El dato fue informado por Luciano Fucello, country manager de NCS Multistage. La actividad creció 6,3% frente a abril, acumuló 12.198 etapas en los primeros cinco meses de 2026 y volvió a mostrar el peso del shale oil como motor operativo de la formación.

Vaca Muerta volvió a cerrar un mes de fuerte actividad en uno de los indicadores más sensibles para medir el pulso operativo del shale: las etapas de fractura. Según datos compartidos por Luciano Fucello, country manager de NCS Multistage, en mayo se realizaron 2.484 etapas de fractura en la formación, mientras que el acumulado de 2026 ya llegó a 12.198.
El número confirma que el desarrollo no convencional mantiene un ritmo elevado, luego de un primer tramo del año marcado por altos niveles de ejecución en los principales bloques de shale oil y shale gas. Otro dato lo aportó LMNeuquén al indicar que mayo mostró además una mejora del 6,3% frente a abril, cuando se habían registrado 2.335 etapas, y se ubicó como el segundo mejor mes de actividad del año, solo por detrás de marzo, que había alcanzado 2.616 etapas.
La fractura hidráulica es una instancia decisiva dentro del desarrollo de Vaca Muerta. Permite estimular los pozos horizontales y liberar el potencial de los reservorios no convencionales. Por eso, la cantidad de etapas realizadas cada mes se convirtió en una referencia central para anticipar actividad, conexión de nuevos pozos, demanda de servicios especiales y posible impacto sobre la producción futura.
El dato de mayo también muestra una tendencia clara: el petróleo sigue siendo el principal motor operativo de la formación. De las 2.484 etapas registradas durante el mes, 2.390 correspondieron a la ventana de petróleo y apenas 94 estuvieron vinculadas al gas, concentradas en Fortín de Piedra, el bloque operado por Tecpetrol.
Esa composición confirma que el shale oil continúa traccionando el mayor volumen de actividad en la Cuenca Neuquina. El crecimiento de la producción de crudo, la mejora de la eficiencia operativa y la necesidad de ampliar la infraestructura de evacuación aparecen cada vez más conectados con estos niveles de fractura.
YPF volvió a ocupar un lugar dominante. Según el registro difundido por Fucello y complementado por Más Energía/LMNeuquén, la compañía completó 1.242 etapas de fractura en mayo, lo que representa el 50% del total mensual. La empresa de mayoría estatal se mantiene como el principal actor operativo de Vaca Muerta y uno de los motores del crecimiento del shale argentino.
Detrás de YPF se ubicó Vista Energy, con 405 etapas, equivalente al 16% de la actividad mensual. Luego aparecieron Chevron, con 188 etapas; Pan American Energy, con 178; Pluspetrol, con 164; Shell, con 131; Tecpetrol, con 94; y Phoenix Global Resources, con 82. El mapa muestra una actividad concentrada en un grupo de operadoras que sostienen el desarrollo masivo de la formación.
Por bloques, Loma Campana volvió a liderar el ranking mensual. El área insignia de YPF registró 689 etapas de fractura durante mayo y se consolidó como el bloque con mayor nivel de actividad de Vaca Muerta. En segundo lugar se ubicó La Amarga Chica, el desarrollo compartido por YPF y Vista, con 323 etapas. El podio lo completó Bajada del Palo Oeste, operado por Vista, con 260.
También se destacó la actividad en El Trapial, operado por Chevron, y en Cruz de Lorena, donde Shell realizó 131 etapas. La distribución por áreas permite observar que la actividad se concentra en bloques de alto rendimiento, muchos de ellos vinculados directamente al crecimiento de la producción de petróleo no convencional.
En el segmento de servicios especiales, Halliburton volvió a liderar el mercado de fractura hidráulica. La compañía completó 1.303 etapas durante mayo, lo que representó el 52% del total. Más atrás se ubicó SLB, con 651 etapas y una participación del 26%. También tuvieron actividad Calfrac, Tenaris y SPI, la firma creada por Pluspetrol tras la adquisición de activos de Weatherford.
El comportamiento de las empresas de servicios también permite leer el nivel de exigencia que está alcanzando Vaca Muerta. Mantener un ritmo mensual superior a las 2.400 etapas requiere disponibilidad de equipos de bombeo, arena, agua, logística, transporte, personal técnico, mantenimiento, planificación de pads y coordinación entre operadoras y contratistas.
El gráfico difundido por Fucello muestra la evolución mensual de las etapas de fractura desde 2016 hasta 2026, discriminadas por compañías de servicio y por operadoras. La serie permite ver el salto de escala que tuvo la formación en la última década, especialmente después de la recuperación posterior a 2020 y del crecimiento sostenido de los desarrollos petroleros.
Con 12.198 etapas acumuladas en los primeros cinco meses de 2026, Vaca Muerta sostiene un volumen de trabajo que confirma la madurez operativa alcanzada por la industria. El desarrollo ya no depende de pilotos aislados, sino de programas masivos, pozos horizontales más largos, pad drilling, aprendizaje técnico y una cadena de servicios cada vez más sofisticada.
Este nivel de actividad tiene impacto directo sobre la producción, las exportaciones y la infraestructura. Más fracturas implican más pozos en desarrollo y, con el tiempo, mayor presión sobre los sistemas de transporte y evacuación de petróleo y gas. Por eso, la evolución mensual de las etapas está directamente vinculada con obras como oleoductos, gasoductos, plantas de tratamiento, terminales de exportación y nuevos esquemas logísticos.
En ese punto, el crecimiento del shale también empieza a mirar hacia Río Negro. La expansión de Vaca Muerta necesita infraestructura de salida hacia los mercados externos, y proyectos como el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur, con terminal en Punta Colorada, aparecen como parte de la respuesta para transformar producción en exportaciones de gran escala.
Mayo dejó, así, una nueva señal de intensidad operativa. Con 2.484 etapas, una mejora frente a abril y el segundo mejor registro del año, Vaca Muerta continúa consolidándose como el principal motor energético del país. El dato no solo habla de actividad en los yacimientos: también anticipa más demanda de infraestructura, más servicios, más logística y una discusión cada vez más fuerte sobre cómo convertir el crecimiento del subsuelo en desarrollo productivo para toda la región.





