El sistema volvió a recibir gas boliviano para abastecer la generación eléctrica del norte del país mientras sigue incompleta la reversión del Gasoducto Norte. Aunque la obra principal ya fue habilitada, todavía faltan trabajos en cuatro plantas compresoras que son clave para sumar capacidad y enviar más gas desde Vaca Muerta hacia el NOA. Según ENARGAS, el ingreso actual ronda los 1,5 millones de metros cúbicos por día.
La Argentina volvió a tomar gas desde Bolivia para reforzar el abastecimiento del norte del país, un movimiento que deja expuesta una realidad incómoda: la reversión del Gasoducto Norte todavía no está terminada. Si bien el sistema ya cuenta con una primera etapa operativa para enviar gas desde Vaca Muerta hacia el NOA, la infraestructura sigue funcionando por debajo de la capacidad prevista porque faltan obras complementarias en cuatro plantas compresoras.
Según información del ENARGAS, el sistema está recibiendo actualmente alrededor de 1,5 millones de metros cúbicos diarios desde Bolivia. El destino de ese volumen es la generación térmica en el norte argentino, en un contexto en el que la región todavía necesita refuerzos puntuales cuando sube la exigencia sobre el sistema o escasean combustibles alternativos para las usinas.
El dato muestra que el cambio de lógica del Gasoducto Norte todavía no terminó de completarse. Durante años, ese sistema fue utilizado para transportar gas desde Bolivia hacia el centro y norte del país. Con la caída de la oferta boliviana y el crecimiento de la producción en Vaca Muerta, la estrategia energética cambió: ahora la idea es usar esa red al revés, para llevar gas argentino desde el sur hacia provincias como Córdoba, Tucumán, La Rioja, Catamarca, Santiago del Estero, Salta y Jujuy.
La primera etapa de esa transformación ya fue ejecutada. El proyecto incluyó la construcción de un ducto de unos 122 kilómetros entre Tío Pujio y La Carlota, además de loops en Córdoba, y fue presentado oficialmente como parte central de la reversión. Sin embargo, el sistema todavía no puede alcanzar su capacidad final porque resta completar el cambio de sentido de flujo en cuatro plantas compresoras ubicadas en Córdoba, Santiago del Estero y Salta.
Ahí está hoy el cuello de botella. Medios del sector señalan que esas obras siguen sin terminar y que esa demora impide sumar unos 4 millones de metros cúbicos diarios adicionales de gas de Vaca Muerta para el norte. También indicó que los trabajos estaban a cargo de Esuco, que, según esas publicacioned, dejó las obras paralizadas a fines del año pasado por falta de pago. El avance de las plantas quedó en distintos niveles y sin certezas sobre una pronta reactivación.
Ese faltante de infraestructura explica por qué el norte argentino todavía no logró independizarse por completo del gas boliviano. No se trata de un regreso al esquema de dependencia de otras épocas, pero sí de una señal concreta de que el sistema sigue necesitando respaldo externo cuando la demanda regional lo exige. En otras palabras, la reversión empezó, pero no terminó. Y mientras no se completen las compresoras, el NOA seguirá expuesto a este tipo de soluciones transitorias.
La situación también deja otra lectura de fondo. Argentina ya cuenta con más gas en Vaca Muerta y ya avanzó en la obra troncal para llevarlo al norte, pero la capacidad real del sistema depende de que toda la infraestructura funcione como un conjunto. Cuando falta una parte, aunque sea complementaria, el efecto se siente en todo el esquema de abastecimiento. En este caso, esa debilidad volvió a abrir la puerta al gas boliviano justo en una región que la reversión buscaba dejar abastecida con producción nacional.
Así, el regreso de importaciones puntuales desde Bolivia no solo refleja una necesidad operativa del momento. También revela que una obra presentada como estratégica todavía no está cerrada. Y en materia gasífera, esa diferencia entre una etapa inaugurada y un sistema completamente resuelto puede ser decisiva.





