Un informe del banco sostiene que la demanda estructural —sobre todo de bancos centrales— y una oferta minera poco elástica pueden volver a empujar al metal precioso. En el mercado, el oro viene de sufrir su peor baja diaria en décadas, pero sigue arriba de los niveles de comienzos de año.
Minería & Desarrollo publicó que JPMorgan mantiene una proyección fuertemente alcista para el oro y ubica el precio potencial en US$ 6.300 por onza hacia fines de 2026, aun después de la fuerte corrección que sacudió al mercado a fines de enero.
El contexto importa: el metal venía de marcar máximos históricos por encima de US$ 5.500 y, en cuestión de horas, registró una caída cercana al 10% el 30 de enero, el retroceso diario más profundo desde 1983, en un movimiento que también arrastró con fuerza a la plata. Con ese reacomodamiento, el oro pasó a moverse nuevamente por debajo de los US$ 5.000 y, en las últimas horas, rondó la zona de US$ 4.900 por onza en precios de referencia en tiempo real.
Según el enfoque del banco, el driver principal no es “la foto” de una rueda volátil, sino la demanda estructural: el oro se sigue comprando como cobertura y diversificador en carteras institucionales, y el soporte más consistente vendría de los bancos centrales, que continúan incrementando reservas del metal. En esa línea, trascendió que el banco proyecta compras oficiales en torno a 800 toneladas durante 2026.
Esa idea se apoya en datos recientes del propio mercado: el World Gold Council informó que las compras netas de bancos centrales en 2025 llegaron a 863 toneladas (niveles históricamente altos) y que la inversión en oro también mostró un salto fuerte, en un año en el que la demanda global total tocó un récord.
En paralelo, el informe remarca un punto clave para entender por qué una previsión tan agresiva no se “apaga” con un derrumbe puntual: la oferta minera no reacciona rápido. En un escenario donde la demanda se sostiene y la producción tarda en ampliarse (por plazos de exploración, permisos y construcción), el precio puede retomar tendencia con mayor facilidad una vez que se estabiliza la volatilidad financiera.
Detrás del sacudón de enero, analistas citados en el mercado señalaron que influyeron eventos de política monetaria en Estados Unidos, además de ajustes técnicos como cambios en exigencias de margen en futuros, que suelen amplificar movimientos cuando el posicionamiento estaba muy cargado. En ese marco, la lectura de JPMorgan es que, pese al ruido del corto plazo, el oro conserva el rol de activo refugio y podría volver a escalar si continúan los incentivos a la dolarización “real” (activos duros) y la diversificación de reservas a nivel global.





