A días de la apertura de ofertas para importar GNL, la posibilidad de que Gazprom participe volvió a colarse en la discusión energética. El dato aparece en un momento sensible: el Gobierno avanza con un nuevo esquema para que un privado concentre la compra y comercialización del gas licuado del invierno, pero lo hace con precios internacionales en alza, plazos ajustados y dudas operativas sobre cómo cubrir los primeros cargamentos.
La Argentina entró en la cuenta regresiva de una definición clave para atravesar el próximo invierno. El lunes 6 de abril se presentarán las ofertas de la licitación pública nacional e internacional con la que el Gobierno busca seleccionar a un comercializador privado para importar Gas Natural Licuado y vender el gas regasificado en el mercado interno, utilizando la capacidad de la terminal de Escobar. El esquema prevé la asignación plena de capacidad durante el período invernal, del 1 de abril al 30 de septiembre de 2026, aunque el contrato tendrá una duración de un año desde su firma.
La novedad de este proceso es doble. Por un lado, marca un cambio de criterio oficial: por primera vez desde 2008 el Estado no apunta a centralizar directamente toda la importación de GNL, sino a delegar esa tarea en un actor privado que actúe como agregador y comercializador. Por otro, esa transición se produce en un contexto mucho más exigente que el de años anteriores, con un mercado internacional tensionado y con menos margen de maniobra para equivocaciones.
En ese escenario reapareció un actor que durante los últimos años quedó afuera del abastecimiento argentino: Gazprom. Según publicó Minuto de Cierre, desde la órbita diplomática rusa no confirmaron una participación en la compulsa, pero tampoco la descartaron. La señal no es menor, porque vuelve a instalar una discusión que mezcla precio, geopolítica y seguridad de abastecimiento: si la Argentina, en un momento de fuerte presión estacional, está dispuesta a priorizar estrictamente competitividad económica o si seguirá condicionando parte de sus compras por el clima internacional y diplomático.
El trasfondo es delicado. La importación de GNL vuelve a ser necesaria porque, aun con el crecimiento de Vaca Muerta, la oferta local no alcanza para cubrir los picos de demanda invernal. El desafío este año es que la cobertura debe resolverse con un mercado externo más caro. Distintos medios especializados reportaron que el precio internacional del GNL se movió en la zona de los 21 a 22 dólares por millón de BTU, claramente por encima del promedio cercano a 12 dólares que se había pagado el año pasado. Ese salto encarece el costo de abastecimiento y reabre la discusión sobre cuánto de ese valor puede absorber el sistema y cuánto termina trasladándose a la economía doméstica.
A eso se suma el factor tiempo. El cronograma oficial fija la presentación de ofertas para el 6 de abril y, según reportes del sector, la selección del comercializador podría completarse recién hacia la segunda mitad del mes. Ese calendario choca con la ventana habitual de arribo de los primeros buques de invierno, que suele abrirse justamente por esas fechas. Por eso crecieron las versiones de que Energía Argentina podría terminar comprando, al menos, los primeros cargamentos para no correr riesgos de abastecimiento mientras se termina de ordenar el nuevo esquema. Esa posibilidad todavía no fue oficializada como definición final, pero ya aparece en la discusión del mercado como una alternativa concreta frente a la estrechez de los plazos.
La licitación, además, exige espalda financiera y operativa. El Boletín Oficial fijó una garantía de mantenimiento de oferta de 4 millones de dólares, y el adjudicatario deberá cerrar un contrato de servicios y acceso de uso con el titular o cesionario de la capacidad de la terminal. Es decir, no se trata solo de comprar barcos: el comercializador que gane deberá articular importación, regasificación y colocación del gas en el mercado interno bajo un esquema que el Gobierno presenta como más desregulado y eficiente.
En ese marco, la eventual reaparición de Gazprom no debería leerse solo como una curiosidad diplomática. También funciona como síntoma de una necesidad estructural: cuando llega el invierno, la Argentina sigue obligada a salir al mercado global a buscar moléculas para cerrar su balance energético. Y cuando ese mercado se encarece, el margen para seleccionar proveedores por afinidades políticas se achica y vuelve a pesar con más fuerza la variable precio. La mención a Gazprom, en ese sentido, expone una tensión de fondo entre pragmatismo comercial y alineamientos geopolíticos. La inferencia surge de la combinación entre la licitación abierta, el encarecimiento del GNL y la postura pública atribuida a fuentes rusas sobre una eventual participación competitiva.
Lo que está en juego no es menor. La importación de GNL sigue siendo una herramienta de respaldo para los días de mayor consumo, sobre todo cuando bajan las temperaturas y se dispara la demanda residencial. Por eso, más allá de quién termine ganando la compulsa, el proceso de este año será observado como una prueba para medir si la desintermediación estatal puede implementarse sin costos adicionales, sin demoras y sin comprometer el abastecimiento. En un invierno con precios más altos y con menos margen operativo, esa será la verdadera vara para evaluar el nuevo esquema.





