El senador nacional por Río Negro Enzo Fullone participó del AmCham Energy Forum 2026 y puso el foco en una infraestructura que se volvió crítica para acompañar el crecimiento energético de la Norpatagonia. Advirtió sobre el deterioro de las rutas nacionales 22 y 151, recordó que existen obras inconclusas desde hace dos décadas y planteó ampliar los mecanismos para incorporar inversión privada y destrabar proyectos paralizados.
Vaca Muerta aumenta producción, incorpora inversiones y acelera su infraestructura de evacuación hacia los mercados internacionales. Pero ese crecimiento también expone una deuda que la Patagonia arrastra desde hace años: las rutas por las que circulan trabajadores, camiones, equipos e insumos no avanzaron al mismo ritmo que la industria.
Ese fue uno de los principales ejes que el senador nacional por Río Negro Enzo Fullone llevó al AmCham Energy Forum 2026.
El legislador participó del panel “Desarrollo territorial: infraestructura y transformación productiva”, junto al intendente de Cipolletti, Rodrigo Buteler, y el secretario general del Consejo Federal de Inversiones, Ignacio Lamothe. Fullone ocupa además la vicepresidencia de la Comisión de Transporte, Infraestructura y Vivienda del Senado, una posición directamente vinculada con la agenda que expuso durante el encuentro.
Su diagnóstico fue directo: las rutas que atraviesan el norte de Río Negro muestran niveles de deterioro que ya no se corresponden con la intensidad del tránsito que soportan.
Entre ellas aparecen dos corredores fundamentales para la región: las rutas nacionales 22 y 151.
Dos rutas estratégicas para el crecimiento energético
La Ruta Nacional 22 constituye uno de los principales ejes este-oeste del norte de la Patagonia y atraviesa buena parte del Alto Valle, mientras que la Ruta Nacional 151 conecta Río Negro con el corredor que conduce hacia el norte de la Cuenca Neuquina.
En los últimos años, ambas trazas adquirieron todavía mayor importancia por el crecimiento de la actividad relacionada con Vaca Muerta.
El desarrollo no convencional implica un movimiento permanente de camiones, arena, tuberías, maquinaria, trabajadores y servicios. A eso se suma el tránsito urbano y particular de ciudades que también vienen aumentando su población y actividad económica.
Fullone sostuvo que ese escenario encontró una infraestructura vial que quedó rezagada.
“Tenemos el gran problema de las rutas deterioradas”, señaló el senador en declaraciones realizadas durante el foro. También advirtió que son caminos “muy acotados para el gran tráfico que tienen”.
El problema no es solamente de mantenimiento.
En el caso de las rutas 22 y 151 existen proyectos, contratos y obras que llevan años sin resolverse.
Fullone recordó que las obras sobre ambos corredores llevan alrededor de dos décadas sin concluirse, una situación que adquirió mayor gravedad a medida que aumentó la circulación asociada con la expansión productiva de la región.
La discusión por el traspaso de rutas
Uno de los puntos abordados durante el AmCham fue el proceso mediante el cual distintas rutas nacionales podrían pasar a ser administradas por las provincias.
Fullone aseguró que el Gobierno nacional avanza en ese esquema y estimó que hacia diciembre podrían haberse transferido alrededor de 9.000 kilómetros de rutas a jurisdicciones provinciales, mientras otros 6.000 kilómetros permanecen bajo evaluación.
Para Río Negro, la discusión tiene especial relevancia.
La Provincia mantiene negociaciones con Nación por el futuro de las rutas 22 y 151, aunque el proceso presenta dificultades vinculadas, entre otros aspectos, con contratos de obra todavía abiertos por parte de Vialidad Nacional.
El desafío consiste en determinar bajo qué condiciones podrían transferirse esos corredores y, fundamentalmente, cómo se financiarían las obras y el mantenimiento necesarios para llevarlos a los estándares que requiere el nuevo escenario productivo.
Abrir la puerta a la inversión privada
Fullone también planteó la necesidad de modificar las herramientas disponibles para destrabar infraestructura que lleva años paralizada.
En mayo presentó un proyecto de ley orientado a regularizar el estado de las obras públicas paralizadas o neutralizadas, con el objetivo de generar mecanismos que permitan su continuidad mediante participación del sector privado.
El planteo guarda relación directa con una de las discusiones centrales del AmCham Energy Forum: cómo financiar la infraestructura que necesita el salto exportador argentino.
Vaca Muerta requiere miles de millones de dólares en oleoductos, gasoductos, terminales portuarias y plantas de procesamiento. Pero también necesita una red vial capaz de sostener la logística cotidiana que permite desarrollar cada pozo y transportar los insumos necesarios.
En ese punto, Fullone planteó que será necesario ampliar las alternativas para que el capital privado pueda participar en la ejecución, concesión o financiamiento de corredores estratégicos.
La discusión cobra todavía más relevancia porque el modelo de obra pública nacional cambió profundamente durante los últimos años y las provincias comenzaron a buscar mecanismos alternativos para resolver proyectos que no encuentran financiamiento presupuestario tradicional.
Vaca Muerta también se juega sobre el asfalto
Uno de los aspectos que dejó expuesto el AmCham Energy Forum es que la infraestructura necesaria para aprovechar Vaca Muerta ya no puede analizarse únicamente desde los grandes ductos.
El Vaca Muerta Oil Sur, los proyectos de GNL y las ampliaciones de capacidad de transporte permitirán llevar mayores volúmenes de petróleo y gas hacia los mercados internacionales.
Pero antes de llegar a esos sistemas, cada pozo necesita una extensa cadena logística terrestre.
Los equipos de perforación y fractura, las toneladas de arena utilizadas como agente de sostén, los caños, productos químicos, combustibles, alimentos y trabajadores se movilizan fundamentalmente por carretera.
Por eso, una ruta congestionada, deteriorada o inconclusa termina convirtiéndose también en un problema de competitividad energética.
Mayores tiempos de traslado significan más costos logísticos. Una ruta insegura incrementa además el riesgo para trabajadores y comunidades que comparten esos corredores con el transporte industrial.
La infraestructura vial deja así de ser solamente una cuestión de conectividad para convertirse en una pieza de la cadena productiva.
La 22 y la 151, una deuda que adquiere nueva urgencia
La situación de las rutas nacionales 22 y 151 no es nueva.
Lo que cambió es la dimensión productiva de la región que esas rutas deben atender.
Hace veinte años, cuando comenzaron muchas de las obras que todavía siguen pendientes, Vaca Muerta no tenía la escala industrial actual.
Hoy la Cuenca Neuquina atraviesa un proceso de expansión que apunta a incrementar sustancialmente las exportaciones de petróleo y gas durante los próximos años.
Río Negro, además, dejó de ocupar solamente un lugar de tránsito dentro de esa cadena.
La provincia incorporó producción propia no convencional, avanza con el desarrollo de Vaca Muerta Oil Sur, recibirá infraestructura vinculada con los proyectos de GNL y comienza a captar empresas y servicios asociados al crecimiento energético.
Eso convierte a sus corredores viales en infraestructura cada vez más estratégica.
El planteo de Fullone en AmCham puso justamente esa contradicción sobre la mesa: una industria que avanza a velocidad récord utiliza rutas cuya modernización lleva décadas esperando.
Infraestructura para transformar inversión en desarrollo
El AmCham Energy Forum 2026 reunió a más de 850 representantes de empresas, gobiernos y organizaciones vinculadas con el sector y tuvo entre sus principales ejes la infraestructura necesaria para sostener el crecimiento energético argentino.
Dentro de ese debate, la participación de Fullone permitió introducir la mirada de uno de los territorios donde esa necesidad ya se manifiesta diariamente.
El desafío para Río Negro y la Norpatagonia será encontrar un esquema capaz de acelerar inversiones viales al mismo ritmo con el que crecen los proyectos energéticos.
Porque Vaca Muerta puede aumentar su producción, construir nuevos ductos y multiplicar sus exportaciones, pero su desarrollo sigue dependiendo también de algo mucho más básico: poder llegar de manera segura y eficiente hasta cada área productiva.
Las rutas 22 y 151 se transforman así en mucho más que una vieja deuda de infraestructura.
En el nuevo mapa energético argentino, son parte de la infraestructura estratégica que deberá resolverse si la región pretende convertir el crecimiento de Vaca Muerta en desarrollo sostenible, competitividad y mejores condiciones para quienes viven y trabajan en la Norpatagonia.





