La actividad en la formación no convencional volvió a superar sus propios límites y alcanzó en marzo el mayor nivel de fracturas de toda su historia. El dato confirma que el shale argentino sigue ganando escala, con más ritmo operativo, más protagonismo empresario y una presión creciente sobre la infraestructura necesaria para sostener ese avance.
Vaca Muerta volvió a romper su techo operativo. Durante marzo, la formación registró 2.616 etapas de fractura en el segmento shale, la cifra más alta desde que comenzó el desarrollo no convencional en la Cuenca Neuquina. El número no solo dejó atrás el récord anterior de 2.588 punciones alcanzado en mayo del año pasado, sino que además superó con claridad las 2.401 operaciones de enero, consolidando un arranque de 2026 con fuerte intensidad en el frente de completación de pozos.
El dato tiene un valor particular porque las fracturas son uno de los termómetros más precisos para medir el pulso real de la actividad no convencional. Mientras la perforación anticipa desarrollo, el fracking muestra producción próxima y apuesta concreta de las operadoras. En ese plano, marzo dejó una señal contundente: el shale argentino no solo mantiene ritmo, sino que sigue expandiendo su capacidad de ejecución. Según el relevamiento difundido por Luciano Fucello, country manager de NCS Multistage, la actividad creció 10,33% respecto de febrero y mostró una suba interanual de 33,46%. Del total de punciones, 870 estuvieron orientadas al gas y 1.746 al petróleo, lo que vuelve a reflejar el peso dominante del shale oil en la etapa actual del desarrollo.
En el reparto por operadoras, YPF volvió a quedar al frente de la actividad, con 1.116 fracturas, equivalentes al 43% del total. El dato confirma que la petrolera de mayoría estatal sigue siendo el principal motor del desarrollo no convencional argentino, tanto por escala como por continuidad operativa. Detrás apareció una de las novedades más relevantes del mes: Pluspetrol se metió en el podio con 431 punciones, es decir, el 17% del total, apalancada tanto en su actividad en La Calera como en los activos incorporados tras la compra de áreas de ExxonMobil, donde se contabilizaron operaciones en Bajo del Choique-La Invernada.
El tercer puesto quedó para Vista Energy, con 281 etapas de fractura, lo que representó el 11% de la actividad total. Más atrás se ubicó Pampa Energía, con 209 operaciones y una participación del 8%. También mostraron movimiento sostenido Pan American Energy, con 160 punciones, y Shell, con 156, ambas con una incidencia cercana al 6%. Luego apareció Tecpetrol, con 138 fracturas, mientras que Phoenix Global Resources sumó 98 y TotalEnergies registró 11 trabajos durante el mes.
Otro dato que permite leer la dimensión del momento es el reparto entre empresas de servicios. Halliburton y SLB concentraron el 67% de las operaciones de fractura en Vaca Muerta, ratificando que el crecimiento del shale no depende solo de las operadoras, sino también de la capacidad de respuesta del entramado técnico que sostiene los sets de fractura. Halliburton encabezó el ranking con 1.147 etapas, seguida por SLB con 600. Más atrás quedaron Calfrac con 382, Tenaris con 263 y Servicios Petroleros Integrados con 224 fracturas.
Más allá del récord, el dato de marzo deja una lectura de fondo. Vaca Muerta está entrando en una fase en la que la discusión ya no pasa solo por el potencial geológico ni por la calidad de sus recursos, sino por la capacidad del sistema para acompañar esa expansión con logística, evacuación, almacenamiento y exportación. Cada nuevo salto en fracturas empuja también la necesidad de más ductos, más plantas, más tratamiento y más infraestructura para que el crecimiento operativo no choque contra sus propios límites. Esa tensión ya se observa con claridad en el petróleo, donde la expectativa exportadora gana centralidad y proyectos como VMOS empiezan a resultar cada vez más decisivos como condición para sostener el ritmo de desarrollo. La inferencia sobre la presión creciente sobre la infraestructura surge del salto de actividad registrado en marzo y del predominio del shale oil dentro del total de fracturas.
El nuevo récord, en ese sentido, no es solo una marca estadística. Es también una señal de escala. Vaca Muerta convirtió en rutina lo que hace pocos años parecía excepcional, y eso habla de una industria que sigue aprendiendo, ajustando costos, acelerando tiempos y ganando volumen. Marzo dejó una foto clara: el shale argentino mantiene su impulso, amplía su ritmo de ejecución y obliga a mirar cada vez más allá del pozo, hacia toda la cadena que necesita sostener esa expansión.





