La provincia busca poner en valor los depósitos de Dolavon para abastecer a la industria del shale. La distancia aparece como uno de sus argumentos: el material chubutense debe recorrer alrededor de 850 a 900 kilómetros hasta el área neuquina, frente a los cerca de 1.200 a 1.300 kilómetros de las arenas de Entre Ríos. Río Negro cuenta con una ventaja logística mucho mayor y Neuquén acaba de comenzar a probar sus propios recursos en los pozos.
La carrera por abastecer de arena a Vaca Muerta empieza a configurar un mapa cada vez más amplio. A los proveedores tradicionales de Entre Ríos y Río Negro se suman iniciativas dentro de la propia provincia de Neuquén y ahora Chubut busca darle mayor escala a los recursos disponibles en la zona de Dolavon.
El planteo chubutense volvió a tomar impulso a partir de una iniciativa del diputado nacional Juan Pablo Luque, quien solicitó asistencia técnica al Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR) para analizar los depósitos provinciales y avanzar sobre su actual clasificación.
El objetivo es que Chubut pueda transformar un recurso que ya tiene antecedentes productivos en una alternativa de mayor escala para una industria que demandará cada vez más arena a medida que aumenten las perforaciones y las etapas de fractura en Vaca Muerta.
Luque sostiene que los depósitos chubutenses reúnen características que permitirían utilizarlos como agente sostén en operaciones de fractura hidráulica y que su desarrollo podría generar actividad no solamente en la extracción, sino también en procesamiento, transporte y servicios asociados.
La discusión aparece en momentos en que la arena se transformó en uno de los insumos estratégicos del shale argentino.
Cada pozo no convencional puede requerir entre 11.000 y 15.000 toneladas de arena, según información oficial de la provincia de Neuquén, por lo que el crecimiento de la actividad implica movilizar millones de toneladas todos los años.
En 2024, el consumo de Vaca Muerta se ubicó alrededor de los 4 millones de toneladas, mientras que la demanda continuó aumentando al ritmo de la actividad de fractura.
Un mercado que ya tiene varios orígenes
Durante buena parte del desarrollo de Vaca Muerta, las arenas silíceas utilizadas por las operadoras llegaron principalmente desde otras regiones del país.
Entre Ríos construyó una posición relevante gracias a la calidad de sus arenas, especialmente las provenientes del sur provincial, pero con una fuerte desventaja logística: el material debe recorrer aproximadamente 1.200 a 1.300 kilómetros hasta el núcleo productivo de Vaca Muerta.
Ese recorrido obliga a sostener una enorme estructura de transporte terrestre y convierte al flete en una parte central del costo final del producto puesto en locación.
Río Negro logró insertarse en ese mercado con una ventaja diferente: la proximidad.
Las canteras ubicadas en el norte de la provincia se encuentran mucho más cerca de las principales áreas de actividad. En algunos corredores, el recorrido hasta Añelo ronda los 140 kilómetros, aunque la distancia exacta depende de la cantera y del destino final.
Esa cercanía permitió que Río Negro ganara participación dentro del abastecimiento y generó además nuevos proyectos de infraestructura orientados específicamente a mejorar la logística de la arena hacia Vaca Muerta.
Chubut se ubica en una situación intermedia: Desde Dolavon hasta la zona de Neuquén y Añelo, el recorrido terrestre ronda aproximadamente los 850 a 900 kilómetros. Es decir, una distancia sensiblemente inferior a la que debe recorrer la arena proveniente de Entre Ríos, pero todavía muy superior a la que pueden ofrecer los depósitos rionegrinos más próximos.
En términos generales, el mapa logístico puede sintetizarse de esta manera:
Entre Ríos – Vaca Muerta: aproximadamente 1.200/1.300 kilómetros.
Dolavon, Chubut – área de Vaca Muerta: aproximadamente 850/900 kilómetros.
Canteras del norte de Río Negro – Añelo: en algunos casos, alrededor de 140 kilómetros.
Las distancias no son uniformes para toda una provincia ni para todas las locaciones petroleras, pero muestran con claridad por qué la procedencia de la arena se convirtió en una variable económica de primer orden.
Neuquén también quiere producir su propia arena
A este escenario se suma un movimiento que puede modificar todavía más el mercado: Neuquén comenzó a probar arenas extraídas dentro de la propia provincia.
En mayo de este año, el Gobierno neuquino confirmó que, por primera vez desde el desarrollo de Vaca Muerta, se realizaron pruebas de fractura hidráulica utilizando arenas silíceas locales.
YPF realizó ensayos combinando material neuquino con arenas de otras provincias, mientras que Vista avanzó con pruebas más sostenidas a partir de una cantera propia y con procesamiento en instalaciones ubicadas en Bajada del Palo.
Por ahora, sin embargo, se trata de una producción incipiente.
La información oficial indica que el volumen extraído en Neuquén se encuentra por debajo de las 20.000 toneladas mensuales, mientras continúan los análisis para determinar variables esenciales como resistencia, redondez y desempeño del material durante las fracturas.
La empresa estatal Cormine también avanza con estudios técnicos sobre una cantera ubicada en cercanías de las áreas productivas.
Esto significa que Neuquén todavía no reemplaza a los grandes proveedores externos, pero incorpora una variable que puede resultar decisiva en el futuro: disponer del agente sostén prácticamente dentro del mismo territorio donde se realizan las fracturas.
La provincia incluso impulsa una Mesa Interprovincial de la Arena, con participación de actores de Entre Ríos, Río Negro, Chubut y Neuquén, con el objetivo de ordenar un mercado cuya dimensión seguirá creciendo.
Chubut ya tiene antecedentes, pero busca otra escala
En este contexto, el planteo de Chubut no parte desde cero.
La provincia tiene antecedentes de extracción y procesamiento de arenas silíceas y una participación todavía reducida dentro del abastecimiento de Vaca Muerta. Funcionarios neuquinos ya reconocían en 2025 que parte del material utilizado en el shale llegaba desde Entre Ríos, Río Negro y también Chubut.
Lo que busca ahora la iniciativa impulsada desde Dolavon es llevar esa participación a una escala industrial mucho mayor.
Según Luque, los depósitos chubutenses cuentan con alto contenido de cuarzo y existen recursos que fueron evaluados bajo estándares internacionales. El diputado considera que la provincia podría aprovechar la menor distancia respecto de Entre Ríos para ganar una parte del mercado.
El desafío es que la distancia, aunque importante, no define por sí sola la competitividad de una arena.
No alcanza con estar más cerca
La arena que se utiliza en las fracturas hidráulicas cumple una función crítica.
Se inyecta junto con agua y otros aditivos dentro de las fracturas generadas artificialmente en la roca y debe mantenerlas abiertas bajo enormes presiones para permitir que posteriormente fluyan el petróleo y el gas.
Por esa razón, no cualquier arena puede utilizarse de la misma manera.
Las operadoras analizan variables como granulometría, redondez, esfericidad, presencia de finos, solubilidad, composición mineralógica y resistencia al aplastamiento.
La calidad condiciona la conductividad de la fractura y, en consecuencia, puede terminar influyendo sobre la productividad del pozo.
Por eso Entre Ríos logró mantener una participación importante pese a recorrer más de 1.200 kilómetros: una arena con mejores propiedades puede justificar un costo logístico más elevado si ofrece mayor rendimiento dentro de la formación.
Río Negro plantea la ecuación inversa: arenas regionales con una ventaja logística extraordinaria.
Neuquén busca llevar esa lógica todavía más lejos mediante recursos ubicados prácticamente dentro del propio núcleo productivo.
Y Chubut intenta ahora encontrar su lugar entre ambos extremos.
La Patagonia suma opciones
La disputa por la arena de Vaca Muerta ya no puede reducirse a una competencia entre el Litoral y una única alternativa patagónica.
El mercado comienza a mostrar varios polos.
Entre Ríos mantiene una posición fuerte por calidad y experiencia.
Río Negro consolidó participación gracias a la cercanía de sus depósitos y a una logística mucho más corta.
Neuquén acaba de comenzar las primeras pruebas operativas con sus propios recursos y busca comprobar si puede producir arena apta dentro de la misma provincia.
Y Chubut, que ya tiene antecedentes de abastecimiento en menor escala, quiere transformar los depósitos de Dolavon en un jugador más relevante.
Para la industria, la competencia será cada vez menos una discusión sobre el origen geográfico de la arena y cada vez más una ecuación que combine calidad, disponibilidad, escala, procesamiento, distancia y costo puesto en pozo.
Si Chubut logra demostrar que sus recursos responden técnicamente a las exigencias de las operadoras y consigue desarrollar capacidad suficiente para abastecer grandes volúmenes, la Patagonia podría consolidar un nuevo polo proveedor.
El negocio de la arena empieza así a convertirse en otra consecuencia directa del crecimiento de Vaca Muerta: una actividad minera y logística que se expande mucho más allá de los pozos y que puede generar nuevas cadenas productivas en distintas provincias argentinas.





