Durante la presentación de su libro en la AOG Patagonia 2026, Jorge Sapag reveló cómo un viaje a Canadá en 2007, cuando Neuquén atravesaba una profunda crisis hidrocarburífera, terminó cambiando el destino de la provincia y sentando las bases de uno de los principales motores de la economía argentina. Fue en Alberta donde recibió gratuitamente conocimientos fundamentales para desarrollar Vaca Muerta, cuya producción hoy sostiene buena parte de las expectativas de crecimiento y recuperación económica del país. Con testimonios, anécdotas y cifras, el exgobernador reconstruyó aquella historia, defendió las decisiones políticas que hicieron posible el shale y respondió a los principales mitos sobre el fracking y su impacto ambiental.
La historia de Vaca Muerta tiene un capítulo que comienza a miles de kilómetros de Neuquén, en Calgary, una ciudad de la provincia canadiense de Alberta. Allí, en 2007, Jorge Sapag llegó buscando inversiones para una provincia que atravesaba una profunda crisis hidrocarburífera. No consiguió el dinero que esperaba, pero recibió algo que, casi veinte años después, considera mucho más valioso: los conocimientos que ayudaron a hacer posible el desarrollo no convencional argentino.
“Si hoy Vaca Muerta se desarrolla en la provincia de Neuquén, es porque la provincia de Alberta, que es provincia hermana de Neuquén, nos dio gratis todos los conocimientos”, expresó el exgobernador durante la presentación de su libro Vaca Muerta. Tesoro y faro para la Argentina, realizada este martes 20 de octubre en la AOG Patagonia 2026.
La actividad, moderada por el periodista Cristian Navazo, fue mucho más que una presentación editorial. Sapag reconstruyó las decisiones que transformaron una formación geológica conocida desde hacía décadas en uno de los principales motores económicos de la Argentina. Hubo agradecimientos, anécdotas, historias familiares, controversias políticas, cifras sobre el ambiente y una particular reflexión final sobre el destino de la Patagonia.

Alberta y el hombre que le dio a Sapag el consejo más importante
Sapag recordó que en 2007, cuando fue elegido gobernador, Neuquén tenía un presupuesto de aproximadamente 1.000 millones de dólares, gastos por 1.200 millones y una deuda acumulada de 800 millones. A esa situación se sumaba la declinación de la producción convencional de petróleo y gas.
Convencido de que era necesario encontrar nuevas oportunidades, organizó un viaje a Canadá y Estados Unidos, financiado por los propios integrantes de la delegación y con el acompañamiento de la embajada canadiense.
En Calgary realizó una presentación ante empresarios para mostrar el potencial neuquino. Sin embargo, al terminar se acercó Benigno Rojas, integrante de la Cámara Argentino-Canadiense, con una advertencia: difícilmente conseguiría inversiones porque las compañías norteamericanas estaban concentradas en desarrollar sus propios recursos no convencionales.
Pero Rojas le hizo una recomendación que Sapag nunca olvidó.
“Usted no se va a llevar inversiones, pero ¿por qué no se queda unos días? Usted se va a llevar conocimientos que son más importantes a veces que dinero”.
Sapag aceptó el consejo. Permaneció en Alberta y comenzó a conocer las tecnologías, experiencias operativas y regulaciones ambientales que estaban transformando la industria norteamericana.
Según relató, las autoridades canadienses pusieron gratuitamente a disposición de Neuquén documentación técnica y normativa vinculada con la explotación de hidrocarburos no convencionales.
Entre esos antecedentes se encontraban criterios para la locación seca, el manejo de residuos y la gestión del agua utilizada en las operaciones de fractura hidráulica. Esos conocimientos contribuyeron posteriormente al desarrollo regulatorio neuquino, reflejado en normas como las leyes provinciales 2600 y 2666.
Sapag destacó que aquella cooperación no surgió de la nada. Neuquén y Alberta mantenían una relación de hermandad iniciada más de treinta años atrás, durante la gobernación de su tío Felipe Sapag.
En uno de los momentos más emotivos de la presentación, invitó al escenario a Benigno Rojas y agradeció especialmente la presencia de los representantes canadienses Christopher y Lisa, a quienes entregó ejemplares del libro y pidió que transmitieran su reconocimiento a las autoridades de Alberta.
“Si hoy Vaca Muerta se desarrolla en la provincia de Neuquén, es porque la provincia de Alberta, que es provincia hermana de Neuquén, nos dio gratis todos los conocimientos”.
La dimensión de aquel gesto se comprende mejor al observar el presente. Neuquén pasó de una producción convencional en declive a convertirse en el centro de uno de los desarrollos de shale más importantes fuera de Norteamérica. Cuenta con miles de pozos no convencionales y sostiene buena parte del crecimiento de la producción argentina de petróleo y gas.
El regalo canadiense no fue una inversión económica ni un yacimiento descubierto. Fue conocimiento que Neuquén logró incorporar y adaptar, y que, junto con posteriores inversiones y decisiones empresariales y políticas, permitió convertir el potencial geológico en una realidad productiva.

“Me enamoré de una piedra”: una historia familiar detrás de Vaca Muerta
Durante la exposición, Sapag sorprendió al auditorio mostrando una roca extraída por YPF a unos 2.600 metros de profundidad.
Explicó que Vaca Muerta tiene aproximadamente 140 millones de años y se originó en un antiguo ambiente marino, donde la acumulación de materia orgánica permitió la generación de hidrocarburos.
También exhibió fósiles marinos y muestras de petróleo de diferentes características para explicar la diversidad geológica de la región.

En aquel ambiente se acumularon sedimentos finos, restos de organismos marinos y materia orgánica que, después de millones de años de enterramiento y transformaciones geológicas, dieron origen a los hidrocarburos.
Pero detrás de aquella fascinación había una historia familiar.
Su padre, Elías, y sus tíos Felipe, Amado y José fundaron en 1933 Sapag Hermanos, una empresa dedicada durante décadas a la minería de minerales como baritina, bentonita y carbonato de calcio.
Por eso, cuando en Canadá le explicaron que podían extraerse petróleo y gas de una roca compacta, se entusiasmó inmediatamente.
“Cuando me hablaban de una piedra que generaba gas y petróleo, yo enseguida me enamoré y tomé la idea porque dije: ‘Aquí está la salida de la provincia de Neuquén’”.
Sapag recordó además que el nombre Vaca Muerta fue utilizado en 1932 por el geólogo estadounidense Charles Edwin Weaver, en referencia a las sierras homónimas de la zona de Zapala.
La formación era conocida desde hacía décadas. Lo que faltaba era demostrar que sus hidrocarburos podían producirse comercialmente mediante nuevas tecnologías.
Las áreas que nadie quería y que terminaron valiendo millones
Uno de los relatos más ilustrativos estuvo relacionado con la licitación Nuevos Horizontes, impulsada en 2008, cuando Neuquén ofreció 22 áreas para exploración.
Dos quedaron completamente desiertas: Bajo del Choque y La Invernada. Ninguna empresa quiso asumir inicialmente el riesgo de explorarlas.
En 2010, Sapag viajó a Dallas para negociar con ExxonMobil, compañía que había adquirido XTO Energy, especializada en perforación horizontal y desarrollo no convencional.
Según explicó, aquellas negociaciones derivaron en compromisos iniciales de inversión por aproximadamente 400 millones de dólares y participación de la empresa provincial Gas y Petróleo del Neuquén.
Años después, ExxonMobil vendió sus activos argentinos a Pluspetrol mediante una operación valuada en alrededor de 1.800 millones de dólares.
Sapag utilizó ese contraste para mostrar cómo cambió el valor de las áreas cuando comenzó a demostrarse su potencial productivo.
También mencionó que Pluspetrol pasó de producir unos 6.000 a 50.000 barriles diarios y proyectó alcanzar los 100.000 barriles el próximo año.
Sin embargo, reconoció que los primeros pasos estuvieron acompañados de frustraciones, como ocurrió con un pozo exploratorio de Apache cerca de Zapala que despertó expectativas, pero no alcanzó los resultados esperados.
La experiencia demostró que Vaca Muerta no presenta la misma productividad en toda su extensión.
Sapag recordó también a geólogos y empresarios de compañías como Apache, Shell, Total, ExxonMobil y Repsol. Entre las anécdotas destacó una conversación con Mark Papa, de EOG Resources, quien en 2009 le expresó: “Gobernador, me enamoré de Vaca Muerta, es una roca maravillosa”.
Chevron y el costo electoral de pensar en las próximas generaciones
Otro capítulo central fue el acuerdo entre YPF y Chevron para desarrollar Loma Campana en 2013.
Sapag recordó que la negociación generó fuertes controversias políticas y cuestionamientos por las condiciones contractuales, las cláusulas de confidencialidad y los antecedentes ambientales internacionales de Chevron.
Reconoció que defender aquella decisión tuvo consecuencias electorales, pero reivindicó la necesidad de impulsar políticas cuyos resultados excedan los períodos de gobierno.
“Dicen que los políticos piensan en la próxima elección; lo que los gobernantes tienen que hacer es pensar en la próxima generación. Nosotros pensamos en las próximas generaciones porque sabíamos que podíamos perder una elección y la perdimos”.
El exgobernador vinculó aquella derrota con el debate político sobre el acuerdo, aunque defendió sus resultados posteriores.
Según detalló, Loma Campana acumuló inversiones cercanas a los 9.000 millones de dólares y alcanzó niveles de producción de entre 90.000 y 100.000 barriles diarios.
También recordó que el proceso estuvo acompañado por decisiones legislativas provinciales, entre ellas la Ley 2867, vinculada con el desarrollo de Loma Campana, y posteriormente por modificaciones nacionales como la Ley 27007.
Los mitos del fracking: el agua, el ambiente y los datos de Sapag
Uno de los pasajes más intensos de la exposición llegó cuando Sapag abordó los cuestionamientos ambientales.
El exgobernador rechazó lo que considera una falsa oposición entre el desarrollo de hidrocarburos y la protección del ambiente. Su argumento fue que ambos objetivos deben compatibilizarse mediante tecnología, regulación y controles.
Para responder a las críticas sobre el consumo de agua, presentó cifras referidas a los ríos Neuquén y Limay.
Según explicó, alrededor del 80% del caudal del río Neuquén y el 90% del Limay terminan llegando al océano. Sostuvo además que las necesidades hídricas de la fractura hidráulica representan una proporción relativamente pequeña frente a esos volúmenes, mencionando valores de entre el 5% y el 8% durante su exposición.
Con esas estimaciones buscó cuestionar la idea de que la expansión del fracking necesariamente agotaría los recursos hídricos regionales.
Las cifras fueron presentadas por Sapag como parte de su argumentación. No obstante, la disponibilidad de agua para uso industrial también depende de los caudales estacionales, los usos existentes, la calidad del recurso y las necesidades ambientales de cada cuenca.
En ese sentido, el exgobernador recordó que entre los conocimientos incorporados desde Alberta estaban precisamente las normas sobre gestión del agua, locación seca y prácticas destinadas a reducir impactos ambientales.
Calentamiento global: cuánto contamina Argentina y qué papel tendrá el gas
Sapag también presentó cifras para analizar la participación argentina en el calentamiento global.
Durante la exposición sostuvo que el país representa aproximadamente el 1% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, frente a porcentajes que situó en 33% para China, 17% para India y 14% para Estados Unidos.
Su argumento fue que la Argentina tiene una participación relativamente reducida en las emisiones globales y que debe aprovechar sus recursos energéticos sin abandonar los compromisos ambientales.
Los porcentajes mencionados por Sapag reflejan su exposición, aunque difieren de los registros internacionales comparables. El informe EDGAR de la Comisión Europea para 2024 estimaba aproximadamente 29% para China, 11% para Estados Unidos y 8% para India, mientras Argentina se ubicaba por debajo del 1%.
El exgobernador también destacó la importancia de las áreas protegidas patagónicas y mencionó aproximadamente cuatro millones de hectáreas de parques nacionales, contrastándolas con la pérdida de millones de hectáreas de bosques que ocurre cada año en el mundo.
Respecto de la transición energética, estimó que el proceso podría extenderse entre 30 y 50 años.
Señaló que la creciente demanda eléctrica de la inteligencia artificial, los centros de datos y la minería de criptomonedas plantea nuevos desafíos para el abastecimiento mundial.
En ese contexto, defendió el papel del gas natural para sustituir generación eléctrica basada en carbón, que presenta mayores emisiones directas de dióxido de carbono por unidad de electricidad producida.
Para Sapag, Vaca Muerta puede contribuir a ese proceso, aunque el beneficio climático dependerá también del control de las emisiones de metano y de las condiciones de producción y transporte.
El horizonte de 2035: dos millones de barriles y exportaciones millonarias
Al analizar el futuro, Sapag aseguró que Neuquén había alcanzado los 700.000 barriles diarios de petróleo y proyectó que podría llegar a una meseta de dos millones de barriles diarios hacia 2035.
En materia gasífera, planteó la posibilidad de duplicar o triplicar la producción hasta alcanzar alrededor de 250 millones de metros cúbicos diarios.
Con inversiones e infraestructura suficientes, estimó que la Argentina podría generar exportaciones energéticas por unos 50.000 millones de dólares anuales hacia 2035.
Se trata de proyecciones sujetas a las condiciones de mercado, el financiamiento y el desarrollo de infraestructura.
Sapag también mencionó unos 5.000 pozos no convencionales en Neuquén y un escenario de 600 nuevos pozos y 36.000 etapas de fractura para el próximo año.
El crecimiento implica desafíos logísticos. Según sus estimaciones, la industria consume alrededor de siete millones de toneladas de arena de fractura anuales y podría necesitar entre 15 y 20 millones.
Además, destacó la presión demográfica que enfrenta Neuquén y la necesidad de ampliar rutas, servicios, viviendas y formación profesional.
Al cuestionar una propuesta de trasladar masivamente población desde el conurbano bonaerense, utilizó una expresión que llamó la atención del auditorio:
“Si quieren encontrar Vaca Muerta se van a tener que tomar un ascensor de 2.600 metros de profundidad… No se trata de trasladar el problema, sino de preparar mano de obra técnica y profesional”.
La riqueza petrolera y la advertencia que le hizo Pepe Mujica
Sapag también abordó una de las grandes discusiones alrededor de Vaca Muerta: quiénes se benefician de la renta hidrocarburífera.
Según sus estimaciones, aproximadamente el 40% de la facturación bruta del petróleo y el gas termina llegando a distintas tesorerías públicas mediante impuestos, regalías y mecanismos fiscales.
Sostuvo que esos ingresos no benefician exclusivamente a Neuquén, sino que contribuyen al financiamiento de la Nación, las provincias y, directa o indirectamente, los aproximadamente 3.600 municipios argentinos.
También destacó que el presupuesto neuquino pasó de unos 1.000 millones de dólares en 2007 a cerca de 6.000 millones actuales, y mencionó inversiones en escuelas, hospitales, viviendas y rutas.
Sin embargo, advirtió que disponer de abundantes recursos naturales no garantiza automáticamente el progreso social.
Para ilustrarlo, recordó una conversación mantenida en 2011 con el entonces presidente uruguayo José Mujica, junto al empresario Alejandro Bulgheroni.
Según relató, Mujica le hizo una advertencia que nunca olvidó:
“¿Me deja ser sincero, Jorge? Usted está en problemas, porque esta riqueza en el mundo genera guerras, y usted no la tiene en la tesorería, la tiene a 2.500 metros de profundidad. Va a tener que trabajar mucho para que genere progreso social y no vivir de rentas”.
Sapag utilizó aquella reflexión para defender los fondos anticíclicos, la educación y la diversificación productiva, tomando como referencia experiencias de administración de riqueza energética como la de Noruega.
Para el exgobernador, el verdadero desafío no consiste únicamente en extraer hidrocarburos, sino en transformar esos ingresos en oportunidades duraderas para la sociedad.
George Mitchell y el conocimiento que Argentina también comenzó a exportar
Antes de finalizar, Sapag dedicó un reconocimiento a George Mitchell, el empresario estadounidense que contribuyó decisivamente al desarrollo comercial de la fractura hidráulica en formaciones de baja permeabilidad durante la década de 1990.
“George Mitchell no sabía que iba a terminar siendo filántropo también de Argentina, porque esa tecnología la tuvimos gratis… y eso elevó nuestra curva de conocimiento tanto que hoy los argentinos exportamos conocimientos”.
También mencionó a Harold Hamm, fundador de Continental Resources, como otro referente del desarrollo no convencional estadounidense.
Su reflexión volvió al punto de partida: el acceso al conocimiento internacional permitió formar profesionales, técnicos y trabajadores argentinos que hoy participan de una industria con capacidades reconocidas más allá de las fronteras del país.
Las dos profecías y un cierre que le dio sentido al libro
El cierre de la presentación tuvo un tono diferente.
Después de recorrer casi veinte años de decisiones políticas, inversiones, dificultades y avances tecnológicos, Cristian Navazo invitó a Sapag a compartir dos referencias históricas que aparecen en su libro y que el exgobernador vinculó con el destino energético de la Patagonia.
La primera fue una frase atribuida a San Juan Bosco, el sacerdote italiano que, sin haber visitado la región, habría escrito en 1880:
“Patagonia, Patagonia, ¿cuántos ríos de petróleo surcarán por tus venas?”.
La segunda resultó todavía más particular.
Sapag recordó una psicografía atribuida al artista argentino Benjamín Solari Parravicini, fechada en 1942.
Según su relato, el dibujo representaba a la provincia de Neuquén con un orificio en el centro, acompañado por las palabras Mundo, Mar, Minas, Copa y Huevo.
Pero lo más llamativo era el texto que acompañaba aquella imagen:
“Después de la prueba, el sur argentino hablará en triunfo, Neuquén, brújula de brújulas… un faro para la Argentina”.
Ambas referencias fueron recuperadas por Sapag como relatos simbólicos que relacionó con el presente energético regional, no como predicciones históricamente verificadas.
Y allí apareció el sentido del título de su libro.
Para el exgobernador, Vaca Muerta es un tesoro por la riqueza que permanece bajo tierra, pero también puede convertirse en un faro por las oportunidades que representa para el futuro argentino.
Sapag explicó que no escribió la publicación con la intención de perpetuar su figura política. Quiso dejar testimonio de un proceso que involucró a gobiernos, empresarios, científicos, técnicos y trabajadores, y expresar la satisfacción de observar los resultados de decisiones tomadas muchos años atrás.
La presentación había comenzado con el recuerdo de un viaje a Canadá para buscar inversiones y terminó con una reflexión sobre el destino de la Patagonia.
Entre ambos momentos quedó una historia atravesada por la cooperación internacional, la transferencia tecnológica, las decisiones políticas y la convicción de que los recursos naturales necesitan conocimientos e inversiones para convertirse en desarrollo.
Aquel consejo de Benigno Rojas en Calgary, cuando Neuquén todavía buscaba cómo revertir su declinación petrolera, terminó siendo una de las mejores síntesis de la jornada:
“Usted se va a llevar conocimientos que son más importantes a veces que dinero”.
Casi veinte años después, con Vaca Muerta convertida en una realidad productiva y con proyectos de exportación capaces de modificar la economía argentina, Jorge Sapag volvió a agradecer a Alberta por aquel regalo.
Y eligió despedirse recuperando una frase atribuida a Parravicini que resume la mirada con la que observa el presente y el futuro de su provincia:
“Después de la prueba, el sur argentino hablará en triunfo, Neuquén, brújula de brújulas… un faro para la Argentina”.





