La Provincia aseguró que la norma ya comenzó a aplicarse en obras estratégicas y puso como caso testigo al proyecto Duplicar Norte. El objetivo es que ocho de cada diez puestos queden en manos de trabajadores rionegrinos y que las inversiones también dejen capacidad instalada en formación y desarrollo local.
Río Negro empezó a exhibir los primeros resultados de una de las herramientas con las que busca que las grandes inversiones no pasen de largo por el territorio, sino que dejen trabajo concreto en las comunidades. Se trata de la Ley 80/20 de Empleo Rionegrino, la norma que establece que en los proyectos estratégicos que se desarrollen en la provincia, ocho de cada diez puestos laborales deben ser ocupados por trabajadores rionegrinos.
Desde el Gobierno provincial señalaron que la ley ya se está aplicando en iniciativas de escala y pusieron como ejemplo al proyecto Duplicar Norte, una obra vinculada al desarrollo energético que conecta Neuquén con Catriel y se extiende hacia Allen. Según la secretaria de Trabajo, María Martha Avilez, la implementación de la norma “está funcionando muy bien” y atraviesa una experiencia fuerte en ese frente de obra, que hoy aparece como uno de los primeros casos concretos para medir el impacto de la política de empleo local.
El punto central de esta legislación es claro: que los grandes proyectos que avanzan en Río Negro no solo generen movimiento económico e infraestructura, sino también oportunidades laborales directas para la población de la provincia. En otras palabras, que la expansión energética, minera o de obras asociadas tenga un correlato real en el mercado laboral rionegrino y no dependa mayoritariamente de mano de obra llegada desde afuera. Esa es la lógica que el Gobierno busca consolidar en esta etapa.
Pero la aplicación de la ley abre además otro debate clave: el de la formación. La propia Provincia reconoció que para cumplir de manera efectiva con ese esquema no alcanza con fijar un cupo. También es necesario anticipar qué perfiles se van a demandar, en qué volumen y en qué localidades, para poder preparar a los trabajadores rionegrinos antes de que se activen las búsquedas laborales. Por eso, el planteo oficial apunta a un esquema articulado entre el Estado, los gremios y el sector privado.
Esa articulación aparece como una de las claves del modelo. La idea es que las empresas informen con tiempo qué tipo de trabajadores necesitarán y que, a partir de esa información, se diseñen estrategias de capacitación concretas. El objetivo no es solo cubrir la demanda inmediata de una obra, sino también dejar capacidades instaladas en la provincia para futuras etapas de desarrollo.
En esa línea, Avilez también advirtió que no todos los jóvenes eligen incorporarse de manera directa a las obras principales, por lo que la estrategia oficial contempla salidas laborales complementarias en actividades indirectas que crecen alrededor de los grandes proyectos. Entre ellas mencionó áreas como logística, transporte, turismo y gastronomía, sectores que suelen acompañar los movimientos de inversión y que pueden transformarse en una puerta de ingreso al mercado de trabajo para muchas comunidades.
La Provincia también dejó planteado un criterio importante para los casos en los que la demanda laboral requiera perfiles muy especializados que hoy no existan en cantidad suficiente dentro de Río Negro. En esas situaciones, las empresas pueden justificar la incorporación de personal foráneo, pero bajo una condición: avanzar junto con el Estado en programas de formación que permitan generar esos perfiles en la provincia en un plazo relativamente corto. El mensaje político detrás de esa definición es que la excepción técnica no puede convertirse en regla permanente.
Uno de los ejemplos concretos que ya empezó a tomar forma en este esquema involucra al grupo Techint, que junto con el Gobierno provincial lanzó dos programas de formación vinculados al proyecto Duplicar Norte en Catriel, orientados al montaje eléctrico y al montaje mecánico. De acuerdo con la información oficial, ya hay más de 100 inscriptos, en su mayoría jóvenes, lo que el Ejecutivo provincial interpreta como una señal positiva del impacto social que pueden tener estas políticas cuando se conectan capacitación y empleo.
Para Río Negro, el trasfondo de esta discusión es más amplio que una sola obra o una sola norma. La provincia atraviesa una etapa en la que se multiplican proyectos vinculados a energía, minería e infraestructura, y la gran pregunta es cuánto de ese proceso logrará traducirse en empleo local, formación de mano de obra y desarrollo para las ciudades involucradas. La Ley 80/20 busca justamente intervenir en ese punto sensible: que el crecimiento no se mida solo en inversiones anunciadas, sino también en oportunidades concretas para los rionegrinos.
En ese sentido, los primeros movimientos alrededor de Duplicar Norte funcionan como una prueba inicial de una política que seguramente irá ganando peso a medida que entren en escena nuevas obras y proyectos de mayor escala. Para la Provincia, el desafío no será únicamente controlar porcentajes, sino sostener un sistema capaz de vincular empleo, capacitación y previsión productiva. Ahí es donde la ley se jugará su verdadera eficacia.





