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“El gas está, pero no llega”: el cuello de botella que paraliza a cientos de industrias del norte

Nicolás Muñoz

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julio 10, 2026
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Las restricciones comenzaron con recortes parciales y llegaron al corte total para numerosas fábricas. Desde la Unión Industrial de Salta estiman que más de 600 empresas fueron afectadas desde Córdoba hacia el norte. El problema vuelve a exponer las limitaciones para transportar el gas de Vaca Muerta y el alto costo de reemplazarlo con GNL importado.

Argentina tiene gas bajo tierra, pero todavía enfrenta dificultades para llevarlo hasta donde se necesita. En medio de uno de los momentos más exigentes del invierno, las restricciones al suministro industrial dejaron al descubierto un problema que atraviesa al sistema energético: la producción creció, especialmente desde Vaca Muerta, pero la infraestructura de transporte continúa operando con fuertes limitaciones.

El impacto se siente con especial intensidad desde Córdoba hacia el norte del país. Según advirtió el vicepresidente de la Unión Industrial de Salta, Julio Fazio, en una entrevista con el medio salteño ariesonline.com.ar (Aries), más de 600 industrias permanecen afectadas por las restricciones al suministro. La cifra corresponde a una estimación del sector empresario y refleja un escenario cambiante, en el que algunas plantas debieron detener completamente su actividad y otras apenas lograron sostener sus instalaciones en condiciones mínimas.

En Salta, los recortes comenzaron con una reducción del 50% del gas contratado y luego avanzaron hasta la interrupción total. Posteriormente se restituyó alrededor del 20% del volumen, pero, según explicó Fazio, esa cantidad apenas alcanzó para mantener encendidos algunos hornos y evitar daños en las instalaciones, sin que las fábricas pudieran retomar normalmente la producción.

El problema no quedó limitado a una sola provincia. Estimaciones relevadas entre entidades empresarias ubicaron entre 500 y 600 la cantidad de industrias afectadas en Córdoba, Santa Fe, Salta, Jujuy y Tucumán, además de algunas empresas de Buenos Aires. El impacto alcanzó a sectores que dependen intensamente del gas para sus procesos productivos, como las cerámicas, los ingenios azucareros, la actividad citrícola, las tabacaleras, la minería y distintas ramas de la industria manufacturera.

La explicación empresaria apunta directamente a un cuello de botella. “El gas está, lo que no hay es capacidad de transporte”, resumió Fazio en declaraciones a Aries. La frase condensa una de las principales contradicciones del sistema energético argentino: mientras Vaca Muerta dispone de recursos capaces de abastecer una parte creciente de la demanda, la red todavía tiene restricciones para trasladar esos volúmenes hacia los centros de consumo.

El problema se vuelve más crítico durante las olas de frío. El aumento del consumo residencial obliga a preservar el suministro de los usuarios prioritarios, entre ellos hogares, escuelas y hospitales. Primero se restringen los contratos interrumpibles, pero durante los momentos de mayor presión las reducciones también alcanzaron a industrias con otras modalidades contractuales.

El 1 de julio, en plena escalada de la demanda, el consumo residencial rondó los 86,40 millones de metros cúbicos diarios, mientras que la demanda industrial se ubicó en unos 27,20 millones. El sector fabril suele requerir alrededor de 35 millones de metros cúbicos por día, lo que muestra la magnitud de la reducción sufrida por la actividad productiva durante el pico de restricciones.

Para muchas fábricas, la alternativa disponible es comprar gas importado. Pero allí aparece un segundo problema: el costo. Referentes industriales señalaron que, mientras el gas natural local puede costar alrededor de US$4 por millón de BTU, el Gas Natural Licuado importado llegó a ubicarse cerca de US$28. Con márgenes de rentabilidad ajustados, numerosas empresas consideran económicamente menos perjudicial detener temporalmente la producción que asumir ese diferencial.

La crisis también reabrió la discusión sobre las obras necesarias para abastecer al norte argentino. La Reversión del Gasoducto Norte fue concebida precisamente para modificar el sentido histórico del sistema y permitir que el gas proveniente de Vaca Muerta llegue a las provincias que durante décadas dependieron del suministro boliviano. La obra fue proyectada para transportar hasta 15 millones de metros cúbicos diarios hacia el centro y norte del país.

Sin embargo, la existencia de la reversión no eliminó todos los cuellos de botella. El sistema continúa condicionado por la capacidad de transporte, la disponibilidad de compresión y la necesidad de completar y optimizar diferentes tramos de la red. En marzo de 2026, la Secretaría de Energía dispuso formalmente una reconfiguración del sistema de transporte de gas natural, con reasignaciones de capacidad y nuevos esquemas para ordenar las rutas disponibles, una señal de que la infraestructura atraviesa una transformación estructural.

En medio de la emergencia, Fazio aseguró que YPF logró liberar unos 450.000 metros cúbicos diarios al detener una turbina en Refinor. La medida permitió sumar algo de gas para las industrias afectadas, aunque el propio dirigente industrial advirtió que se trata de una respuesta transitoria frente a un problema mucho más profundo.

El conflicto también tiene una dimensión comercial. Desde el sector industrial cuestionaron los cambios introducidos este año en la forma de contratar el gas necesario para cubrir los picos de demanda. Según explicó Fazio a Aries, las empresas quedaron más expuestas a la contratación directa de alternativas en el mercado, en un escenario internacional donde el GNL se encareció fuertemente.

El invierno volvió así a mostrar una de las grandes tareas pendientes del desarrollo energético argentino. El país ya no enfrenta solamente el desafío de producir más gas. Ahora necesita garantizar que ese recurso pueda atravesar miles de kilómetros, llegar a los hogares y sostener al mismo tiempo la actividad de las fábricas.

Porque tener el gas bajo tierra es apenas una parte de la ecuación. Sin gasoductos, capacidad de transporte y previsibilidad, Vaca Muerta puede crecer y romper récords, mientras cientos de industrias, a cientos de kilómetros de distancia, siguen obligadas a apagar sus hornos.

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