El ministro de Desregulación planteó la posibilidad de avanzar con estaciones móviles para vender combustibles. “Sueño con un camión con acoplado que sea una estación de servicio”, dijo durante la Cumbre de Estaciones de Servicio. La propuesta abre un debate sobre seguridad, competencia, regulación y nuevos formatos de abastecimiento.
La posibilidad de cargar nafta o gasoil sin pasar por una estación de servicio tradicional volvió a meterse en la agenda energética argentina. El tema fue reactivado por el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, durante la Cumbre de Estaciones de Servicio realizada en Buenos Aires, ante más de 700 referentes del sector.
“Sueño con un camión con acoplado que sea una estación de servicio”, afirmó el funcionario, según publicó el portal especializado Surtidores.com.ar .La frase impactó de lleno en una actividad que atraviesa un proceso de cambios regulatorios, nuevas tecnologías y discusiones sobre cómo debe evolucionar el expendio de combustibles en el país.
La idea apunta a permitir unidades móviles capaces de abastecer vehículos fuera de las bocas tradicionales. En términos prácticos, implicaría llevar el combustible hasta el usuario, una empresa, una flota o un punto operativo, en lugar de que el vehículo deba trasladarse hasta una estación de servicio.
Según la misma publicación, Sturzenegger también mencionó la posibilidad de iniciar una prueba piloto en Córdoba durante los próximos días, vinculada al movimiento generado por la final del campeonato local de fútbol. Por ahora, no hay detalles formales sobre el alcance operativo, las condiciones de seguridad ni el esquema de habilitación que tendría una experiencia de ese tipo.
La propuesta no es nueva. Años atrás, en Mar del Plata, se intentó implementar un servicio de carga móvil mediante una unidad con capacidad para unos 2.500 litros. El sistema permitía solicitar combustible por aplicación o por teléfono, y el camión acudía al punto indicado para completar el tanque del vehículo. La experiencia despertó interés, pero fue objetada por cámaras empresarias y luego inhabilitada por falta de encuadre oficial para operar como distribuidor y cargar vehículos en la vía pública.
El punto más sensible sigue siendo la seguridad. El expendio de combustibles requiere protocolos estrictos, trazabilidad, equipamiento habilitado, capacitación del personal, seguros, fiscalización y condiciones operativas que reduzcan riesgos durante la carga. Una cosa es transportar combustible; otra, muy distinta, es despacharlo en la calle, en un domicilio, en una playa de estacionamiento o en un evento masivo.
También aparece una discusión de competencia. Las estaciones de servicio tradicionales deben cumplir exigencias de inversión, habilitación, infraestructura, controles ambientales, normas de seguridad y obligaciones laborales. Por eso, una eventual apertura al abastecimiento móvil debería definir si esos nuevos operadores tendrán las mismas exigencias o un régimen diferenciado.
El modelo ya tiene antecedentes más controlados en el segmento corporativo. YPF desarrolló el servicio Filler, orientado a empresas de transporte y flotas, con cargas programadas y operación en puntos previamente asignados. La petrolera lo presenta como una herramienta para reducir tiempos muertos, evitar filas y mejorar la gestión diaria de vehículos.
La diferencia es clave. Abastecer flotas dentro de predios operativos, con horarios definidos y protocolos cerrados, no implica los mismos riesgos que habilitar un sistema abierto para usuarios particulares. Por eso, el debate de fondo no pasa solo por la innovación tecnológica, sino por el marco regulatorio que debería ordenar la actividad.
La propuesta se inscribe dentro de una agenda más amplia de desregulación del mercado de combustibles. En la misma Cumbre, Sturzenegger expuso sobre autodespacho, estaciones móviles y nuevas reglas de juego para el sector, en un escenario donde el Gobierno busca flexibilizar normas y habilitar formatos más eficientes.
Para la Patagonia, el tema tiene una lectura particular. En territorios extensos, con largas distancias, baja densidad poblacional en muchas zonas, actividad hidrocarburífera, minería, transporte de cargas y servicios asociados a Vaca Muerta, los nuevos formatos de abastecimiento podrían tener utilidad concreta. Pero esa oportunidad también exige reglas claras: el combustible no es una mercadería común y su expendio requiere control técnico, ambiental y operativo.
En provincias como Río Negro, Neuquén y Chubut, donde la logística pesa cada vez más en la matriz productiva, una estación móvil podría ser una solución para flotas, empresas de servicios, zonas industriales, obras, yacimientos o proyectos alejados de los centros urbanos. Sin embargo, una implementación masiva sin controles podría abrir riesgos de seguridad y competencia despareja.
Por ahora, la nafta a domicilio sigue más cerca del debate regulatorio que de una aplicación inmediata a gran escala. Pero la señal política ya fue dada. Con una frase directa, Sturzenegger volvió a poner sobre la mesa una idea que parecía archivada y que ahora podría encontrar una nueva oportunidad dentro del proceso de desregulación del mercado energético argentino.





