La Provincia de Buenos Aires adjudicó a la compañía china la provisión de sistemas de almacenamiento por 25 MW y 125 MWh. La decisión se conoció en medio de la ofensiva diplomática estadounidense contra Huawei, que comenzó a tomar fuerza en Neuquén por los proyectos tecnológicos que analiza CALF y llegó hasta Vaca Muerta.
La disputa tecnológica entre Estados Unidos y China que en las últimas semanas puso a Vaca Muerta en el centro de la escena sumó un nuevo capítulo dentro del sistema energético argentino. Mientras Washington endurece su posición contra Huawei y advierte sobre los riesgos que, a su criterio, implica incorporar tecnología de la compañía china en infraestructura estratégica, la Provincia de Buenos Aires avanzó con una contratación concreta para incorporar equipamiento de esa empresa a su red eléctrica.

Según informó EconoJournal, el gobierno bonaerense adjudicó a Huawei la provisión de los equipos de un nuevo sistema de almacenamiento eléctrico mediante baterías que tendrá una potencia total de 25 MW y una capacidad de 125 MWh. El proyecto demandará una inversión estimada de $31.200 millones y será instalado en cuatro puntos considerados sensibles para el abastecimiento eléctrico provincial: Mar del Tuyú, Carmen de Areco, Arrecifes y Capitán Sarmiento.
El dato adquiere especial relevancia porque la adjudicación se produjo antes de que el embajador estadounidense Peter Lamelas profundizara públicamente sus cuestionamientos contra Huawei y vinculara directamente la discusión tecnológica con las inversiones que necesita Vaca Muerta.
Energía 360 viene siguiendo el conflicto desde comienzos de agosto. La controversia comenzó cuando CALF, la cooperativa eléctrica de Neuquén, denunció que uno de sus gerentes había recibido comunicaciones desde la Embajada de Estados Unidos en las que se hacía referencia a una política que podría derivar en restricciones o revocaciones de visas para personas vinculadas con proyectos que contribuyeran a ampliar la presencia de Huawei.
CALF había iniciado conversaciones con la firma china para analizar diferentes iniciativas vinculadas con transformación digital, telecomunicaciones, ciudades inteligentes y la eventual construcción de un centro regional de datos. Hasta ese momento, según pudo reconstruir E360, no existía una contratación definitiva entre las partes.
El episodio escaló rápidamente. Lamelas respaldó posteriormente la posición de Washington, solicitó mantener una reunión con las autoridades de la cooperativa y dejó en claro que Estados Unidos considera especialmente sensible la participación de Huawei alrededor de infraestructura tecnológica desarrollada en una provincia atravesada por el crecimiento de Vaca Muerta. China, a su vez, respondió acusando al gobierno estadounidense de interferir en decisiones comerciales argentinas.
La incorporación del caso bonaerense amplía ahora considerablemente el alcance del debate.
A diferencia de lo que ocurre en Neuquén, donde la preocupación estadounidense se concentra principalmente sobre infraestructura digital, telecomunicaciones y tratamiento de información, el contrato de la Provincia de Buenos Aires corresponde directamente al sistema eléctrico.
Huawei fue seleccionada para suministrar sistemas BESS —Battery Energy Storage Systems—, grandes baterías capaces de almacenar electricidad y entregarla nuevamente a la red cuando aumenta la demanda o aparecen restricciones en la capacidad de transporte.
El programa bonaerense contempla 25 MW de potencia y 125 MWh de almacenamiento. Esa relación implica que, en términos teóricos, los sistemas podrían entregar su potencia máxima durante aproximadamente cinco horas antes de agotar la energía almacenada.
El objetivo no es generar electricidad adicional, sino utilizar con mayor eficiencia la infraestructura existente.
Durante los últimos veranos, la Provincia había recurrido a equipos móviles de generación alimentados con gasoil para responder a momentos puntuales de saturación del sistema. Con las baterías, la intención es disponer de una herramienta que pueda utilizarse durante todo el año y entrar en operación cuando las líneas o las estaciones transformadoras enfrenten restricciones de capacidad.
Según explicó a EconoJournal el subsecretario de Energía bonaerense, Gastón Ghioni, los sistemas se activarán cuando TRANSBA detecte saturaciones en las líneas o subestaciones de 132 kV y solicite respaldo adicional. La operación quedará a cargo de Buenos Aires Energía S.A. (BAESA).
La licitación fue dividida además en dos componentes. Huawei obtuvo la provisión del equipamiento tecnológico, mientras que la obra civil y el EPC —ingeniería, construcción y montaje— continúan bajo un proceso separado de evaluación. La previsión oficial es que los equipos y las instalaciones estén disponibles hacia fin de año y que la operación formal pueda comenzar en enero de 2027.
El gobierno bonaerense defendió la elección.
Ghioni sostuvo que Huawei presentó la propuesta económicamente y técnicamente más conveniente dentro del proceso de adjudicación y rechazó que la Provincia deba modificar sus decisiones como consecuencia de la disputa entre Washington y Beijing. También consideró que los cuestionamientos estadounidenses forman parte de una competencia comercial y tecnológica más amplia entre ambas potencias.
El contraste es significativo.
Mientras Estados Unidos busca limitar la expansión de Huawei alrededor de infraestructura que considera estratégica, una de las principales provincias argentinas acaba de adquirirle equipamiento que tendrá una vida útil prevista de entre 15 y 20 años dentro de su sistema eléctrico.
Esto no significa, sin embargo, que exista actualmente una prohibición general para contratar Huawei en Argentina.
La posición estadounidense se manifestó hasta ahora mediante advertencias diplomáticas, decisiones migratorias que Washington reivindica como parte de su soberanía y cuestionamientos públicos sobre los riesgos de utilizar tecnología china en infraestructura sensible. No existe una norma argentina que impida a provincias, cooperativas o empresas contratar a la compañía.
También es importante diferenciar la naturaleza de los proyectos.
El caso de CALF involucra potencialmente telecomunicaciones, conectividad y un centro de procesamiento de datos. Allí el argumento estadounidense se concentra sobre la ciberseguridad, el control de la información y la eventual exposición de datos considerados estratégicos.
Las baterías bonaerenses cumplen otra función: almacenar y suministrar electricidad para aliviar restricciones de la red.
Sin embargo, ambos casos tienen un denominador común: muestran hasta qué punto la tecnología se convirtió en una pieza central de la nueva infraestructura energética argentina.
Vaca Muerta necesita cada vez más redes de comunicaciones, centros de datos, automatización, sistemas de control, inteligencia artificial, nuevas líneas eléctricas y equipamiento capaz de gestionar una demanda energética creciente. Al mismo tiempo, Argentina comienza a incorporar sistemas de almacenamiento a gran escala para modernizar una red eléctrica que enfrenta importantes limitaciones de transporte.
Es justamente en esa convergencia entre energía y tecnología donde la disputa entre Estados Unidos y China encuentra un nuevo territorio.
Para Washington, el proveedor tecnológico puede convertirse en una cuestión de seguridad estratégica. Beijing sostiene, en cambio, que Estados Unidos utiliza ese argumento para frenar la expansión internacional de sus empresas y condicionar decisiones comerciales.
Hasta hace algunas semanas esa discusión parecía concentrada alrededor de una cooperativa neuquina.
Hoy el escenario es diferente.
Huawei ya tiene adjudicado equipamiento para infraestructura energética en Buenos Aires mientras mantiene abiertas oportunidades comerciales y tecnológicas en otras regiones del país.
La pregunta que empieza a aparecer detrás de estos movimientos es mucho más amplia que el conflicto particular con CALF: hasta dónde llegará la presión de Estados Unidos para limitar la presencia de Huawei en la infraestructura energética argentina y qué posición adoptarán provincias, empresas y organismos públicos cuando tengan que elegir quién proveerá la tecnología que acompañará el crecimiento energético de las próximas décadas.





