Antes del partido, la demanda empieza a caer. En el entretiempo rebota de golpe, vuelve a bajar cuando rueda otra vez la pelota y se recupera después del pitazo final. Los registros de CAMMESA muestran un fenómeno extraordinario: los partidos de la Selección modifican en cuestión de minutos el consumo eléctrico de toda la Argentina y dibujan una particular “W” en la red.
Faltan pocos minutos para que juegue Argentina y el país empieza a transformarse. Las calles pierden movimiento, las oficinas reducen su ritmo, muchos comercios quedan casi vacíos y en las casas se acomodan las sillas alrededor del televisor. El mate ya está listo, la comida puede esperar y millones de personas comienzan a hacer, prácticamente al mismo tiempo, exactamente lo mismo: mirar a la Selección.
Argentina deja de funcionar como cualquier otro día y ese cambio, que se percibe en las calles, también aparece con una claridad sorprendente en la red eléctrica.
No es una metáfora. Cada vez que juega la Selección en un Mundial, millones de argentinos modifican sus hábitos de manera tan simultánea que la demanda de electricidad de todo el país empieza a subir y bajar al ritmo del partido. La previa, el primer tiempo, el entretiempo, la segunda parte y el pitazo final dejan una marca propia en el Sistema Argentino de Interconexión.
CAMMESA, la compañía encargada de coordinar el funcionamiento del Mercado Eléctrico Mayorista y la operación del sistema eléctrico nacional, creó incluso un seguimiento específico sobre el comportamiento de la demanda durante la Copa del Mundo 2026. En su sitio oficial mantiene un apartado exclusivo para observar qué ocurre con el consumo cuando se disputan los partidos del Mundial (https://cammesaweb.cammesa.com/).
Los gráficos muestran una secuencia que se repite: la demanda comienza a caer antes del encuentro y sigue bajando mientras rueda la pelota; durante el entretiempo rebota con fuerza; cuando empieza el segundo tiempo vuelve a descender y, después del final, comienza a recuperarse. El resultado es una curva que termina dibujando una especie de “W”.
Pero para entender realmente el fenómeno hay que ponerle números.
No existe un único nivel de consumo “normal” para todo el país. La demanda eléctrica cambia permanentemente según la hora, la temperatura, el día de la semana y el nivel de actividad económica. Por eso, la comparación más precisa no es contra un valor fijo, sino contra la demanda que tenía el sistema antes de que comenzara cada partido.
También sirve una referencia general. Según los registros oficiales de CAMMESA, el máximo histórico de potencia para un día hábil de invierno fue de 28.119 MW, alcanzado el 1 de julio de 2025. En verano, cuando las altas temperaturas disparan el uso de equipos de aire acondicionado, el sistema llegó a un récord de 30.257 MW.
Con ese contexto, lo ocurrido durante los partidos de Argentina adquiere otra dimensión.
El martes 7 de julio, antes del encuentro contra Egipto por los octavos de final del Mundial 2026, el sistema eléctrico demandaba 22.534 MW. Era el nivel que tenía el país una hora antes de que comenzara el partido.
Quince minutos antes del pitazo inicial, la demanda ya había bajado a 21.702 MW. La pelota todavía no había empezado a rodar y el sistema registraba 832 MW menos.
Después comenzó el partido y la caída siguió profundizándose. Durante el primer tiempo, la demanda llegó a 20.047 MW, lo que significó una reducción de 2.487 MW respecto de la hora previa al encuentro.
El dato rompe con una idea bastante extendida. Podría pensarse que millones de televisores encendidos al mismo tiempo deberían elevar el consumo eléctrico, pero ocurre exactamente lo contrario: el impacto de todo lo que se detiene es mucho mayor que el consumo adicional de las pantallas.
Las oficinas reducen su actividad, numerosos comercios pierden movimiento, algunas tareas se postergan, las personas dejan de desplazarse y miles de familias que normalmente estarían distribuidas entre distintos lugares terminan reunidas frente a un mismo televisor. El fútbol concentra a millones de personas en una sola actividad y, cuando eso ocurre de manera simultánea, la red eléctrica lo siente.
El partido contra Austria había mostrado la misma dinámica con una velocidad todavía más llamativa. Según los registros difundidos por CAMMESA, desde aproximadamente diez minutos antes del comienzo del encuentro y durante el primer tiempo la demanda cayó alrededor de 1.800 MW en apenas una hora.
No fue una reducción lenta repartida a lo largo del día. Fueron 1.800 MW que desaparecieron de la demanda en sólo 60 minutos.
Ese movimiento permite comprender por qué un partido de la Selección no es un acontecimiento más para el sistema eléctrico. Cuando Argentina juega, el perfil de consumo cambia y puede hacerlo con una velocidad extraordinaria.
El siguiente momento clave llega con el entretiempo. El árbitro marca el final de la primera parte y durante 15 minutos no hay fútbol. Entonces millones de personas se levantan casi al mismo tiempo, van al baño, encienden luces, abren la heladera, calientan comida, prenden el microondas, preparan café o vuelven a poner agua para el mate.
La consecuencia aparece inmediatamente en la red.
Durante el partido contra Austria, la demanda subió alrededor de 1.050 MW en apenas 13 minutos. Más de mil megavatios reaparecieron en el sistema en menos de un cuarto de hora.
La magnitud no está en lo que consume una sola pava eléctrica, un microondas o una heladera. Ninguno de esos aparatos modifica por sí mismo el funcionamiento del sistema argentino. El fenómeno aparece porque millones de pequeños consumos se producen prácticamente al mismo tiempo.
La clave es la simultaneidad.
Contra Egipto volvió a suceder. Durante el primer tiempo, la demanda había descendido hasta 20.047 MW, pero con la llegada del descanso subió hasta 20.619 MW.
En pocos minutos reaparecieron 572 MW de consumo.
La pelota se había detenido y la demanda volvía a moverse hacia arriba.
En otros países, este tipo de fenómeno es conocido como “TV pickup”: grandes audiencias modifican simultáneamente sus hábitos durante las pausas de acontecimientos televisivos masivos. En la Argentina, inevitablemente, la escena tiene características propias: la pava, el mate, la cocina y el apuro por hacer todo antes de que vuelva a rodar la pelota.
Sería exagerado afirmar que todo el salto eléctrico del entretiempo se explica por una sola costumbre o por un único electrodoméstico, pero el comportamiento general es contundente: cuando el partido se detiene, la demanda sube.
Después comienza el segundo tiempo y la curva vuelve a cambiar.
Los argentinos regresan frente a la pantalla, se apagan los electrodomésticos utilizados durante el descanso y la actividad vuelve a reducirse. En el partido contra Austria, después del salto del entretiempo, la demanda cayó alrededor de 1.300 MW en 54 minutos.
Contra Egipto, el movimiento fue todavía más fuerte.
Después de haber subido hasta 20.619 MW durante el descanso, la demanda descendió en el segundo tiempo hasta 18.778 MW. En otras palabras, desaparecieron 1.841 MW respecto del pico del entretiempo.
Pero el dato más impactante surge cuando se compara ese mínimo con el nivel previo al partido.
Una hora antes del encuentro, la demanda era de 22.534 MW. Durante el segundo tiempo cayó a 18.778 MW.
La diferencia fue de 3.756 MW, una reducción del 16,67%.
Para dimensionarlo todavía mejor, esos 3.756 MW equivalen a más del 13% del máximo histórico de demanda registrado por el sistema durante un día hábil de invierno.
Todo ocurrió dentro del mismo partido.
Así se forma la particular “W” que CAMMESA observa cuando juega la Selección. La demanda baja antes y durante el primer tiempo, sube en el entretiempo, vuelve a caer cuando empieza la segunda parte y se recupera después del final.
Pero detrás de esa letra hay algo mucho más interesante que una curiosidad técnica.
Hay millones de argentinos modificando sus hábitos al mismo tiempo.
Hay un país que se detiene para mirar la pelota, se levanta durante 15 minutos, regresa frente al televisor y recién después del partido empieza a recuperar su ritmo.
La curva eléctrica se transforma así en una especie de radiografía social de la pasión argentina.
El pitazo final produce el último gran movimiento. Las personas vuelven a sus actividades, se encienden electrodomésticos, se prepara la comida y comienzan otra vez los desplazamientos. La demanda, entonces, empieza a subir.
Después del partido contra Austria, CAMMESA registró una recuperación de aproximadamente 1.850 MW en apenas 40 minutos.
Contra Egipto ocurrió algo particular. Una hora después del final, la demanda había subido hasta 19.815 MW, pero todavía se mantenía muy por debajo de los 22.534 MW registrados una hora antes del inicio.
El país comenzaba a encenderse otra vez, aunque todavía no había recuperado completamente su ritmo.
Y ahí aparece otra de las características más fascinantes del fenómeno: la curva no depende solamente de que el partido haya terminado. También puede depender de cómo terminó.
La final del Mundial de Qatar 2022 dejó una de las mejores pruebas.
CAMMESA analizó el comportamiento de la demanda durante los siete partidos que disputó Argentina en aquella Copa del Mundo y detectó un patrón particular dentro del Sistema Argentino de Interconexión.
Sin embargo, la final contra Francia tuvo algo diferente.
Después de la consagración, el país no volvió rápidamente a la normalidad. Millones de personas permanecieron frente al televisor mirando la entrega de la Copa y los festejos, mientras otras salieron directamente a las calles.
La actividad habitual no se retomó.
El partido había terminado en el reloj, pero para los argentinos todavía seguía.
Y la red eléctrica también lo mostraba.
Todo esto podría parecer apenas una curiosidad, pero para el sistema eléctrico no lo es.
La red necesita mantener permanentemente el equilibrio entre la energía que se produce y la que se consume. Cuando la demanda cambia de manera gradual, el sistema puede acompañar ese movimiento con mayor facilidad. El desafío aparece cuando cientos o miles de megavatios desaparecen o reaparecen en cuestión de minutos.
Por eso CAMMESA no observa un partido de Argentina como cualquier otro acontecimiento. La existencia de un apartado oficial dedicado al comportamiento de la demanda durante la Copa del Mundo 2026 demuestra que el fenómeno forma parte del seguimiento operativo del sistema.
Durante un partido de la Selección, el operador sabe que la demanda puede cambiar en miles de megavatios y hacerlo muy rápido. No puede saber cuándo habrá un gol, anticipar un alargue o prever una definición por penales. Tampoco puede calcular de antemano si una victoria histórica mantendrá a millones de personas frente al televisor o las empujará a salir a la calle.
Pero sí conoce algo.
Cuando juega Argentina, el país cambia.
Y la red eléctrica debe acompañar ese movimiento.
Hay pocas imágenes tan argentinas como un país detenido frente a una pelota: calles vacías, comercios en silencio, oficinas con menos movimiento, familias reunidas y un grito que atraviesa ciudades enteras cuando llega un gol.
Pero esa pasión también tiene una expresión que casi nadie ve.
Está en una sala de control, en una pantalla y en una línea que sube y baja mientras la pelota rueda.
Contra Egipto, la demanda pasó de 22.534 MW antes del partido a 18.778 MW durante el segundo tiempo.
Contra Austria, cayó 1.800 MW en una hora, subió 1.050 MW en 13 minutos durante el entretiempo, volvió a bajar 1.300 MW y después del final recuperó 1.850 MW en apenas 40 minutos.
No son pequeños movimientos.
Son miles de megavatios que desaparecen y reaparecen al ritmo del fútbol.
Durante 90 minutos, la electricidad cuenta otra versión del partido.
Porque en Argentina el fútbol no sólo llena estadios, paraliza ciudades y altera rutinas.
También mueve la red eléctrica.





