El ENRE convocó a audiencia pública por una solicitud de acceso a capacidad de transporte de 260 MW para abastecer el complejo minero Josemaría, vinculado a Vicuña Argentina. El caso expone una discusión central para el desarrollo minero: sin energía, líneas de alta tensión y planificación eléctrica, los grandes proyectos no pueden escalar.
La minería argentina comienza a mostrar con mayor claridad una de sus demandas estructurales más importantes: la necesidad de contar con infraestructura eléctrica de gran escala para poder transformar los proyectos en operaciones productivas. En ese contexto, el Ente Nacional Regulador de la Electricidad convocó a audiencia pública por una solicitud de acceso a la capacidad de transporte eléctrico destinada a abastecer el complejo minero Josemaría, en la provincia de San Juan.
El pedido está vinculado a una demanda de 260 MW de potencia para el desarrollo minero, asociado a Vicuña Argentina S.A, en una zona que concentra algunos de los proyectos metalíferos más relevantes del país. La audiencia pública no solo representa un paso administrativo dentro del sistema eléctrico, sino que también deja expuesto un dato clave: la minería de gran escala necesita energía firme, transporte eléctrico disponible y obras capaces de acompañar inversiones de largo plazo.
La solicitud incluye obras de ampliación del sistema de transporte, entre ellas una nueva línea de extra alta tensión de 500 kV entre Rodeo y Chaparro, con una extensión aproximada de 167 kilómetros. Este tipo de infraestructura no es menor. En la práctica, una línea de 500 kV forma parte de la columna vertebral del sistema eléctrico y permite transportar grandes bloques de energía a largas distancias, algo indispensable para abastecer consumos industriales intensivos.
El caso Josemaría/Vicuña muestra que la minería no se juega únicamente en el subsuelo. También se define en la superficie: en caminos, campamentos, agua, conectividad, proveedores, mano de obra calificada y, especialmente, energía. Un yacimiento puede tener recursos de clase mundial, pero si no cuenta con potencia eléctrica suficiente y capacidad de transporte, su desarrollo queda condicionado.
La demanda de 260 MW permite dimensionar la escala del desafío. Para entenderlo en términos simples, no se trata de una conexión menor ni de una obra aislada. Se trata de energía suficiente para sostener una operación minera compleja, con procesos industriales, bombeo, trituración, molienda, sistemas de control, campamentos, servicios auxiliares y toda la infraestructura asociada a un proyecto de esta magnitud.
La convocatoria del ENRE también pone en evidencia la necesidad de coordinación entre el sector minero y el sistema eléctrico. Los proyectos mineros suelen ubicarse lejos de los grandes centros urbanos y, en muchos casos, en regiones donde la red eléctrica existente no fue diseñada para abastecer consumos industriales de gran escala. Por eso, cada nuevo desarrollo obliga a discutir cómo se expande el transporte, quién financia las obras, cómo se asigna la capacidad y de qué manera se integran esos consumos al sistema.
En la Argentina que busca atraer inversiones mineras, este punto es estratégico. El país no solo necesita reglas claras, permisos ambientales, seguridad jurídica y estabilidad fiscal. También necesita infraestructura. Y dentro de esa infraestructura, la energía ocupa un lugar central. Sin potencia disponible, las inversiones se encarecen, se demoran o directamente pierden competitividad frente a otros destinos mineros de la región.
El caso de San Juan es relevante para todo el país porque anticipa una agenda que puede repetirse en otras provincias con potencial minero. A medida que avancen proyectos de cobre, oro, plata, litio, uranio u otros minerales, crecerá la presión sobre el sistema eléctrico. La planificación energética deberá ir por delante de la curva de inversión, no detrás.
Para Río Negro, la discusión también deja una enseñanza importante. La provincia empieza a construir una nueva etapa minera con proyectos como Calcatreu, el desarrollo de minerales industriales, la exploración de uranio y la posibilidad de ampliar su matriz productiva. Si esa agenda escala, también crecerá la necesidad de energía, transporte, caminos, servicios y proveedores. La minería moderna no puede pensarse desconectada de la infraestructura que la sostiene.
En ese sentido, la audiencia pública por Josemaría/Vicuña funciona como una señal de lo que viene. La minería argentina está entrando en una etapa donde la discusión ya no pasa solamente por el potencial geológico, sino por la capacidad concreta de convertir ese potencial en producción. Y para eso, la electricidad es tan decisiva como el recurso mineral.
La energía se convierte, así, en un factor de competitividad. Un proyecto puede tener buena ley mineral, ubicación estratégica y respaldo financiero, pero si no logra asegurar abastecimiento eléctrico confiable, sus costos operativos aumentan y su cronograma se vuelve más vulnerable. En una industria global, donde las empresas comparan oportunidades en distintos países, la infraestructura puede ser la diferencia entre avanzar o quedar postergado.
El rol del Estado también aparece como determinante. Las autorizaciones, audiencias públicas, evaluaciones técnicas y definiciones regulatorias deben garantizar transparencia y seguridad, pero al mismo tiempo necesitan dar previsibilidad a proyectos que requieren inversiones millonarias y plazos largos de maduración. La infraestructura eléctrica no se improvisa: se planifica, se financia y se ejecuta con años de anticipación.
La convocatoria del ENRE, por lo tanto, no es un trámite más. Es una fotografía de la minería que viene: proyectos más grandes, demandas energéticas más exigentes y una necesidad creciente de coordinar política minera, planificación eléctrica e infraestructura federal.
Argentina tiene recursos minerales para ocupar un lugar más relevante en el mapa global. Pero para que esa oportunidad se transforme en producción, exportaciones, empleo y desarrollo regional, deberá resolver una pregunta de fondo: si el sistema eléctrico está preparado para acompañar la nueva escala de la minería.
El caso Josemaría/Vicuña marca ese camino. La minería del futuro no solo necesitará permisos y capital. Necesitará energía disponible, redes robustas y una planificación capaz de conectar los yacimientos con el desarrollo real.





