La petrolera registró durante el segundo trimestre de 2026 el EBITDA ajustado más alto de su historia. La producción de shale oil creció 47% interanual, el 77% de las inversiones se concentró en actividad no convencional y el VMOS superó el 77% de avance. La compañía proyecta alcanzar los 250.000 barriles diarios de petróleo shale hacia fines de año.
YPF cerró el segundo trimestre de 2026 con resultados históricos y volvió a mostrar hasta qué punto Vaca Muerta se convirtió en el principal motor de su transformación productiva. La compañía informó un EBITDA ajustado de US$2.804 millones, el nivel trimestral más alto registrado en su historia, acompañado por un margen del 43% sobre los ingresos, también el mejor de los últimos 20 años.
La utilidad neta alcanzó los US$1.205 millones, convirtiéndose en la segunda más alta de la historia de la petrolera. El récord continúa correspondiendo al tercer trimestre de 2025.
De acuerdo con la información presentada por YPF, el EBITDA aumentó 150% en términos interanuales, impulsado por una combinación de mayor producción de hidrocarburos no convencionales, reducción de los costos de extracción, récords de procesamiento en las refinerías, mejoras de eficiencia operativa y una dinámica favorable de precios.
Uno de los datos centrales del trimestre volvió a estar en Vaca Muerta. La producción de petróleo shale promedió 213.000 barriles diarios, lo que representó un crecimiento del 47% respecto del mismo período del año pasado.
La compañía espera profundizar esa expansión durante los próximos meses y alcanzar una producción de aproximadamente 250.000 barriles diarios de shale oil hacia fines de 2026. De concretarse esa meta, implicaría agregar otros 37.000 barriles diarios respecto del promedio registrado durante el segundo trimestre.
La apuesta por el no convencional también quedó reflejada en el destino del capital. Durante abril, mayo y junio, YPF realizó inversiones por US$1.340 millones, un 16% superiores a las del mismo período de 2025. Del total, el 77% se destinó a actividad no convencional, principalmente en Vaca Muerta.
La petrolera anticipó además que espera una aceleración de las inversiones durante la segunda mitad del año para acompañar el incremento previsto de la producción.
Dentro de esa estrategia aparece el proyecto Loma La Lata Oil, presentado en mayo ante el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Según informó YPF, contempla una inversión de US$25.000 millones, lo que lo convierte en el proyecto de mayor magnitud presentado hasta ahora bajo ese régimen.
La transformación de la compañía no se limita al crecimiento de los yacimientos. YPF también continúa desprendiéndose de activos convencionales considerados no estratégicos para concentrar progresivamente sus recursos en Vaca Muerta.
En ese marco, el 6 de agosto acordó la venta de dos grupos de áreas convencionales ubicadas en Mendoza por aproximadamente US$400 millones. La compañía sostiene que, una vez completadas esas operaciones, avanzará hacia una estructura en la que alrededor del 95% de su producción estará vinculada a Vaca Muerta, acercándose al objetivo definido dentro del Plan 4×4 de convertirse en una petrolera integrada enfocada esencialmente en recursos no convencionales.
Ese crecimiento requiere, al mismo tiempo, ampliar fuertemente la infraestructura disponible para transportar y exportar el petróleo neuquino. Allí cobra especial relevancia para Río Negro el Vaca Muerta Oil Sur (VMOS).
YPF confirmó en su balance trimestral que el oleoducto y la terminal de exportación superaban el 77% de ejecución al cierre de junio de 2026. La compañía mantiene la expectativa de comenzar las operaciones de exportación de petróleo a principios de 2027.
El proyecto permitirá vincular la producción de Vaca Muerta con la terminal marítima que se construye en Punta Colorada, sobre la costa rionegrina, convirtiendo a Río Negro en uno de los puntos centrales de la nueva plataforma exportadora de petróleo de la Argentina.
Los resultados positivos también se extendieron al negocio de refinación. Las instalaciones de YPF procesaron durante el trimestre un promedio récord de 351.000 barriles diarios, con una utilización informada del 104% de su capacidad.
Ese nivel de procesamiento permitió alcanzar máximos históricos en producción de naftas y gasoil, disminuir necesidades de importación, abastecer a refinadores locales y generar excedentes para exportación hacia otros mercados regionales.
Al mismo tiempo, las ventas de naftas y gasoil aumentaron 10% interanual en volumen, mientras YPF alcanzó una participación del 59% del mercado argentino de combustibles durante el trimestre.
La petrolera señaló además que durante el período aplicó un esquema temporal de amortiguación —o buffer— sobre los precios de naftas y gasoil, por lo que no trasladó completamente a los surtidores la suba registrada en los precios internacionales.
Otro indicador destacado apareció en la generación de efectivo. YPF registró un flujo de caja libre de US$824 millones, el tercero más alto de su historia. Ese resultado incluye un efecto extraordinario relacionado con la compra de activos de Equinor en Vaca Muerta.
Según la compañía, si se excluyera ese efecto, la generación de caja del trimestre habría alcanzado aproximadamente US$1.000 millones.
El desempeño permitió cerrar junio con una liquidez cercana a los US$2.500 millones, récord histórico para YPF, y reducir el ratio de endeudamiento neto hasta 1,09 veces, el menor nivel registrado por la empresa durante los últimos 11 años.
Los números del segundo trimestre muestran así una compañía que avanza aceleradamente hacia un modelo diferente al que sostuvo durante décadas su operación. La venta de campos convencionales, la concentración de las inversiones en Vaca Muerta, el crecimiento del shale oil y la construcción de infraestructura exportadora forman parte de una misma estrategia.
Y en esa transformación, el próximo salto ya no depende exclusivamente de cuánto petróleo pueda producir YPF debajo de la formación neuquina, sino también de cuánto pueda transportar y colocar en el mercado internacional. Por eso, el avance del VMOS y de la terminal de exportación sobre la costa rionegrina adquiere un peso cada vez mayor dentro de la estrategia de crecimiento de la principal petrolera argentina.





