El préstamo sindicado fue estructurado por Citi, J.P. Morgan, Santander e Itaú bajo la modalidad Project Finance. Permitirá cubrir cerca del 70% de la inversión prevista para el ducto que abastecerá a los dos buques de licuefacción de Southern Energy en el Golfo San Matías.
San Matías Pipeline dio uno de los pasos financieros más importantes desde el lanzamiento del proyecto que conectará Vaca Muerta con el sistema de exportación de Gas Natural Licuado previsto para la costa rionegrina. El consorcio anunció el cierre de un préstamo sindicado por US$ 900 millones, recursos que serán destinados a financiar la construcción del gasoducto dedicado que llegará hasta el Golfo San Matías.
La operación fue estructurada por Citi, J.P. Morgan, Santander e Itaú, mientras que también integran el sindicato financiero BBVA, Bladex, Barclays, ICBC y Bank of China. El crédito tendrá un plazo de siete años y contempla tres años de gracia.
El dato adquiere relevancia por la escala de la obra. San Matías Pipeline estima una inversión total de US$ 1.300 millones, por lo que el financiamiento obtenido representa alrededor del 69% de los recursos previstos. El monto restante será cubierto mediante aportes de capital de los accionistas del consorcio.
A diferencia de un préstamo corporativo convencional, la operación fue estructurada bajo la modalidad Project Finance. Esto implica que la estructura de repago se apoya principalmente en la capacidad del propio proyecto para generar ingresos. En este caso, el financiamiento está respaldado por los futuros flujos de fondos vinculados a contratos de transporte de gas de largo plazo.
El cierre financiero encuentra además al proyecto en una etapa de ejecución más avanzada. La obra ingresó al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) en junio de este año y cuenta con los estudios de impacto ambiental aprobados por las provincias de Neuquén y Río Negro.
San Matías Pipeline está integrado por Pan American Energy (30%), YPF (25%), Pampa Energía (20%), Harbour Energy (15%) y Golar LNG (10%), la misma composición accionaria de Southern Energy. Su función será transportar el gas natural producido en Vaca Muerta hasta el sistema que alimentará a las unidades flotantes de licuefacción instaladas frente a la costa rionegrina.
De acuerdo con la información difundida por el consorcio, el gasoducto tendrá 472 kilómetros de extensión, 36 pulgadas de diámetro y capacidad para transportar 27 millones de metros cúbicos de gas natural por día. Partirá desde Tratayén, en Neuquén, atravesará territorio rionegrino y llegará hasta el sistema de GNL de Southern Energy sobre la costa de Río Negro.
La construcción del ducto estará a cargo del consorcio integrado por SICIM y Víctor Contreras, mientras que OPS tendrá a su cargo la construcción de la Planta Compresora de Allen. Según el cronograma informado, las obras comenzaron en agosto de 2026 y su finalización está prevista para mediados de 2028.
El gasoducto constituye una pieza central del proyecto exportador de Southern Energy. El consorcio prevé instalar frente a la costa rionegrina dos unidades flotantes de licuefacción: el Hilli Episeyo, cuyo inicio de operaciones está previsto para 2027, y el Esperanza, anteriormente denominado MKII, proyectado para comenzar a operar en 2028.
Entre ambos buques tendrán una capacidad conjunta de producción de 6 millones de toneladas anuales de GNL, volumen que permitirá comenzar a insertar gas argentino en el mercado internacional desde el Golfo San Matías.
La dimensión económica del proyecto también refleja la escala de la apuesta. Southern Energy prevé inversiones superiores a US$ 15.000 millones a lo largo de 20 años y exportaciones por US$ 20.000 millones entre 2027 y 2035.
En este contexto, el cierre del préstamo por US$ 900 millones representa algo más que una operación financiera. Después de avanzar con el RIGI, las autorizaciones ambientales, las contrataciones y el inicio del movimiento de materiales, San Matías Pipeline asegura ahora una porción sustancial de los fondos necesarios para convertir el proyecto en infraestructura concreta.
Para Río Negro, el avance tiene además una fuerte dimensión territorial. El gasoducto atravesará buena parte de la provincia antes de llegar a la costa, con infraestructura asociada en puntos estratégicos como Allen y con el sistema de exportación concentrado en el Golfo San Matías.
Será justamente en esa cadena —obra, proveedores, empleo, logística y servicios— donde comenzará a medirse cuánto de una inversión de esta magnitud logra traducirse en actividad económica y oportunidades concretas para las empresas y los trabajadores rionegrinos.





