En un mundo que avanza hacia la descarbonización, el gas natural licuado (GNL) que se exportará desde Río Negro se presenta como una pieza clave en la transición energética de Argentina. Con el desarrollo de Vaca Muerta, la provincia se posiciona como un actor estratégico en la provisión de energía hacia mercados internacionales, consolidando un nuevo eje económico en la región.
El GNL de Río Negro y su impacto en la economía
El reciente anuncio de la construcción de plantas de licuefacción en la provincia y la futura exportación de GNL refuerzan la importancia de este recurso en la matriz energética. El gas natural, extraído principalmente de Vaca Muerta en Neuquén, será procesado en Punta Colorada, en la costa rionegrina, para ser exportado a mercados europeos y asiáticos.
Este proyecto no solo permitirá diversificar las exportaciones argentinas, sino que también generará una significativa cantidad de empleos y promoverá inversiones en infraestructura clave. Se estima que la exportación de GNL podría convertirse en uno de los principales ingresos en dólares para el país, favoreciendo la balanza comercial y consolidando a Río Negro, gracias a sus puertos con salida al mar, como un polo energético estratégico.
El gas natural frente a otras fuentes de energía

Si bien el gas es un hidrocarburo, se lo considera una opción más limpia en comparación con el carbón y el petróleo. Su uso genera entre un 40% y 50% menos emisiones de CO₂ que el carbón en la generación de electricidad, lo que lo convierte en una alternativa viable dentro de un contexto de transición energética.
Sin embargo, a medida que las energías renovables como la eólica y la solar ganan terreno, surge el debate sobre si el gas debería seguir siendo promovido como una solución a largo plazo. Mientras que el hidrógeno verde, producido a partir de energías limpias, es visto como el futuro, aún enfrenta desafíos tecnológicos y de costos que retrasan su masificación.
¿Es posible la coexistencia entre hidrocarburos y energías renovables?
En este escenario, podríamos decir que la gran pregunta es: ¿pueden convivir el gas natural y las energías renovables en el modelo energético del futuro? La respuesta parece estar en el equilibrio. A corto y mediano plazo, el gas puede servir como respaldo para las energías renovables, garantizando un suministro estable cuando las condiciones climáticas afectan la generación eólica o solar.
Además, con tecnologías como la captura y almacenamiento de carbono (CCS), el gas podría reducir aún más su impacto ambiental, haciéndolo una opción más sostenible mientras el mundo avanza hacia una matriz energética 100% renovable.
Conclusión: el gas como trampolín hacia una economía más sustentable
El desarrollo del GNL en Río Negro y su vínculo con Vaca Muerta en Neuquén abre nuevas oportunidades para la economía argentina, pero también plantea desafíos en términos de sostenibilidad. Si bien el gas es una fuente de energía menos contaminante que otros combustibles fósiles, su rol en el futuro dependerá de cómo se integre con las renovables y de las políticas que se adopten para reducir su impacto ambiental.
En la transición hacia un mundo más verde, el gas puede ser una herramienta clave, pero no debe verse como un destino final, sino como un puente hacia un sistema energético más sustentable y diversificado.