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Energía

El tren ya está en la estación: minería, hidrocarburos y la oportunidad que Río Negro no puede dejar pasar

Nicolás Muñoz

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noviembre 30, 2025
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Editorial E360°

Somos insistentes, lo sabemos. En Energía 360° lo asumimos: volvemos una y otra vez sobre los mismos temas. Lo hacemos en distintos medios que nos invitan a hablar sobre la industria y el desarrollo rionegrino y también lo hacemos en el micro de los jueves en LU18 Radio El Valle. Pero preferimos que mañana digan que fuimos reiterativos y pesados, y no que “nadie se preocupó por contar lo que estaba pasando y lo que se venía en Río Negro y la Patagonia Norte”. Hace tiempo venimos publicando sobre educación técnica, oficios vinculados a la energía y la minería, programas de formación y el rol que pueden ocupar las pymes rionegrinas en esta nueva etapa. No lo hacemos para quedar bien con una empresa ni con un gobierno de turno. Lo hacemos pensando en vos, en tu familia, en tus hijos, en tu empresa, en la escuela de tu barrio.

Esta editorial no está escrita para “el sector empresario” ni para “los especialistas”: está escrita para la gente común que vive en Jacobacci, Valcheta, Catriel, Roca, Regina, Sierra Grande, Cinco Saltos, Viedma, Bariloche y en cualquier pueblo o ciudad de esta provincia donde, sin que siempre se vea, ya se están moviendo piezas importantes. Porque lo que se juega no es una estadística: son vidas reales, trabajos concretos, decisiones familiares. Y si dejamos pasar esta oportunidad, que quede claro: no va a ser porque nunca se habló del tema, sino porque elegimos no escucharlo.

En Río Negro el futuro ya no es un concepto abstracto: tiene pozos conectados en Confluencia Sur, caños apilados en San Antonio Este, camiones entrando y saliendo de Ingeniero Jacobacci y un campamento minero creciendo cerca de Valcheta. Mientras discutimos en redes, en los grupos de WhatsApp o en la sobremesa del domingo, la provincia empieza a moverse con proyectos concretos en minería, hidrocarburos y GNL que pueden cambiar su matriz productiva en los próximos diez o quince años. La pregunta no es solo si estamos de acuerdo o no con ese camino. La pregunta de fondo es otra: ¿vamos a preparar a nuestra gente y a nuestras empresas para subirse a ese tren, o vamos a mirar cómo pasa y después lamentarnos porque otros aprovecharon la oportunidad?

En el frente hidrocarburífero, Río Negro dejó de ser solo “la vecina” de Vaca Muerta. Phoenix Global Resources ya puso en producción su primer PAD de pozos no convencionales en Confluencia Sur y se convirtió en el principal productor de petróleo de la provincia, empujando la curva de producción rionegrina hacia arriba. Pan American Energy avanza con Cinco Saltos Sur, en el extremo rionegrino de la formación, declarado de interés público y con un plan que, si los resultados acompañan, puede desplegar decenas de pozos horizontales en los próximos años. No hablamos de ideas: hablamos de torres, equipos, inversión y empleo.

Del lado del gas y la exportación, el consorcio Southern Energy ya descargó en San Antonio Este las primeras 10.000 toneladas de caños que conectarán el sistema troncal con dos buques de licuefacción en el Golfo San Matías, con un horizonte de exportación de GNL a 30 años. Esa obra no solo pone a Río Negro en el mapa del gas mundial: también abre una cadena enorme de servicios, logística, transporte, metalmecánica y oficios alrededor de San Antonio, Las Grutas y toda la costa atlántica rionegrina.

En minería, el mapa también dejó de ser solo potencial. Calcatreu, el proyecto de oro y plata cercano a Ingeniero Jacobacci, se prepara para entrar en producción alrededor de 2026. Ya hoy mueve cientos de puestos de trabajo entre personal directo y contratistas, y en plena marcha puede sumar muchos más en la Región Sur, una de las zonas históricamente más postergadas de nuestra provincia. Más al norte, cerca de Valcheta, el proyecto Ivana, dentro del complejo Amarillo Grande, avanza hacia la factibilidad como uno de los depósitos de uranio y vanadio más importantes del país, con la idea de desarrollar un verdadero polo industrial minero alrededor de la localidad. Para quienes vivimos acá, esto no es un titular: es la diferencia entre un pueblo que se apaga y un pueblo que empieza a tener futuro para los chicos.

Cuando hablamos de hidrocarburos y minería no hablamos solamente de “inversión” y “PBI”. Hablamos de puestos de trabajo que pueden cambiar la vida de una familia. La minería rionegrina ya genera hoy un número significativo de empleos directos e indirectos, con un dato clave: la enorme mayoría de ese personal es rionegrino. Proyectos como Calcatreu proyectan más de 700 empleos a lo largo de sus fases de construcción y operación, con prioridad para mano de obra local. Alrededor de Ivana se diseñan circuitos para buscar, seleccionar y capacitar trabajadores de Valcheta y de la zona. Del lado del petróleo y el gas, los desarrollos no convencionales, las plantas de tratamiento, los gasoductos y las obras asociadas al GNL mueven perfiles que van desde operarios de obra civil, soldadores, choferes, montajistas y personal de mantenimiento, hasta técnicos en electricidad, instrumentistas, mecánicos, especialistas en seguridad e higiene, geólogos, ingenieros, administrativos, hotelería y gastronomía.

Ahí está el corazón del asunto: ¿quién se va a quedar con esos trabajos? ¿Los rionegrinos, o las cuadrillas que lleguen desde otros lugares porque acá no nos animamos a prepararnos?

En Energía 360° lo vemos cada vez que publicamos algo sobre educación y empleo: hay una preocupación genuina, pero también mucha desinformación y mucho miedo a decidir. Escuchamos a madres y padres decir “mi hijo no se quiere ir, pero acá no hay nada”, mientras al mismo tiempo se mira con desconfianza cada curso, cada tecnicatura, cada propuesta vinculada a la industria. Escuchamos a jóvenes que quieren estudiar, pero no saben qué carreras van a tener salida en la región dentro de cinco o diez años.

Formarse no es una consigna vacía ni un eslogan de campaña. Significa que un chico o una chica de Jacobacci, Valcheta, Sierra Grande, Catriel, Los Menucos, Chichinales o Cinco Saltos elija una técnica, un oficio industrial o una carrera ligada a la energía o la minería y sepa que puede trabajar cerca de su casa. Significa que los institutos y universidades de la región se animen a ajustar sus planes de estudio a lo que viene y no a lo que ya fue. Significa que los municipios actualicen sus oficinas de empleo para entender qué perfiles se van a demandar en su zona y acompañar de verdad a quienes buscan trabajo. Y significa, sobre todo, que las familias dejen de ver estos trabajos como algo lejano o “solo para otros” y empiecen a visualizarlos como una posibilidad concreta para sus hijos.

El tren del desarrollo no se toma el día que cortan la cinta. Se toma hoy, cuando alguien decide anotarse en un curso de soldadura, en una tecnicatura en minería, en un trayecto de operación de equipos, en una capacitación en seguridad industrial. Se toma cuando una escuela técnica actualiza sus talleres. Se toma cuando una familia deja de decir “a mí no me toca” y empieza a preguntar “¿qué tengo que estudiar para entrar ahí?”.

Hay otra pata de la que casi no se habla y que también venimos marcando desde esta redacción: las pymes rionegrinas. No alcanza con tener trabajadores formados si nuestras empresas siguen jugando en el torneo local mientras la provincia entra en la Copa Libertadores. Si las pymes no mejoran sus estándares, quienes van a terminar prestando servicios en los grandes proyectos serán firmas de otras provincias o incluso de otros países. Eso implica certificarse en calidad, ambiente y seguridad; modernizar su administración; aprender a cotizar y trabajar con grandes operadoras; incorporar herramientas digitales; invertir en equipamiento; y animarse a asociarse para ganar escala cuando haga falta. La provincia ya tiene normas de compre local y participación de proveedores rionegrinos en minería y energía. Pero esas leyes solo se vuelven realidad si hay empresas locales en condiciones de competir. Si no, el efecto es el mismo que no tenerlas.

Nada de esto implica minimizar los miedos y las preguntas legítimas que generan la minería, el shale o el GNL. Río Negro tiene antecedentes de conflictos ambientales y sería irresponsable pedir confianza ciega. Como medio que nació y crece en esta provincia, no creemos en el “sí a todo” ni en el “no a todo”. Lo que planteamos es otra cosa: más control, no menos proyectos; más exigencia en normas ambientales, no consignas vacías; más participación ciudadana informada en audiencias públicas, no rechazo automático sin leer los informes. Es sano preguntarse qué impacto puede tener una mina de oro en la meseta o un gasoducto nuevo en el golfo. Es sano reclamar que la provincia fiscalice, que se publique información, que haya planes de cierre claros, monitoreo del agua y participación real de las comunidades. Esa es también nuestra tarea como prensa: preguntar, contrastar, explicar en criollo qué dicen los papeles y qué se está firmando.

Lo que no es sano es tirarle piedras al tren del desarrollo por reflejo, mientras al mismo tiempo nos quejamos de la falta de trabajo, de los sueldos bajos y de los jóvenes que se van. Decirle que no a todo no es neutral: es elegir, aunque no nos guste cómo suena, el camino del estancamiento.

Río Negro está viviendo un momento que no es eterno: precios internacionales del oro, la plata y el uranio en niveles atractivos; una ventana de gas en el mundo que no va a durar para siempre; y una transición energética global que pone en el centro justamente aquello que la provincia tiene: minerales críticos, gas, puertos, rutas, territorio y una ubicación estratégica en la Patagonia Norte. O aprovechamos esta combinación para formar gente, fortalecer empresas, mejorar infraestructura y diversificar la economía, o dentro de diez años vamos a estar escribiendo otra editorial, pero en tono de lamento, contando cómo otros se llevaron el trabajo, la inversión y el conocimiento mientras acá seguíamos discutiendo en abstracto.

Desde Energía 360° elegimos estar del lado de los que informan, advierten y empujan para que esta oportunidad no se escape. Lo hacemos por convicción profesional, pero también por algo mucho más sencillo: porque somos parte de esta provincia, porque vivimos acá, porque sabemos que detrás de cada proyecto hay familias rionegrinas que pueden vivir mejor si el desarrollo se hace bien, con reglas claras, con controles fuertes y con la gente adentro.

El tren está en el andén. No hace falta subir con los ojos cerrados, pero sí hace falta algo básico: dejar de tirarle piedras y decidir, como sociedad, que queremos ser parte del viaje. Si esta oportunidad histórica pasa de largo, no será culpa del oro, del gas o del GNL. Será culpa de haber mirado para otro lado aun teniendo todas las señales sobre la mesa. Y eso, como vecinos de Río Negro, sería mucho más difícil de perdonarnos.

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