San Juan licitó la recuperación de 28 kilómetros de la Ruta Nacional 40 Norte, un corredor estratégico para su desarrollo minero. La decisión se suma a una tendencia que también empieza a consolidarse en Neuquén y Río Negro: ante rutas que necesitan inversiones, las provincias buscan transformar parte de los recursos generados por petróleo, gas y minería en infraestructura para sostener el crecimiento productivo.
El mapa de la infraestructura vial argentina comienza a mostrar una transformación. Frente al deterioro de corredores estratégicos y a una inversión nacional que las provincias consideran insuficiente para atender las necesidades de sus territorios, algunos gobiernos provinciales están avanzando con recursos, acuerdos y mecanismos propios para recuperar rutas fundamentales para sus economías.
Ahora se suma San Juan. El Gobierno provincial llamó a licitación para ejecutar la primera etapa de recuperación de la Ruta Nacional 40 Norte, con una intervención de aproximadamente 28 kilómetros entre Tucunuco y San Roque, en el departamento Jáchal.
La obra forma parte del Plan de Conservación y Mejoramiento de la Red Vial de San Juan y se realizará en el marco de un convenio firmado entre la Provincia y la Dirección Nacional de Vialidad. El corredor continuará formando parte de la red nacional, pero San Juan asumirá un rol directo en su recuperación.
La intervención cuenta con un presupuesto oficial de $26.103,06 millones, calculado a valores de septiembre de 2026, y un plazo de ejecución de 540 días corridos. Incluye reconstrucción y repavimentación de sectores deteriorados, ampliación de la calzada, nuevas banquinas, mejoras en drenajes, señalización y sistemas de seguridad vial.
Actualmente, el tramo presenta un ancho promedio de 6,30 metros. Una vez finalizados los trabajos alcanzará los 7,30 metros, manteniendo un carril por sentido. También se ejecutarán banquinas de tres metros a cada lado, con un metro pavimentado.
Pero la importancia de la decisión excede ampliamente esos 28 kilómetros.
Minería para financiar infraestructura
En San Juan, la recuperación de la Ruta 40 Norte se vincula con una estrategia más amplia para que el crecimiento de la minería genere recursos destinados a infraestructura.
La provincia alcanzó este año un acuerdo con Vicuña, uno de los principales desarrollos de cobre, oro y plata de la cordillera sanjuanina, que contempla un aporte anticipado de US$250 millones destinado a obras de infraestructura pública. El convenio fue posteriormente aprobado por la Cámara de Diputados provincial.
El mecanismo introduce un concepto que empieza a repetirse en las principales provincias productoras del país: aprovechar la expansión de las actividades extractivas no solamente como fuente de regalías, empleo o exportaciones, sino también como herramienta para acelerar infraestructura que de otra manera tardaría años en concretarse.
Y en ese punto, el caso sanjuanino encuentra un paralelismo directo con Neuquén.
Neuquén ya aplica esa lógica en Vaca Muerta
El Gobierno neuquino viene avanzando sobre un modelo similar, aunque aplicado al crecimiento hidrocarburífero de Vaca Muerta.
A comienzos de septiembre, Neuquén firmó un acuerdo con 13 operadoras petroleras para prefinanciar obras sobre aproximadamente 160 kilómetros de rutas provinciales, con un monto inicial de hasta US$154,5 millones. Ese techo puede ampliarse hasta un 15%, llevando el esquema hasta aproximadamente US$177,68 millones.
El mecanismo tiene una particularidad importante.
No se trata de una donación ni de un aporte extraordinario de las compañías. Las empresas adelantan recursos que posteriormente podrán imputar a obligaciones económicas que igualmente deberían afrontar ante la Provincia, como regalías hidrocarburíferas, cánones extraordinarios de producción y peajes vinculados con el uso de la infraestructura vial provincial.
En otras palabras, Neuquén busca convertir ingresos futuros de Vaca Muerta en rutas hoy.
El dinero permitirá avanzar sobre corredores estratégicos como las rutas provinciales 8, 51 y 7, fundamentales para la logística de la formación no convencional.
La lógica es sencilla: si el crecimiento extraordinario de la producción aumenta la utilización y el desgaste de la infraestructura, una parte de los recursos que esa misma actividad genera se adelanta para ampliar y mejorar los corredores que necesita para seguir creciendo.
San Juan comienza a recorrer un camino comparable desde la minería.
Río Negro suma su propio modelo
Río Negro también empezó a construir un esquema semejante. La Provincia acordó con Nación asumir progresivamente la gestión de sectores de las rutas nacionales 22 y 151, dos corredores especialmente afectados por el crecimiento del tránsito regional y por la expansión logística asociada a Vaca Muerta.
Y esta semana dio otro paso clave: la Legislatura aprobó el acuerdo con Oldelval por el proyecto Duplicar Norte, que establece que el Aporte al Desarrollo Territorial de US$4,64 millones que recibirá Río Negro tendrá como destino exclusivo el inicio de las obras de reparación y mantenimiento de ambas rutas. El Gobierno provincial estima ese ingreso en aproximadamente $7.000 millones.
Se trata de recursos directamente vinculados a una nueva inversión petrolera.
Duplicar Norte contempla un oleoducto de aproximadamente 207 kilómetros, de los cuales unos 146 atravesarán territorio rionegrino. Como parte del acuerdo para desarrollar la obra, Oldelval realizará ese aporte específico, que no podrá utilizarse para gastos corrientes.
Además, Río Negro trabaja con FONPLATA en un financiamiento mucho mayor, de alrededor de US$60 millones, destinado a recuperar sectores críticos de las rutas 22 y 151.
Así aparece un tercer modelo dentro del mismo fenómeno.
Neuquén anticipa regalías, cánones y peajes de Vaca Muerta para construir rutas. Río Negro destina un aporte generado por una nueva inversión petrolera a recuperar las rutas 22 y 151. Y San Juan busca transformar recursos asociados al crecimiento minero en infraestructura pública.
Las herramientas son distintas, pero el objetivo territorial es parecido.
Las rutas que necesita la nueva escala productiva
La Ruta 40 Norte es especialmente relevante para San Juan porque articula la conexión hacia Jáchal, Iglesia y Calingasta, los departamentos donde se concentra buena parte de los grandes proyectos mineros de cobre, oro y plata.
Solamente en el tramo Tucunuco-San Roque se registró durante 2025 un promedio de 831 vehículos diarios, y las previsiones incorporadas al proyecto anticipan una mayor circulación a medida que aumente el movimiento de camiones, maquinaria, trabajadores, insumos y proveedores vinculados con la actividad minera.
Es un problema que Neuquén conoce bien. El crecimiento de Vaca Muerta llevó la producción a una escala que exige mucho más que perforar pozos. Requiere oleoductos, gasoductos, energía eléctrica, viviendas, servicios y, especialmente, rutas capaces de soportar un tránsito pesado que crece al ritmo de la actividad.
Río Negro está comenzando a atravesar el mismo proceso.
Duplicar Norte, VMOS y los proyectos de exportación de petróleo y GNL aumentarán progresivamente la circulación logística sobre distintos corredores provinciales y nacionales. Por eso la situación de las rutas 22 y 151 pasó de ser solamente un problema vial a convertirse también en una cuestión estratégica para el desarrollo energético.
Del recurso natural a la infraestructura
Detrás de las decisiones de San Juan, Neuquén y Río Negro aparece una discusión más profunda.
Durante décadas, el debate sobre petróleo, gas y minería se concentró principalmente en regalías, impuestos, exportaciones y empleo. La nueva escala de inversiones comienza a incorporar otro interrogante: cuánto de la riqueza generada por los grandes proyectos puede transformarse en infraestructura permanente para los territorios donde esa actividad se desarrolla.
Las tres provincias están ensayando respuestas diferentes.
No significa que las rutas nacionales hayan dejado de ser responsabilidad de Nación. En los casos donde existen convenios de transferencia operativa o intervención provincial, la jurisdicción nacional puede mantenerse y las atribuciones deben ajustarse a cada acuerdo.
Pero en la práctica aparece una tendencia difícil de ignorar: las provincias productoras están buscando sus propios mecanismos para acelerar las obras que consideran indispensables y empiezan a utilizar para ello los recursos generados por su nueva matriz productiva.
Sa n Juan suma ahora la Ruta 40 Norte, Neuquén ya lo hace con Vaca Muerta y Río Negro acaba de decidir que una parte de los recursos que deja la expansión petrolera vaya directamente a las rutas 22 y 151.
El petróleo, el gas y la minería comienzan así a mostrar otra dimensión de su impacto territorial: además de producir y exportar recursos, empiezan a convertirse en una fuente concreta para financiar las rutas que necesitará la próxima etapa del desarrollo.





