La formación alcanzó un récord de 23.894 etapas de fractura en 2025, pero todavía está muy lejos del despliegue industrial de Estados Unidos. Luciano Fucello puso números a la brecha: mientras el recurso argentino ya se ubica entre los grandes desarrollos shale del mundo, el desafío pasa por multiplicar equipos, servicios, infraestructura y financiamiento.
Vaca Muerta ya demostró que tiene roca, productividad y recursos suficientes para jugar en las grandes ligas del shale mundial. El próximo salto, sin embargo, no dependerá solamente de lo que existe debajo de la superficie. El desafío estará cada vez más arriba: en la capacidad de Argentina para construir una industria capaz de desarrollar ese recurso a gran escala.

Luciano Fucello, country manager de NCS Multistage y referente en el seguimiento de la actividad no convencional, puso números sobre esa diferencia al comparar el desarrollo argentino con el de Estados Unidos.
Durante 2025, Vaca Muerta completó 23.894 etapas de fractura hidráulica, el mayor registro de su historia. En Estados Unidos, la actividad terrestre habría rondado las 545.000 etapas durante el mismo período.
La comparación muestra una diferencia contundente: Vaca Muerta estaría operando actualmente en torno al 4,4% de la escala estadounidense de fractura.
El contraste resulta todavía más significativo cuando se observa lo que existe debajo de la superficie. Una nueva evaluación técnica coordinada por el Instituto Argentino del Petróleo y del Gas (IAPG), realizada a pedido de la Secretaría de Energía, estimó que Vaca Muerta contiene 30.170 millones de barriles de petróleo técnicamente recuperables.
La cifra representa un aumento del 89% respecto de la estimación internacional que se utilizaba como referencia desde 2013 y confirma que el potencial de la formación es considerablemente mayor al calculado durante los primeros años de su desarrollo.
No se trata de reservas probadas ni de petróleo disponible inmediatamente para producir. Son recursos técnicamente recuperables: volúmenes que podrían extraerse a lo largo de la vida útil de la formación utilizando la tecnología y las prácticas actuales de la industria.
Pero el dato permite dimensionar a Vaca Muerta frente a uno de los grandes polos shale del mundo.
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) estimó en su momento unos 20.000 millones de barriles técnicamente recuperables en Wolfcamp, dentro del Midland Basin, y otros 46.300 millones de barriles de petróleo en Wolfcamp y Bone Spring, dentro del Delaware Basin. Ambos forman parte del gigantesco Permian Basin estadounidense.
Eso significa que, en términos de recursos técnicamente recuperables, Vaca Muerta ya se encuentra dentro del mismo orden de magnitud que algunos de los principales desarrollos no convencionales de Estados Unidos.
La gran brecha aparece cuando se observa la maquinaria necesaria para transformar ese recurso en producción.
El Permian Basin registró esta semana 267 equipos de perforación activos, de acuerdo con el último relevamiento de Baker Hughes. Vaca Muerta, en cambio, se ha movido durante 2026 alrededor de los 42 rigs activos.
Fucello proyecta preliminarmente que la formación argentina podría alcanzar unos 56 equipos en 2027. Incluso si esa expansión se concreta, la diferencia seguiría siendo enorme: tomando como referencia el nivel actual del Permian, habría cerca de cinco equipos operando allí por cada uno desplegado en Vaca Muerta.
El dato permite entender por qué el crecimiento futuro de la formación neuquina ya no depende exclusivamente de conseguir inversiones para perforar nuevos pozos.
Para sostener una producción que apunta a superar largamente el millón de barriles diarios y abastecer nuevos oleoductos, gasoductos y proyectos exportadores, será necesario ampliar simultáneamente toda la cadena industrial.
Eso comprende compañías de perforación y fractura, equipos, bases operativas, mantenimiento, transporte pesado, arena, productos químicos, repuestos, talleres, almacenamiento, servicios especializados y una enorme red de proveedores que acompaña cada pozo desde que comienza la perforación hasta que entra en producción.
Allí aparece otro punto central planteado por Fucello: el financiamiento deberá trascender a las grandes operadoras.
La expansión de Vaca Muerta requerirá capital también para el denominado segundo y tercer anillo de proveedores. Muchas compañías de servicios deberán comprar equipos, ampliar instalaciones, incorporar tecnología, contratar personal y financiar capital de trabajo antes de comenzar a cobrar por los nuevos contratos.
En otras palabras, no alcanza con que YPF, Vista, Pluspetrol, PAE, Tecpetrol o Chevron puedan financiar sus programas de perforación. El ecosistema industrial que trabaja detrás de ellas también tendrá que crecer.
La comparación histórica de las etapas de fractura permite observar cuánto avanzó Argentina, pero también cuánto margen queda todavía por recorrer. Estados Unidos desarrolló durante décadas una infraestructura petrolera gigantesca y una cadena de proveedores capaz de sostener cientos de miles de operaciones de completación cada año.
Vaca Muerta comenzó mucho más tarde y está atravesando ahora ese proceso de industrialización.
La formación ya comprobó la calidad de su roca. Los nuevos estudios incluso indican que existe mucho más petróleo técnicamente recuperable del que se calculaba hace apenas una década.
El próximo desafío será diferente: construir y financiar la maquinaria industrial capaz de transformar ese potencial geológico en producción durante las próximas décadas.
Y allí podría estar uno de los principales cuellos de botella del próximo Vaca Muerta: no debajo de la tierra, sino en la cantidad de equipos, empresas, trabajadores, infraestructura y capital disponibles para desarrollar el recurso.





