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Río Negro también es Vaca Muerta: la alianza política que fortalece el futuro energético de la Norpatagonia

Nicolás Muñoz

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agosto 3, 2026
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Javier Milei destacó el crecimiento de la Patagonia y proyectó que Río Negro y Neuquén serán provincias “increíblemente prósperas”. La coincidencia estratégica entre el Presidente, Alberto Weretilneck y Rolando Figueroa, respaldada por un amplio consenso político regional, consolida un bloque norpatagónico decisivo para transformar los recursos de Vaca Muerta en producción, infraestructura, exportaciones y desarrollo.

La expansión de Vaca Muerta está configurando una nueva realidad económica y política en la Norpatagonia. El desarrollo ya no puede ser interpretado únicamente desde Neuquén, donde se concentra la mayor parte de la producción no convencional, porque su crecimiento depende cada vez más de la integración con Río Negro, de la infraestructura construida en ambas provincias y de una coordinación sostenida con el Gobierno nacional.

En ese escenario comienza a adquirir mayor fuerza una definición que excede cualquier consigna provincial: Río Negro también es Vaca Muerta.

Lo es por su participación dentro de la formación geológica, por las áreas hidrocarburíferas que se desarrollan en su territorio y, principalmente, por el lugar estratégico que ocupará en la evacuación, el almacenamiento, la industrialización y la exportación de la producción energética de la Cuenca Neuquina.

Esta integración recibió un respaldo explícito del presidente Javier Milei. En una entrevista exclusiva con Diario RÍO NEGRO, el mandatario afirmó que la Patagonia es actualmente “por lejos la región del país que más inversión recibe y más crece” y proyectó que, si se mantiene el rumbo actual, “en 10 años Neuquén y Río Negro serán increíblemente prósperas”.

Milei también destacó su relación con los gobernadores Alberto Weretilneck y Rolando Figueroa. “Los gobernadores comprenden este proceso y por eso han apoyado muchas de estas reformas”, señaló al referirse a la agenda legislativa y económica impulsada por la Nación para atraer inversiones y destrabar el potencial productivo patagónico.

Las palabras presidenciales ponen en valor una coincidencia política que se fue consolidando desde el comienzo de las actuales gestiones. Milei, Weretilneck y Figueroa provienen de espacios diferentes y conservan posiciones propias sobre distintos asuntos nacionales, pero encontraron una sintonía concreta alrededor del desarrollo energético, la necesidad de asegurar inversiones y la importancia de construir infraestructura para llevar la producción patagónica hacia los mercados internacionales.

No se trata necesariamente de una alianza electoral ni de una adhesión automática de las provincias a todas las decisiones nacionales. Es una articulación institucional basada en intereses comunes y en una lectura compartida sobre la oportunidad histórica que tiene la región.

El Gobierno nacional necesita que la energía y la minería se conviertan en fuentes permanentes de inversiones, exportaciones y divisas. Neuquén requiere ampliar la capacidad para transportar la creciente producción de Vaca Muerta. Río Negro busca ocupar un lugar central dentro de esa nueva cadena económica, aprovechando su territorio, su producción, su infraestructura y su acceso al océano Atlántico.

Esa convergencia permitió que proyectos de una escala inédita avanzaran con respaldo de la Nación y de las provincias. El oleoducto Vaca Muerta Oil Sur es la expresión más clara: transportará petróleo producido principalmente en Neuquén, atravesará territorio rionegrino y llegará hasta Punta Colorada, donde se construye la terminal que permitirá realizar exportaciones desde la costa rionegrina.

La misma integración se observa en los proyectos de gas natural licuado que prevén utilizar el Golfo San Matías como plataforma exportadora. En ambos casos, Neuquén aporta el corazón productivo de Vaca Muerta, mientras Río Negro se consolida como una provincia productora, logística, industrial y marítima indispensable para el crecimiento de la cuenca.

Reducir el papel rionegrino al de una simple zona de paso implicaría desconocer la dimensión de la transformación en marcha. Río Negro aporta la salida al mar, recibe las principales obras de evacuación y almacenamiento, ofrece condiciones para el desarrollo de proveedores y comienza a preparar sus localidades para una nueva etapa de actividad industrial y de servicios.

La unión entre ambas provincias también quedó reflejada en las recientes declaraciones de Figueroa durante una actividad compartida con Weretilneck en Bariloche. Al referirse al futuro del gas patagónico, el gobernador neuquino sostuvo: “Estamos pensando en llevar gas al mundo, pero primero es importante llevar el gas a rionegrinos y neuquinos en cada uno de los rincones de nuestras provincias”.

La definición resume una visión regional: las exportaciones son fundamentales para ampliar la producción y generar divisas, pero el desarrollo energético también debe mejorar la calidad de vida de las comunidades ubicadas sobre el territorio donde se encuentran los recursos y se ejecutan las grandes inversiones.

Figueroa y Weretilneck vienen construyendo una agenda conjunta que trasciende los hidrocarburos. Los gobiernos acordaron trabajar en infraestructura, capacitación, fortalecimiento de proveedores y promoción de otras cadenas productivas, bajo la premisa de que la riqueza generada por Vaca Muerta debe contribuir a diversificar la economía de la Norpatagonia.

En junio, ambas administraciones presentaron una agenda común para potenciar el desarrollo productivo regional. Allí remarcaron que el crecimiento de Vaca Muerta no solo puede aumentar las exportaciones energéticas, sino también generar recursos para fortalecer la fruticultura, la ganadería, la acuicultura y otras actividades tradicionales de Río Negro y Neuquén.

Esa construcción conjunta permite hablar de una alianza estratégica genuina. Neuquén y Río Negro no necesitan competir por el protagonismo de Vaca Muerta, porque cumplen funciones diferentes y complementarias dentro del mismo sistema.

Neuquén posee el mayor nivel de producción y concentra una cadena hidrocarburífera desarrollada durante décadas. Río Negro suma recursos propios, superficie operativa, rutas, ductos, servicios, acceso marítimo y el territorio donde se emplazará una parte determinante de la infraestructura exportadora.

El gobernador Weretilneck sintetizó esa proyección al señalar que las dos provincias están conformando uno de los principales centros exportadores de energía de América Latina y que, por primera vez, la riqueza patagónica podrá salir al mundo atravesando territorio y mar patagónicos.

La mirada fue acompañada por el exgobernador neuquino Jorge Sapag, uno de los dirigentes que participó en las primeras etapas de consolidación de Vaca Muerta. Sapag puso el foco en la necesidad de preservar una alianza sólida entre Neuquén y Río Negro y sostuvo que las dos provincias conforman actualmente un bloque patagónico capaz de fortalecer la administración de sus recursos naturales y defender los intereses regionales frente a los debates nacionales.

La importancia de esa unidad no se limita a los proyectos energéticos. Neuquén y Río Negro comparten cuencas hídricas, parques nacionales, corredores económicos, infraestructura, mercados laborales y desafíos ambientales. Frente a las discusiones legislativas sobre el manejo de los recursos y el futuro régimen de tierras, una posición coordinada les permite contar con mayor capacidad de negociación ante la Nación.

Sapag también advirtió que la expansión de la actividad debe llevarse adelante de manera responsable. El cuidado del aire, la tierra y el agua debe ocupar un lugar central dentro de la planificación, acompañado por políticas de reforestación y mitigación capaces de compensar la huella ambiental generada por la industria.

Aunque Argentina representa menos del 1% de las emisiones globales de dióxido de carbono, esa participación relativamente baja no exime a las provincias productoras de establecer controles, exigir estándares y planificar medidas que garanticen la sostenibilidad de los proyectos.

El desarrollo de Vaca Muerta necesita inversiones, pero también licencia social, protección ambiental y una distribución tangible de sus beneficios. La actividad solo podrá sostenerse en el tiempo si las comunidades perciben que el crecimiento se traduce en empleo, servicios, infraestructura y mejores condiciones de vida.

En este punto adquiere relevancia otro de los activos construidos en la región: el amplio consenso político existente alrededor del desarrollo energético.

Vaca Muerta atravesó administraciones nacionales y provinciales de diferentes orientaciones. Las primeras decisiones, los acuerdos con las empresas, las concesiones, las regulaciones, los incentivos y las grandes obras fueron impulsados durante distintos gobiernos. Esa continuidad permitió que la formación pasara de ser una promesa geológica a convertirse en el principal motor de crecimiento de la producción argentina.

Actualmente pueden existir diferencias sobre el régimen fiscal, la participación del Estado, la distribución de la renta, las condiciones laborales o los controles ambientales. Sin embargo, las principales fuerzas políticas coinciden en que la producción debe crecer, que resulta necesario ampliar la infraestructura y que las exportaciones energéticas representan una oportunidad estratégica para el país.

La coincidencia entre Milei, Weretilneck y Figueroa expresa con claridad ese consenso. La Nación promueve condiciones macroeconómicas y normativas para las inversiones; Neuquén aporta la mayor producción de la cuenca; y Río Negro ofrece recursos, territorio, infraestructura y salida al Atlántico.

Esta sintonía, sostenida desde el inicio de las actuales gestiones, constituye un activo que debe ser preservado. Los proyectos energéticos tienen plazos que superan los calendarios electorales y necesitan previsibilidad, reglas estables y coordinación entre las distintas jurisdicciones.

Para Río Negro, el desafío será transformar su papel estratégico en desarrollo permanente. No alcanza con que los ductos atraviesen la provincia o con que los buques carguen petróleo frente a sus costas. La nueva infraestructura debe generar proveedores competitivos, empleo rionegrino, formación técnica, parques industriales, mejores rutas y oportunidades para las localidades vinculadas con los proyectos.

Poner en valor a Río Negro no significa desconocer que la mayor parte del petróleo que llegará a Punta Colorada se extrae actualmente en Neuquén. Significa comprender que, sin la integración territorial, logística, política y exportadora entre ambas provincias, Vaca Muerta no podría alcanzar la escala proyectada.

La formación dejó de ser exclusivamente una referencia neuquina para convertirse en el eje de un sistema productivo norpatagónico. Neuquén es su principal corazón productor y Río Negro es parte del recurso, corredor estratégico, plataforma industrial y puerta de salida al mundo.

Por eso, afirmar que Río Negro también es Vaca Muerta no responde a una disputa por la pertenencia del recurso. Es el reconocimiento de una realidad económica que comienza a consolidarse y de una alianza política que puede transformar a toda la región.

La coincidencia entre Milei, Weretilneck y Figueroa, sumada al respaldo de dirigentes de distintos espacios, ofrece una oportunidad poco frecuente. Si esa unidad se mantiene, si las inversiones se administran con responsabilidad y si la riqueza energética llega efectivamente a las comunidades, Río Negro y Neuquén podrán convertirse en el motor que ayude a cambiar el futuro económico de la Argentina.

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