El Brent llegó a superar los US$93 durante la jornada, en medio de nuevos ataques entre Estados Unidos e Irán y una circulación marítima todavía muy limitada. El paso es determinante para las exportaciones de petróleo y gas de Medio Oriente y cualquier interrupción prolongada podría generar una nueva escalada de precios.
El precio internacional del petróleo volvió a mostrar una elevada volatilidad, condicionado por la escalada militar entre Estados Unidos e Irán y por las dificultades para normalizar el tránsito de buques a través del estrecho de Ormuz, uno de los corredores energéticos más importantes del mundo.
Durante las primeras horas de la jornada, el barril de Brent (referencia para el mercado internacional y para buena parte de las exportaciones argentinas) se negociaba en torno a los US$90,38, con una baja del 0,4%, después de haber alcanzado un máximo intradiario de US$93,31.
Por su parte, el West Texas Intermediate (WTI), utilizado como referencia en Estados Unidos, operaba cerca de los US$83,74, con un retroceso del 0,85%, tras haber tocado los US$85,94 durante la rueda.
La variación refleja la incertidumbre que domina al mercado. Por un lado, las conversaciones entre Omán e Irán sobre la administración y eventual reapertura del estrecho generaron expectativas de una posible mejora en las condiciones de navegación. Por otro, los nuevos ataques entre Washington y Teherán mantienen vigente el riesgo de una interrupción más profunda de las exportaciones regionales.
Estados Unidos informó que atacó decenas de instalaciones vinculadas con la Guardia Revolucionaria iraní, incluyendo centros de comando, infraestructura para misiles y drones y sistemas de vigilancia costera. La ofensiva se produjo después de que Irán lanzara misiles contra posiciones estadounidenses en Medio Oriente.
La confrontación también comenzó a involucrar de manera más directa a otros países de la región. Jordania aseguró que interceptó misiles iraníes por segundo día consecutivo, mientras que Kuwait informó que uno de los ataques provocó una víctima fatal. También se registraron acciones contra milicias respaldadas por Irán en Irak y amenazas sobre instalaciones energéticas de Arabia Saudita.
El punto de mayor preocupación sigue siendo el estrecho de Ormuz, ubicado entre Irán y Omán, que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el mar Arábigo. Por allí sale gran parte del petróleo y del gas natural licuado producido por Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar, Irak, Bahréin e Irán.
Antes de la actual crisis, aproximadamente una quinta parte de los flujos mundiales de petróleo y gas natural licuado atravesaba este corredor. Además, cerca del 80% del petróleo y los derivados transportados por Ormuz tenían como destino los mercados asiáticos.
La circulación no está completamente interrumpida, pero continúa muy por debajo de sus niveles habituales y sometida a autorizaciones, riesgos militares y mayores costos de seguros y transporte.
Durante el miércoles se identificó el paso de doce buques de carga: seis ingresaron al golfo Pérsico y otros seis salieron. Sin embargo, algunas embarcaciones podrían estar navegando con sus sistemas de identificación apagados, lo que dificulta conocer con precisión el volumen real del tránsito marítimo.
Una de las principales novedades fue la salida del buque metanero Al Areesh, controlado por QatarEnergy. La embarcación atravesó el estrecho durante la noche del miércoles (29 de julio) con un cargamento de gas natural licuado y se convirtió en el primer buque de esas características en abandonar la zona desde el 11 de julio.
Según información difundida por medios iraníes, el barco utilizó una ruta designada por Teherán y contó con autorización de las autoridades iraníes. Su salida es una señal parcial de flexibilización, aunque todavía no representa una normalización del corredor.
La situación afecta especialmente a Qatar, uno de los mayores exportadores mundiales de gas natural licuado, ya que prácticamente toda su producción destinada al exterior debe atravesar Ormuz. Emiratos Árabes Unidos enfrenta una dependencia similar para sus embarques de GNL.
La Agencia Internacional de Energía indicó que en 2025 pasaron por el estrecho más de 110.000 millones de metros cúbicos de gas natural licuado. Cerca del 93% de las exportaciones de Qatar y del 96% de las exportaciones de Emiratos Árabes Unidos utilizaron ese corredor, sin que existan rutas marítimas alternativas capaces de reemplazarlo.
En el caso del petróleo, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos cuentan con oleoductos que permiten trasladar parte de su producción hacia puertos ubicados fuera del golfo Pérsico. Sin embargo, la capacidad disponible de esas vías alternativas se ubica entre 3,5 millones y 5,5 millones de barriles diarios, un volumen insuficiente para sustituir completamente el flujo habitual de Ormuz.
Irak, Kuwait, Qatar, Bahréin e Irán tienen una dependencia todavía mayor del estrecho para colocar sus exportaciones en los mercados internacionales.
El conflicto también comenzó a extender la presión hacia el estrecho de Bab el-Mandeb, que comunica el mar Rojo con el golfo de Adén. Los hutíes de Yemen, respaldados por Irán, anunciaron acciones contra el transporte marítimo saudita y amenazaron instalaciones utilizadas para llevar petróleo hacia el puerto de Yanbu, sobre el mar Rojo.
Este corredor había ganado importancia como alternativa para Arabia Saudita frente a las dificultades en Ormuz. Una interrupción simultánea de ambos pasos limitaría considerablemente la capacidad de los productores del golfo para abastecer al mercado internacional.
Por ahora, los precios se mantienen por debajo de los máximos registrados durante las jornadas de mayor tensión porque todavía sale petróleo de Medio Oriente y el mercado conserva expectativas de una negociación diplomática.
Sin embargo, la cotización cercana a los US$90 muestra que los operadores siguen incorporando una importante prima de riesgo. Mientras la navegación por Ormuz no recupere condiciones de seguridad y previsibilidad, cualquier nuevo ataque contra buques, terminales, refinerías u oleoductos podría provocar otro salto en el valor internacional del crudo.
Para la Argentina, un Brent elevado puede mejorar los ingresos vinculados con las exportaciones de petróleo y reforzar la competitividad de Vaca Muerta. No obstante, una escalada prolongada también puede incrementar los costos internacionales de los combustibles, el transporte marítimo, los seguros y otros insumos energéticos.
La evolución del mercado dependerá, principalmente, de tres factores: el resultado de las gestiones diplomáticas encabezadas por Omán y otros países mediadores, la posibilidad de restablecer una navegación segura por el estrecho de Ormuz y el alcance que puedan adquirir los enfrentamientos entre Estados Unidos, Irán y sus respectivos aliados en Medio Oriente.





