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VMOS entra en la etapa final y acelera el nuevo mapa exportador de Vaca Muerta

Daniel González, secretario de Coordinación de Energía y Minería de la Nación. Foto archivo tomada en el Cera Week 2026.

Nicolás Muñoz

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junio 30, 2026
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El oleoducto Vaca Muerta Oil Sur ingresó en el último tramo de su construcción. El proyecto, que conectará la producción no convencional de la Cuenca Neuquina con la terminal marítima de Punta Colorada, en la costa rionegrina, ya registra un 73% de avance y apunta a iniciar las primeras cargas de crudo durante los primeros meses de 2027.

La magnitud del proyecto fue destacada por Daniel González, secretario de Coordinación de Energía y Minería de la Nación, en declaraciones al medio Más Energía, donde vinculó el avance del VMOS con la posibilidad concreta de que Vaca Muerta deje atrás uno de sus principales límites estructurales: la falta de infraestructura suficiente para evacuar la producción creciente y convertirla en exportaciones a gran escala.

“Tenés el oleoducto Vaca Muerta Sur, una obra con un grado avance del 73%, que va a permitir a partir de enero empezar a cargar los barcos más grandes de crudo”, señaló González, al describir el impacto que tendrá el sistema una vez que comience a operar.

El dato no es menor. Durante los últimos años, Vaca Muerta logró consolidarse como uno de los motores de crecimiento de la producción petrolera del país, pero ese desarrollo empezó a encontrar restricciones en la capacidad de transporte. Sin nuevos ductos, terminales de almacenamiento y puntos de exportación, el potencial productivo queda condicionado por la infraestructura disponible. En ese escenario, el VMOS aparece como una obra bisagra: permitirá trasladar el crudo desde la zona productiva hasta el Atlántico y habilitar una logística diseñada para operar con buques de gran porte.

González fue más allá del impacto técnico y puso el foco en la dimensión económica del proyecto. Según explicó, una vez que el oleoducto esté terminado y en funcionamiento, la Argentina podría alcanzar exportaciones petroleras por entre US$ 14.000 y US$ 15.000 millones anuales. “Cuando esté listo ese caño, de acá a un año y medio estás exportando 14.000 o 15.000 millones de dólares por año de petróleo. Entonces, ¿cómo no puede tener eso un impacto positivo?”, planteó el funcionario.

La cifra muestra por qué el Gobierno nacional ubica a la energía entre los sectores con capacidad real para modificar la balanza comercial argentina. La producción de crudo no convencional viene en crecimiento, pero para que ese volumen se traduzca en ingreso sostenido de divisas necesita una cadena de evacuación y exportación acorde a la escala de Vaca Muerta. El VMOS, en ese sentido, no sólo ampliará la capacidad de transporte: también permitirá cambiar la lógica comercial del petróleo argentino, que pasará a tener una salida directa al mar desde la costa rionegrina.

En sus declaraciones, González también vinculó el avance del proyecto con el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones. El funcionario remarcó que el VMOS no nació a partir del RIGI, porque ya era una obra identificada por la industria como necesaria, pero sostuvo que el régimen fue determinante para destrabar el financiamiento que requería una inversión de semejante escala. “El RIGI no inventó a ese proyecto, pero estaba identificado y no se había hecho. Un proyecto de US$ 3.000 millones que necesitaba un cheque de los bancos de US$ 2.000 y lo primero que dijeron es: ‘Listo, el cheque está, pero ¿sabés qué condición precedente tiene que tener? RIGI’”, explicó.

El funcionario resumió esa lectura con una definición contundente: “Sin RIGI no hay cheque”. La frase apunta al corazón de las discusiones que atraviesan a los grandes proyectos energéticos en la Argentina: la necesidad de previsibilidad, reglas de largo plazo y seguridad jurídica para atraer capital intensivo. En obras de infraestructura que demandan miles de millones de dólares, los inversores buscan condiciones estables para recuperar el capital en plazos extendidos. Para González, el régimen de incentivos y las reformas impulsadas por el Gobierno nacional aceleraron decisiones que, sin ese marco, hubieran tenido otro ritmo.

“El RIGI lo que hace, y todas las reformas de Milei obviamente, es que el ritmo de ese crecimiento cambie completamente. Estamos hablando de un ritmo muchísimo más intenso que va a hacer que estos sectores, energía y minería, tengan un impacto enorme”, afirmó.

Aunque el origen del crudo está en Vaca Muerta, el tramo final de esa transformación productiva se jugará en Río Negro. La terminal de Punta Colorada, en la zona de Sierra Grande, será el punto de salida hacia los mercados internacionales y colocará a la provincia en un lugar estratégico dentro de la nueva infraestructura energética nacional. Para la industria, el VMOS representa capacidad de evacuación. Para Río Negro, significa integrarse de lleno al desarrollo petrolero no convencional como puerta de exportación. Y para el país, implica una oportunidad concreta de sumar divisas en uno de los sectores con mayor proyección de crecimiento.

El impacto del proyecto no se limita al tendido del oleoducto. La llegada de esta infraestructura a la costa rionegrina abre una nueva dinámica asociada a caminos, servicios, logística, empleo, proveedores, almacenamiento y operación marítima. Se trata de un cambio de escala para una región que durante décadas buscó alternativas de desarrollo productivo y que ahora empieza a ocupar un lugar central en la salida exportadora del petróleo argentino.

González también ubicó al VMOS dentro de una agenda más amplia de inversiones vinculadas a energía y minería. En esa línea, mencionó otros proyectos impulsados bajo el RIGI, como Rincón de Aranda, de Pampa Energía, y planteó que la meta oficial es que ambos sectores alcancen una balanza comercial positiva de US$ 50.000 millones.

En ese camino, el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur aparece como una obra clave para convertir potencial en volumen exportable. El avance del 73% confirma que el proyecto dejó de ser una promesa para transformarse en infraestructura concreta. Si el cronograma se cumple, los primeros barcos cargados con crudo argentino desde la costa rionegrina marcarán el inicio de una nueva etapa para Vaca Muerta, con mayor capacidad logística, salida directa al Atlántico y una escala exportadora que puede modificar el peso de la energía en la economía nacional.

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