos en Loma Negra mientras Pampa Energía es una de las productoras relevantes de gas del país. El planteo apunta a una contradicción de fondo: el mismo recurso que forma parte del negocio energético del grupo aparece, al mismo tiempo, como un costo difícil de absorber para su pata industrial.
Más allá de la discusión política, el dato productivo es concreto. La parada alcanza a uno de los hornos de la planta L’Amalí, uno de los complejos cementeros más importantes de la Argentina. La empresa también prevé una interrupción temporal en otro horno entre mayo y junio, con expectativa de reactivarlo en julio.
El argumento empresarial combina tres factores: el encarecimiento del gas durante los meses fríos, la debilidad de la demanda de cemento y la acumulación de clínker, el insumo base para fabricar cemento portland. Ese stock permitiría sostener despachos durante un período sin necesidad de mantener encendidos todos los hornos.
El clínker es el corazón del cemento. Se obtiene mediante un proceso de alta temperatura en hornos industriales y luego se muele junto con otros componentes para elaborar cemento portland, el cemento más utilizado en la construcción. Por eso, si una planta acumula grandes volúmenes de clínker, puede seguir fabricando cemento durante un tiempo aunque reduzca la operación de sus hornos.
El gremio AOMA encendió las alarmas por la duración de la parada. En la industria cementera son habituales las interrupciones por mantenimiento o reordenamiento operativo, pero los trabajadores advirtieron que un freno de varios meses no es usual. Según la información publicada, la planta tendría un sobrestock superior a las 700.000 toneladas de clínker.
La decisión de Loma Negra también refleja el momento que atraviesa la construcción. El freno de la obra pública, la debilidad de la demanda privada y la caída en los despachos de cemento impactan directamente sobre una industria que depende del ritmo de obras en todo el país. En ese escenario, apagar hornos puede ser una forma de reducir costos, pero también marca la temperatura real de la actividad económica.
El punto sensible aparece cuando se cruza el caso cementero con el mapa energético argentino. Pampa Energía, la empresa insignia de Mindlin, tiene presencia en generación eléctrica, transporte y producción de gas. Energía 360 ya había informado que el avance del empresario sobre Loma Negra ampliaba su influencia desde el sector energético hacia una de las industrias más emblemáticas del país.
Por eso, el apagado de hornos no pasó inadvertido. Si una compañía de la escala de Loma Negra, controlada por un grupo con fuerte espalda financiera y conocimiento del negocio energético, decide frenar parte de su producción por el costo del gas, la pregunta se vuelve más amplia: ¿qué margen queda para otras industrias con menor capacidad de negociación, menor escala y menor respaldo económico?
La paradoja expone una tensión que la Argentina todavía no logra resolver. El país produce cada vez más gas, especialmente por el desarrollo de Vaca Muerta, pero la industria sigue mirando el invierno con preocupación. Los picos de demanda, las restricciones de transporte, la necesidad de importaciones en determinados momentos y los precios energéticos siguen condicionando la competitividad.
Para los sectores intensivos en energía, el gas no es un costo más. Puede definir si conviene producir, acumular stock, reducir turnos o directamente apagar equipos. En el caso de la cementera, la empresa asegura que la decisión está planificada y que cuenta con inventario suficiente para abastecer el mercado. Sin embargo, la extensión de la parada y la preocupación sindical muestran que el tema no se agota en una explicación operativa.
La Argentina busca consolidarse como potencia energética y exportadora, con Vaca Muerta como motor central. Pero el caso Loma Negra deja una advertencia incómoda: producir más energía no alcanza si esa energía no se traduce en previsibilidad, infraestructura y costos competitivos para la industria.
El gas que promete convertirse en una oportunidad histórica para el país también puede transformarse, puertas adentro, en el motivo por el cual una fábrica decide apagar sus hornos. Y ahí aparece la contradicción: una Argentina que aspira a exportar energía al mundo, mientras parte de su industria calcula cómo atravesar el invierno sin que el costo energético le apague la producción.





