Energía 360

  • Quiénes somos
  • Contacto
  • Instagram
  • Facebook
  • YouTube
  • Spotify
  • X

EN
ES
PT

EN
ES
PT

  • Energía
  • Minería
  • Oil & Gas
  • Opinión
  • Energía
  • Minería
  • Oil & Gas
  • Opinión
Oil & gas

Vaca Muerta acelera su ciclo inversor: proyectan hasta US$ 90.000 millones en cinco años para sostener el salto exportador

Nicolás Muñoz

Imagen del autor

Por

abril 17, 2026
Escuchar artículo

El shale neuquino entró en una etapa de escala industrial y las petroleras ya hablan de un ciclo de inversiones sin antecedentes recientes. La apuesta combina más perforación, infraestructura de evacuación y capacidad exportadora. El desafío ya no pasa solo por producir más, sino por construir a tiempo los ductos, puertos y proyectos de GNL que le permitan a la Argentina transformar ese potencial en divisas.

Vaca Muerta dejó de ser apenas una promesa geológica para transformarse en un proyecto de escala industrial que empieza a exigir otra dimensión de capital, infraestructura y coordinación público-privada. En ese nuevo escenario, distintas estimaciones privadas difundidas en las últimas semanas ubican el volumen de inversiones necesarias en un rango que va desde unos US$ 90.000 millones en los próximos cinco años hasta US$ 130.000 millones hacia 2031, según el horizonte temporal y el escenario de expansión considerado. La magnitud de esas cifras refleja que el desarrollo no convencional entró en una fase distinta: ya no se discute solamente el potencial de la roca, sino la velocidad con la que la Argentina pueda convertir ese recurso en exportaciones concretas.

La señal más fuerte llegó de boca del presidente de YPF, Horacio Marín, quien planteó en marzo que de acá a 2031 Vaca Muerta demandará alrededor de US$ 130.000 millones en inversiones. En paralelo, la Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos presentó escenarios hacia 2035 en los que la producción petrolera podría escalar hasta 1,6 millones de barriles por día y la de gas prácticamente duplicarse, siempre que se sostengan las obras de transporte, procesamiento y salida al exterior. El mensaje del sector es claro: la ventana existe, pero para aprovecharla hará falta mucho más que una mejora en la productividad de los pozos.

Ese cambio de escala también empieza a verse en las proyecciones de comercio exterior. Un escenario difundido esta semana por medios económicos a partir de estimaciones sectoriales ubica las exportaciones energéticas en torno a US$ 40.074 millones hacia 2030, frente a los US$ 11.100 millones registrados en 2025. En otras palabras, la industria imagina un salto de casi cuatro veces en apenas 5 años, con un saldo comercial ampliamente superavitario si el país logra ampliar la infraestructura crítica. La ecuación es sencilla de describir, aunque compleja de ejecutar: más crudo y más gas sólo se transforman en dólares si existen ductos, plantas, terminales y reglas de juego capaces de acompañar el crecimiento.

En ese tablero, la Patagonia norte aparece cada vez con más nitidez como territorio estratégico. Neuquén concentra el corazón productivo del shale, pero Río Negro gana centralidad como plataforma de salida para el petróleo y el gas que buscan mercados externos. En el caso del crudo, el crecimiento de Vaca Muerta exige ampliar la capacidad de evacuación y consolidar obras como VMOS, el oleoducto que apunta a convertir a la costa rionegrina en una terminal exportadora de gran escala. En el caso del gas, el salto dependerá de gasoductos dedicados y de los proyectos de GNL en el Golfo San Matías, que son los que pueden darle a la Argentina un canal de exportación de mayor volumen y horizonte más largo. La discusión, entonces, ya no es solo neuquina: también se juega en la infraestructura energética y portuaria que Río Negro busca desarrollar.

Los números recientes ayudan a explicar por qué la industria se anima a proyectar semejante expansión. A comienzos de este año, Vaca Muerta ya mostraba niveles récord de producción, con un aporte decisivo al crecimiento del petróleo argentino y al reequilibrio de la balanza energética. Datos difundidos en enero mostraban que la formación explicaba alrededor de dos tercios de la producción nacional de crudo, mientras Neuquén superaba por primera vez el umbral de los 600.000 barriles diarios. Ese desempeño fortaleció la idea de que el país puede entrar en una nueva etapa exportadora, aunque también dejó al descubierto que la próxima restricción no será geológica, sino logística, financiera y regulatoria.

Por eso, el debate en torno a Vaca Muerta se está desplazando. Durante años el foco estuvo puesto en bajar costos de perforación, mejorar tiempos de fractura y ganar productividad en el pozo. Esa etapa no desapareció, pero ahora convive con otra agenda: financiamiento, infraestructura de midstream, acceso a servicios especiales, estabilidad macroeconómica y previsibilidad regulatoria. En términos simples, el shale argentino ya probó que puede producir; el interrogante es si podrá escalar lo suficientemente rápido como para capturar una ventana internacional que no será eterna.

El telón de fondo internacional también empuja. La tensión geopolítica y la búsqueda de proveedores confiables de energía mejoraron la percepción sobre el potencial exportador argentino. Pero esa oportunidad no garantiza resultados automáticos. La propia industria viene advirtiendo que, incluso en escenarios favorables, sin ampliación de capacidad de transporte y sin continuidad en las inversiones el crecimiento puede encontrar un techo prematuro. En ese punto, el desafío argentino pasa por no desperdiciar una coyuntura que combina recurso abundante, productividad creciente y demanda externa por hidrocarburos y GNL.

Más allá del número exacto —US$ 90.000 millones en cinco años o US$ 130.000 millones hacia 2031—, lo relevante es que el sector ya habla de un volumen de capital que ubica a Vaca Muerta en otra liga. La magnitud de ese salto obliga a pensar el desarrollo no convencional como una política de escala país, con impacto directo en producción, exportaciones, empleo, servicios y obras estratégicas. Y para la Patagonia, especialmente para Neuquén y Río Negro, eso abre una etapa en la que el negocio deja de medirse solo en barriles o metros cúbicos y empieza a jugarse también en puertos, ductos, contratos, proveedores y capacidad de convertir el boom energético en desarrollo territorial sostenido.

Con datos de Clarín.

argentina Energía 360 GNL hidrocarburos inversiones Neuquén Río NEgro vaca muerta VMOS

Más noticias

  • Oil & gas

    17 de julio de 2026

    Nueva capacitación en Soldadura por Arco en Sierra Grande

  • Minería, Uncategorized

    17 de julio de 2026

    Controles ambientales en canteras de arenas silíceas del Alto Valle

  • Oil & gas

    16 de julio de 2026

    Río Negro recupera el área hidrocarburífera Cerro Manrique

  • Energía
  • Minería
  • Oil & Gas
  • Opinión
  • Quiénes somos
  • Contacto
  • Quiénes somos
  • Contacto

Todos Los Derechos Reservados
© 2024 Energía 360 – Publicidad: [email protected]

Desarrollado por