En el IEFA Latam Forum, el gobernador puso a la provincia en el centro de la etapa exportadora del shale, defendió la seguridad jurídica, prometió acelerar permisos y sostuvo que Río Negro será el gran hub de salida para el petróleo y el GNL argentino.
Alberto Weretilneck aprovechó su participación en el panel sobre Vaca Muerta del IEFA Latam Forum para reafirmar una idea que viene empujando desde hace meses: Río Negro ya no quiere ser un actor secundario en el desarrollo del shale, sino la plataforma desde la cual la Argentina salga al mundo con petróleo y gas natural licuado. Su exposición dejó en claro que la provincia busca consolidarse como la gran salida estratégica de Vaca Muerta, apoyada en obras concretas, acuerdos con la industria y un mensaje directo a los inversores: previsibilidad, estabilidad y decisión política para acompañar proyectos de escala mundial.
Weretilneck sostuvo que lo que hoy ocurre en Vaca Muerta refleja un momento poco habitual en la Argentina: la coincidencia entre el Gobierno nacional, las provincias y el sector privado en torno a un objetivo común. A su juicio, ese alineamiento es el verdadero dato de fondo detrás del crecimiento de los proyectos energéticos. En su lectura, la macroeconomía ordenada, el régimen de incentivos para grandes inversiones y la participación activa de las provincias están generando un clima que permite pasar de la expectativa a la ejecución.
En ese marco, buscó correr la discusión del terreno de las promesas. “Vaca Muerta no es un proyecto, es una realidad”, afirmó, para subrayar que la etapa actual ya no está dominada por anuncios, sino por obras en marcha y decisiones de inversión concretas. Desde esa lógica, ubicó a Río Negro en el centro de la nueva arquitectura exportadora y lanzó una definición de alto voltaje político: la provincia será el hub exportador de LNG y de petróleo más importante de América Latina.
La afirmación no fue abstracta. El gobernador respaldó ese planteo con un repaso de los principales desarrollos que hoy avanzan en territorio rionegrino. Mencionó el VMOS, que describió con un 55% de ejecución y con la expectativa de comenzar a exportar en el primer cuatrimestre del año próximo. Señaló además que la obra ya terminó el ducto y que uno de los próximos hitos técnicos será el cruce por debajo del río Negro, al tiempo que destacó el avance de la planta de Allen y de la terminal de almacenamiento en Punta Colorada, ambas con niveles de ejecución cercanos al 45%.
A eso sumó el primer proyecto de GNL que se construye en la provincia, el de Southern Energy, liderado por PAE junto a YPF, Pampa, Harbour y Golar, con la previsión de comenzar a producir a lo largo de 2027 con la llegada del buque Hilli Episeyo. También puso sobre la mesa el proyecto de Argentina LNG, encabezado por YPF junto a Eni y XRG (ADNOC), al que presentó como parte de la plataforma que puede colocar a la Argentina en un lugar central dentro del mercado global de gas natural licuado.
Desde la mirada de Weretilneck, la clave es que Río Negro logró transformarse en mucho más que una provincia de paso. Su argumento fue que la profundidad del Golfo San Matías, la localización de Punta Colorada y la infraestructura en marcha convierten al territorio rionegrino en una pieza decisiva para la escala exportadora que busca el país. En otras palabras, Neuquén aporta el recurso y el volumen productivo, pero Río Negro se ofrece como el punto de salida que puede convertir esa producción en negocio internacional.
El mandatario también hizo hincapié en el marco institucional que, según dijo, la provincia está dispuesta a garantizar para sostener esta etapa. Remarcó que Río Negro fue la primera provincia en adherir al RIGI y aseguró que ya tiene 18.300 millones de dólares garantizados para invertir en proyectos vinculados a Vaca Muerta. Pero más allá del número, lo relevante fue el mensaje que buscó transmitir: la provincia entiende que, frente a inversiones de esta dimensión, su responsabilidad es ofrecer estabilidad política, seguridad jurídica y previsibilidad económica.
En ese punto, Weretilneck mostró quizá una de las facetas más fuertes de su exposición. Reconoció que para Río Negro todo este proceso implicó un aprendizaje acelerado, porque la velocidad de la industria obliga al Estado a cambiar sus tiempos y su forma de trabajo. Señaló que uno de los mayores desafíos fue adaptar los equipos técnicos provinciales en temas como ambiente, agua, tierras y pueblos originarios para acompañar proyectos que avanzan con gran rapidez. Y admitió que, en el caso de VMOS, el proceso completo de permisos llevó un año, un plazo que hoy la provincia considera excesivo para la etapa que atraviesa el sector.
Por eso anunció un objetivo concreto: bajar esos tiempos a seis meses para los próximos desarrollos, en especial los vinculados a Southern Energy y al futuro LNG de YPF. Esa definición tiene peso político y empresarial, porque muestra a un gobernador que no sólo se ofrece como aliado del proceso inversor, sino que además acepta que la competitividad también se juega puertas adentro del Estado.
Weretilneck fue más allá. Dijo que Río Negro sabe perfectamente cuál es su papel frente a proyectos de 18.000 millones o incluso superiores a 20.000 millones de dólares y sostuvo que la contraparte estatal debe estar a la altura de una industria exigente y global. En esa línea, defendió negociaciones complejas destinadas a blindar jurídicamente las inversiones y evitar que litigios o trabas judiciales ralenticen el desarrollo de las obras.
Allí dejó una de las definiciones más delicadas del panel: explicó que, en el caso del LNG liderado por YPF con Eni y ADNOC, la provincia aceptó ceder en ciertos aspectos la jurisdicción judicial a París, como una forma de demostrar que cumplirá lo firmado durante los 30 años que duren los proyectos. El mensaje fue directo: Río Negro quiere mostrarse como una provincia seria, previsible y dispuesta a dar señales fuertes de confianza a los inversores internacionales.
El gobernador también introdujo un aspecto político clave para el mediano plazo: la necesidad de que estos proyectos dejen beneficios visibles en la sociedad. Planteó que el ciudadano, el comerciante y la pequeña y mediana empresa deben percibir que el desarrollo de Vaca Muerta también mejora la vida cotidiana de los rionegrinos. Según su visión, ese acuerdo social es tan importante como la macro o la seguridad jurídica, porque de allí depende la estabilidad futura de las inversiones.
En esa combinación de obras, reglas, tiempos administrativos y licencia social se apoya la apuesta de Weretilneck. Su discurso en el IEFA mostró a un gobernador decidido a consolidar a Río Negro como una pieza indispensable de la nueva etapa energética argentina. Ya no sólo como territorio asociado a la producción de otro, sino como provincia estratégica para exportar, atraer inversiones y capturar parte del valor que genera Vaca Muerta.
La señal que dejó fue clara: la competencia por la salida del shale ya no es teórica. Río Negro siente que ganó un lugar en esa disputa y ahora busca afianzarlo con infraestructura, estabilidad política y un mensaje de confiabilidad hacia la industria. En esa lógica, Weretilneck no fue al foro sólo a acompañar el fenómeno Vaca Muerta. Fue a decir que la provincia quiere ser uno de sus protagonistas centrales.





