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Energía

Energía nuclear: el regreso global de una fuente estratégica y las oportunidades para Argentina

Nicolás Muñoz

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julio 28, 2026
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La necesidad de reducir emisiones, garantizar electricidad continua y abastecer la creciente demanda de los centros de datos vinculados con la inteligencia artificial volvió a colocar a la energía nuclear en el centro de la agenda mundial. Argentina cuenta con capacidades tecnológicas, experiencia operativa y una estructura industrial que podrían permitirle aprovechar este nuevo escenario, aunque el futuro del sector dependerá del financiamiento y de las definiciones sobre sus proyectos estratégicos.

Por Sebastián Álvarez, socio de Brons & Salas

LHEAVY

La energía eléctrica de fuente nuclear atraviesa un proceso de recuperación a nivel global. Después de décadas marcadas por el impacto político y social de accidentes como Chernóbil, Three Mile Island y Fukushima, numerosos países comenzaron a revisar sus políticas energéticas y a reconsiderar el papel de esta tecnología dentro de sus matrices de generación.

El cambio responde, principalmente, a dos factores. Por un lado, la necesidad de avanzar en la descarbonización de las economías y reducir las emisiones asociadas a la generación eléctrica. Por otro, el fuerte incremento de la demanda energética provocado por la expansión de los centros de datos y las aplicaciones de inteligencia artificial.

A diferencia de las fuentes renovables variables, como la solar y la eólica, las centrales nucleares pueden producir electricidad de manera continua, estable y previsible durante las 24 horas. Además, durante su operación no generan emisiones directas de dióxido de carbono, una característica que vuelve a posicionarlas como una alternativa relevante para complementar la transición energética.

Actualmente funcionan 438 reactores nucleares en el mundo, responsables de aproximadamente el 9% de la electricidad global. Al mismo tiempo, otras 79 unidades se encuentran en construcción, una señal concreta de que la expansión nuclear dejó de ser solamente una discusión tecnológica para convertirse nuevamente en una política energética de largo plazo.

La inteligencia artificial impulsa una nueva demanda

Uno de los ejemplos más representativos de este nuevo escenario se encuentra en Estados Unidos. Microsoft firmó un contrato de compra de energía por 20 años con Constellation Energy para reactivar una unidad de la central Three Mile Island, en Pensilvania.

El proyecto contempla una inversión cercana a los USD 1.600 millones para recuperar turbinas, generadores, transformadores y sistemas de refrigeración. El reactor tendrá una potencia aproximada de 835 megavatios, equivalente al consumo eléctrico de alrededor de 800.000 hogares, y se proyecta que vuelva a operar entre 2027 y 2028, sujeto a las autorizaciones regulatorias correspondientes.

El acuerdo muestra hasta qué punto la demanda energética de los grandes centros de datos comienza a modificar las decisiones de inversión. Las empresas tecnológicas necesitan electricidad constante, disponible durante todo el día y con una baja huella de carbono. En ese contexto, la energía nuclear aparece como una herramienta capaz de ofrecer potencia firme a gran escala.

China lidera la expansión mundial

China se consolidó como el principal motor de la industria nuclear global. El país opera 61 reactores, mantiene 39 unidades en construcción y no ha cerrado ninguna central.

Además, posee una de las flotas nucleares más modernas del mundo, con una edad promedio inferior a los 12 años, y acumula casi dos décadas encabezando la construcción de nuevos reactores.

Las proyecciones indican que la generación nuclear podría aportar alrededor del 10% de la electricidad china en 2030 y alcanzar aproximadamente el 22% de su matriz hacia 2050. Para ese momento, el país podría contar con una capacidad cercana a los 340 gigavatios.

Europa también comenzó a revisar decisiones anteriores. Países que habían limitado o directamente abandonado sus programas nucleares volvieron a considerar la construcción de centrales y reactores modulares. El continente registra diez reactores en construcción, además de decenas de proyectos planificados o propuestos.

Argentina conserva una posición estratégica

Argentina posee una trayectoria singular dentro de América Latina. La creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica en 1950 permitió desarrollar capacidades científicas, industriales y tecnológicas propias.

En 1974 comenzó a operar Atucha I, la primera central nuclear de América Latina. Posteriormente se incorporaron Embalse, en 1984, y Atucha II, en 2014. Las tres plantas son operadas por Nucleoeléctrica Argentina y aportaron, en promedio, alrededor del 7,50% de la generación eléctrica nacional durante 2025.

Actualmente, las centrales funcionan en niveles elevados de disponibilidad y constituyen una fuente de energía de base para el Sistema Argentino de Interconexión. Su principal fortaleza es la capacidad de entregar potencia continua, independientemente de las condiciones climáticas o de la disponibilidad de recursos renovables.

A esta infraestructura se suma un ecosistema científico e industrial de más de siete décadas, integrado por organismos como la CNEA y empresas tecnológicas como INVAP, que ha exportado reactores de investigación y equipamiento nuclear a distintos países.

Esa experiencia constituye uno de los principales diferenciales de Argentina frente a otros mercados que buscan ingresar ahora en la industria nuclear.

El cambio de rumbo de la política nuclear

Durante años, la estrategia argentina estuvo orientada a la construcción de centrales convencionales de gran escala. El principal proyecto era Atucha III, previsto con tecnología china Hualong One y financiamiento de la Corporación Nuclear Nacional de China.

Sin embargo, el proyecto enfrentó demoras, discusiones vinculadas con el financiamiento y diferencias sobre la transferencia tecnológica. Finalmente, los acuerdos fueron paralizados y la actual administración decidió abandonar ese esquema.

La nueva política nuclear apunta hacia los reactores modulares pequeños, conocidos como SMR. Se trata de unidades de menor escala que podrían requerir inversiones iniciales más acotadas, construirse por etapas y adaptarse a diferentes necesidades de consumo.

La estrategia oficial busca priorizar proyectos con viabilidad económica, posibilidades de financiamiento privado y una menor dependencia de aportes directos del Tesoro nacional.

El futuro del CAREM 25

Uno de los principales interrogantes es el futuro del CAREM 25, el reactor modular de diseño argentino desarrollado por la CNEA.

La obra civil se encuentra suspendida como consecuencia de la reducción de partidas públicas. Los recursos disponibles se concentran principalmente en la fabricación de la vasija de presión, uno de los componentes centrales del reactor.

La continuidad del proyecto dependerá de una definición sobre su financiamiento. El CAREM posee una relevancia que supera su capacidad de generación: representa la posibilidad de que Argentina conserve una tecnología propia dentro de uno de los segmentos con mayor proyección de la industria nuclear internacional.

En paralelo, el reactor multipropósito RA-10 continúa avanzando, aunque a un ritmo más lento, en sus etapas finales de montaje en Ezeiza.

La privatización parcial de Nucleoeléctrica

La Ley Bases declaró a Nucleoeléctrica Argentina sujeta a privatización. El esquema diseñado por el Poder Ejecutivo contempla la venta del 44% de las acciones mediante una licitación nacional e internacional.

El Estado conservaría el 51% del capital y los derechos de voto, mientras que el 5% restante sería destinado a los trabajadores mediante un Programa de Propiedad Participada.

El procedimiento cuenta con el marco establecido por la Ley 27.742, el Decreto 695/2025 y la Resolución 1751/2025. No obstante, la licitación todavía no fue abierta y el proceso continúa en una etapa de preparación institucional.

Desde la perspectiva de los potenciales inversores, Nucleoeléctrica representa el acceso a una compañía que aporta aproximadamente el 7% de la electricidad inyectada al sistema nacional y opera activos capaces de generar energía de base con una demanda estructuralmente asegurada.

El ingreso de capital privado también podría vincularse con proyectos estratégicos, como la extensión de vida de Atucha I y la ampliación de los sistemas de almacenamiento en seco de los elementos combustibles utilizados por Atucha II.

Uranio, RIGI y capitales privados

El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones abre otra alternativa para captar capitales destinados al sector nuclear. La estabilidad fiscal, los beneficios tributarios y las garantías jurídicas previstas en el régimen podrían utilizarse para proyectos asociados con generación, tecnología, infraestructura y procesamiento de combustibles.

Ya existe interés de compañías internacionales en distintos segmentos de la cadena. Entre ellas se encuentra Nano Nuclear Energy, que manifestó su intención de participar en proyectos vinculados con el procesamiento de uranio en Argentina.

La disponibilidad de recursos minerales, la experiencia científica y la infraestructura industrial existente podrían permitir que el país no solo produzca electricidad nuclear, sino que también fortalezca su participación en la cadena internacional de suministro de combustible, componentes y servicios tecnológicos.

Una oportunidad que requiere definiciones

Argentina no parte desde cero. Cuenta con centrales operativas, recursos humanos especializados, empresas tecnológicas reconocidas internacionalmente y décadas de experiencia institucional.

Sin embargo, esas capacidades no garantizan por sí solas el desarrollo futuro. Será necesario definir cómo se financiarán los nuevos reactores, qué ocurrirá con el CAREM, cuál será el alcance de la participación privada en Nucleoeléctrica y de qué manera se preservarán las capacidades científicas acumuladas por el país.

El resurgimiento nuclear global abre una oportunidad concreta. La creciente necesidad de energía firme, limpia y disponible durante las 24 horas puede devolverle a esta tecnología un papel central en las próximas décadas.

Para Argentina, el desafío consiste en transformar su trayectoria histórica en una política sostenible, capaz de atraer inversiones sin perder el control estratégico, la seguridad operativa ni el conocimiento tecnológico construido durante más de setenta años.

Energía Eléctrica de Fuente Nuclear – SADescarga
Carta de Lectores Columna de Lectores Energía Arentina Energía Eléctrica Energía Nuclear Sebastián Álvarez

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