El Gobierno mantiene en marcha la licitación para que un privado importe GNL y opere con la terminal de Escobar entre abril y septiembre de 2026, pero el conflicto bélico alteró el mercado global: subieron los precios spot, se tensó la oferta y cubrir el pico estacional puede costar más. En paralelo, proyectos exportadores como Southern Energy avanzan con otra lógica, otro calendario y una infraestructura dedicada que todavía no comenzó a construirse, por lo que no deben confundirse con la cobertura del consumo interno de este invierno.
La Argentina entra en la cuenta regresiva hacia el invierno con una realidad que todavía no cambió: pese al crecimiento de Vaca Muerta, el sistema sigue necesitando importar gas natural licuado para reforzar el abastecimiento en los meses de mayor demanda. Para cubrir ese faltante estacional, el Gobierno nacional decidió avanzar con un nuevo esquema y convocó a una licitación para seleccionar a un único comercializador privado que se encargue de importar GNL, utilizar la terminal de regasificación de Escobar y comercializar en el mercado interno el gas resultante. La Resolución 33/2026 formalizó ese mecanismo y precisó que la terminal hoy operativa es la de Escobar, con transporte del gas regasificado hasta Los Cardales.
Ese proceso ya tiene además un cronograma oficial. La Licitación Pública Nacional e Internacional 01/2026 de Energía Argentina fijó para el 6 de abril de 2026 la presentación de ofertas y la apertura del primer sobre, de modo que el esquema oficial no está frenado ni fue reformulado hasta hoy. La cobertura del invierno sigue en pie, pero ahora deberá definirse en un mercado bastante más complejo que el de hace unas semanas.
El cambio de escenario llegó desde afuera. La escalada bélica en Medio Oriente volvió a tensionar el comercio energético global y golpeó de lleno al mercado del GNL. Reuters informó que la guerra afectó la producción qatarí, alteró el tránsito de buques y obligó a compradores asiáticos a salir de urgencia a buscar cargamentos alternativos. En ese contexto, el precio del GNL en Asia se disparó y abrió una competencia mucho más agresiva por la oferta disponible.
Para la Argentina, ese dato no es secundario. El país no importa GNL porque le falte producción doméstica en términos absolutos, sino porque en los momentos de mayor consumo invernal la demanda residencial, industrial y eléctrica supera la oferta firme que puede llegar al sistema. Por eso, el gas que entra por Escobar funciona como respaldo en los picos estacionales. Si el mercado spot se encarece, también sube el costo de ese respaldo. Y si la tensión internacional persiste, conseguir cargamentos puede exigir pagar más o cerrar operaciones en condiciones menos favorables. Esa es hoy la principal amenaza que abre el conflicto sobre el abastecimiento argentino del invierno 2026.
En este punto conviene separar con claridad otro debate para no mezclar planos distintos. El proyecto de Southern Energy no forma parte de la respuesta para el invierno 2026. Su desarrollo está vinculado a un negocio exportador de largo plazo y a un cronograma diferente. De hecho, la información publicada en los últimos días sobre ese proyecto ubica el inicio de obras del gasoducto dedicado recién como parte de una etapa futura: la infraestructura todavía no comenzó a construirse. Además, la propia cobertura de los medios que nos especializamos en el tema, indica que ese ducto está asociado a una segunda fase de expansión del proyecto, no al abastecimiento del mercado interno en este invierno.
Esa diferencia es central para no deformar el fondo de la nota. Una cosa es el gas que la Argentina todavía necesita importar por barco para atravesar el invierno 2026. Otra, muy distinta, es el gas que quedará respaldando proyectos exportadores bajo contratos específicos y con infraestructura propia. Por eso, lo correcto no es plantear que Southern Energy sea hoy una “reserva” disponible para cubrir el faltante local, ni tampoco resumir el tema como si se tratara simplemente de “comprarse su propio gas”. Lo más preciso es decir que los proyectos exportadores dedicados responden a otra lógica contractual, regulatoria y de infraestructura, y no forman parte de la cobertura inmediata del consumo interno de este invierno. Esa conclusión surge del calendario oficial del esquema de importación por Escobar y del cronograma conocido del proyecto Southern Energy.
Visto desde hoy, entonces, la tensión es doble. En lo inmediato, la guerra en Medio Oriente puede encarecer el GNL que la Argentina necesita para atravesar el invierno 2026. En un plano más estructural, el conflicto deja todavía más expuesta una discusión de fondo: el país avanza hacia grandes proyectos exportadores de gas mientras todavía necesita importar barcos de GNL para cubrir sus picos estacionales de demanda. Las dos cosas pueden convivir al mismo tiempo, pero no significan lo mismo ni responden al mismo calendario.
La noticia, en definitiva, no es que el Gobierno haya cambiado su plan. La noticia es que ese plan deberá ejecutarse en un mercado internacional más caro, más incierto y más atravesado por el riesgo geopolítico. Si la tensión en Medio Oriente no afloja, el desafío argentino no será solo conseguir gas para el invierno, sino hacerlo a tiempo, con costos razonables y sin agravar todavía más la presión sobre el sistema energético.





