La principal generadora renovable del país prepara una seguidilla de inauguraciones durante 2026, debuta en almacenamiento con baterías y empuja obras de transmisión para destrabar nuevos proyectos. En Río Negro, la compañía ya opera el Parque Eólico Pomona (Pomona I), de 101,4 MW, a unos 10 km de la localidad.
Genneia se mueve con una hoja de ruta que combina tres frentes que hoy definen el futuro de la transición energética en Argentina: más parques renovables, almacenamiento con baterías y, sobre todo, más redes de transporte eléctrico para que la nueva generación no quede “encerrada” en el mapa por falta de capacidad. En ese esquema, la empresa se apoya en su posición dominante del mercado y acelera un 2026 cargado de inauguraciones, mientras en la Patagonia —y particularmente en Río Negro— ya tiene presencia operativa: el Parque Eólico Pomona, ubicado a unos 10 kilómetros de la localidad, con 101,4 MW de potencia instalada (Pomona I), en operación desde julio de 2019.
El plan de expansión renovable para este año viene con un calendario marcado. Según el detalle del sector, el cronograma arranca en mayo con la puesta en marcha de 30 MW correspondientes a una ampliación del parque solar San Rafael. A ese hito le seguirá el proyecto San Juan Sur, de 129 MW, y luego se completará con dos desarrollos en Buenos Aires: dos parques de 20 MW cada uno en los partidos de Lincoln y Junín. La lógica detrás de estas obras es clara: reforzar la oferta renovable destinada a demanda corporativa, que viene traccionando la firma en los últimos años.
Pero el giro más interesante del 2026 no es solo sumar megavatios: es cambiar la “caja de herramientas” tecnológica. Hacia finales de 2026, Genneia prevé activar su primer sistema de almacenamiento con baterías (BESS) en Ingeniero Maschwitz, un proyecto asociado a la licitación ALMA GBA, diseñada para aliviar saturaciones críticas en nodos de alta tensión del AMBA. En esa compulsa, Genneia quedó dentro del grupo de adjudicatarios junto a otras compañías, en un paquete total de 667 MW y una inversión global superior a US$ 540 millones para reforzar confiabilidad en las redes de Edenor y Edesur mediante respuesta rápida.
La estrategia no termina en el AMBA. La industria ya mira la próxima licitación, ALMA-SADI, que buscaría replicar el modelo de almacenamiento en el resto del Sistema Argentino de Interconexión con 700 MW adicionales. A diferencia del esquema metropolitano, se enfocaría en nodos saturados del NOA, NEA y Patagonia, con contratos de abastecimiento a 15 años. Es un dato relevante para Río Negro y la región: el almacenamiento empieza a entrar en agenda como solución “rápida” para sostener la confiabilidad y habilitar más incorporación de renovables donde la red está al límite.
En paralelo, Genneia tiene en carpeta un proyecto que, por escala, apunta a convertirse en su “estrella”: el parque solar Mendoza Sur–Diamante, con 350 MW de capacidad inicial y una inversión estimada en US$ 300 millones, con potencial técnico de expansión hasta 500 MW en etapas posteriores. La firma analiza presentarlo bajo el RIGI, pero con una condición determinante: la viabilidad final depende de resolver la evacuación de energía, es decir, contar con nuevas obras de transmisión de extra alta tensión, como la línea Diamante–Charlone, para llevar esos electrones desde la zona de generación hasta los centros de consumo.
La discusión de fondo —y el cuello de botella que atraviesa todo el plan— es el mismo que hoy aparece una y otra vez en el sector eléctrico argentino: sin redes, no hay expansión sostenible, por más recursos naturales que existan. Por eso Genneia no solo compite por potencia instalada; compite por soluciones técnicas (baterías) y por condiciones de infraestructura (transmisión) que definan cuánta energía renovable puede efectivamente ingresar al sistema.
En ese mapa nacional, Río Negro aparece con una ventaja concreta: ya es territorio de operación eólica para Genneia. El Parque Eólico Pomona (Pomona I) —surgido del RenovAr 1.5— opera con 101,4 MW, a unos 10 km de Pomona, y se convirtió en una referencia provincial del “viento como industria”. La lectura para la provincia es directa: a medida que se destraben transmisión y nuevas tecnologías como almacenamiento, la Patagonia gana peso como reservorio de recursos renovables de primer nivel y como plataforma para abastecer demanda y contratos corporativos.





