El centro recibió más de 35.000 postulaciones entre febrero y mayo y proyecta formar a unas 2.500 personas durante 2026. La propuesta combina contenidos teóricos, simuladores y prácticas en un pozo escuela para preparar los perfiles que demanda la industria.
El crecimiento de Vaca Muerta no depende solamente de nuevas perforaciones, equipos de fractura, gasoductos y oleoductos. Para sostener el aumento de la producción, la industria también necesita ampliar la cantidad de trabajadores capacitados para desempeñarse en operaciones cada vez más tecnificadas.
En ese escenario, el Instituto Vaca Muerta comenzó a mostrar los primeros resultados de su programa de formación. El 81% de las personas que inició la segunda tanda de cursos logró completar la capacitación, una proporción superior a la registrada durante las primeras cohortes.
Según informó Mejor Energía, a partir de declaraciones de Gustavo Schiappacasse, director ejecutivo de Fundación YPF, los tres primeros cursos comenzaron en marzo y finalizaron en abril con una tasa de conclusión cercana al 75%. En las tres capacitaciones siguientes, terminadas durante mayo, el porcentaje aumentó hasta el 81%.
El dato resulta relevante porque uno de los desafíos de los programas de formación intensiva no consiste solamente en atraer interesados, sino en sostener su participación hasta que puedan completar y certificar las competencias exigidas por la actividad.
La expectativa por ingresar al sector quedó reflejada en el volumen de inscripciones. Entre febrero y mayo, el Instituto recibió más de 35.000 postulaciones, una cifra que muestra el interés laboral generado por el desarrollo petrolero y gasífero de la Cuenca Neuquina.
La cantidad de aspirantes también expone la distancia que existe entre la demanda de empleo y los cupos disponibles. El objetivo del Instituto es reducir esa brecha mediante una formación orientada a las funciones que requieren las operadoras y las empresas de servicios especiales.
Para 2026, la institución proyecta capacitar a cerca de 2.500 personas. La cifra se encuentra dentro de la capacidad anunciada durante la inauguración del establecimiento, cuando se estimó que el centro podría formar entre 2.000 y 3.000 técnicos y profesionales por año.
El Instituto funciona en el Polo Científico Tecnológico de la ciudad de Neuquén y fue impulsado por YPF y Fundación YPF bajo un esquema de articulación público-privada. Su propuesta está destinada a preparar recursos humanos para cubrir posiciones vinculadas con el desarrollo de hidrocarburos no convencionales.
Los cursos iniciales fueron gratuitos e incluyeron certificación de competencias técnicas y horas de prácticas reconocidas por empresas del sector. La formación combina clases teóricas, simuladores educativos, laboratorios y equipamiento similar al utilizado en las operaciones industriales.
Uno de los principales diferenciales es el denominado pozo escuela, instalado en el área Río Neuquén. Allí, los estudiantes pueden reconocer equipos, efectuar maniobras y familiarizarse con procedimientos semejantes a los que deberán aplicar posteriormente en yacimientos, plantas e instalaciones de superficie.
La propuesta busca reducir la distancia entre los conocimientos adquiridos en el aula y las condiciones reales de trabajo. En una actividad donde la seguridad operacional, el cumplimiento de los procedimientos y la respuesta ante contingencias son aspectos centrales, la práctica adquiere un valor decisivo.
Fundación YPF también desarrolla capacitaciones en automatización, instrumentación industrial, instalaciones eléctricas, energías renovables, almacenamiento, eficiencia energética y seguridad laboral. Las propuestas combinan contenidos virtuales, clases con docentes y actividades presenciales, de acuerdo con cada especialidad.
Otro de los datos destacados fue la participación femenina. El 40% de las personas que atravesó las capacitaciones fueron mujeres, una proporción que superó las expectativas iniciales del programa.
El indicador adquiere relevancia en una industria que históricamente tuvo una presencia mayoritariamente masculina, especialmente en los puestos operativos. La formación técnica puede convertirse en una vía para ampliar la participación femenina, aunque el paso siguiente será que esa capacitación encuentre oportunidades concretas dentro de las empresas.
El Instituto comenzó además a realizar un seguimiento de quienes completaron y aprobaron los cursos para determinar si lograron incorporarse a operadoras, compañías de servicios o firmas vinculadas con la cadena de valor.
La tasa de finalización constituye un primer resultado positivo, pero el verdadero impacto del programa se conocerá cuando pueda medirse cuántos egresados consiguieron insertarse laboralmente y permanecer dentro de la actividad.
Vaca Muerta atraviesa una etapa en la que el crecimiento productivo exige una nueva escala de infraestructura, tecnología, servicios y capital humano. Las inversiones pueden aumentar la capacidad de producción y transporte, pero ninguna operación puede sostenerse sin personal capacitado.
En ese contexto, la formación técnica dejó de ocupar un lugar secundario y se convirtió en una pieza estratégica para el futuro de la industria. El desafío será ampliar los cupos, mantener la calidad de los cursos y construir un vínculo efectivo entre las miles de personas que buscan ingresar al sector y los perfiles que demandan las empresas.





